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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Cómo nació Carlitos?

Durante cinco décadas constituyó una especie de radiografía de las neurosis y los temores del norteamericano medio. Acompañado de un agudo can que soñaba con ser el barón rojo y pilotar Fokkers, y de un elenco de amigos que reunían casi lo mejor y lo peor de la condición humana, Charlie Brown - Carlitos - cumpliría cincuenta años para anunciar inmediatamente su jubilación. Pero ¿cómo nació tan peculiar personaje?

Charles Monroe Schulz nació en 1922 en Minneapolis, Minnesota. Al igual que tantos niños que se han animado con los tebeos soñó con la idea de poder llegar a ser algún día un dibujante que ocasionara a los demás la alegría que él recibía al leer las tiras cómicas. La diferencia entre el pequeño Charles y los demás niños es que él no abandonó los sueños infantiles sino que los convirtió en realidad. Tras estudiar el bachillerato, decidió consagrarse al dibujo pero su familia carecía de medios para proporcionarle la debida educación de modo que Charles se matriculó como pudo en un curso de dibujo por correspondencia. Sería la única formación artística formal que recibiría a lo largo de toda su vida.

Sin embargo, el talento como tantas veces se impuso a cualquier otra consideración. Charles Schulz comenzó de manera inmediata a crear una serie de caricaturas que ya estaban muy impregnadas por un estilo acentuadamente personal. Consiguió venderlas al Saint Paul Pioneer Press y en 1948, el Saturday Evening Post se atrevió a publicar algunos de sus trabajos. Su gran éxito, sin embargo, se produciría dos años después cuando el United Features Syndicate compró unas tiras que Schulz había llamado inicialmente “Li’l Folks” (la gente de Lil) y comenzó a distribuirlas con un nombre cambiado, el de “Peanuts”, una palabra inglesa que, literalmente, significa cacahuetes pero que también se aplica para indicar insignificancias o menudencias.

En teoría, las aventuras de su protagonista, un niño llamado Charlie (como su creador) Brown - Carlitos en el mundo hispano - eran eso, meras menudencias. En la realidad no tardaron en convertirse en una reflexión dotada de una especial agudeza del mundo en que vivía Schulz. Partiendo de un grupo de niños, Charles Schulz pretendía - y, ciertamente, lo consiguió - dibujar una realidad totalmente de adultos en la que el temor al fracaso, la sensación de estar incomprendido, la necesidad de apoyo emocional, la ambición o el mero perfeccionismo artístico ocupaban un lugar esencial. No pretendían ser ni tiras cómicas con adultos para adultos ni de niños para niños. Más bien, eran una reflexión sobre el mundo de los adultos a través de personajes infantiles. Semejante combinación estaba llamada a lograr un éxito extraordinario ya que los personajes constituían verdaderos paradigmas en los que resultaba relativamente fácil reconocerse o reconocer a algún conocido.

Frente a la Lucy autoritaria - un reflejo sarcástico del matriarcado feminista norteamericano - se encontraban la despistada Paty, el atemorizado Linus y el Carlitos hambriento de afecto y rechazado casi siempre. Con toda la creación más famosa de Schulz sería el perro Snoopy, un animal que en buena medida se comportaba como un ser humano. Elegido “mascota del siglo” por los norteamericanos por delante de otros personajes de ficción como el ratón Mickey, el pato Donald o Rintintin, el popular perro ha terminado convirtiéndose en todo lo contrario de lo que hubiera deseado. Valiente e individualista, su sueño era ser el famoso Barón rojo, el as de la aviación alemana durante la Primera guerra mundial. Quizá por esa aristocracia de espíritu, Snoopy detestaba a los niños pijos que son precisamente los que lo han convertido en su emblema atreviéndose incluso a jurar en su nombre. Se trata de una de esas ironías de la historia de las que no pueden librarse ni siquiera los perros auténticamente geniales.

En buena medida la superioridad del perro sobre su amo vino determinada por la serie de dibujos animados extraída de las tiras cómicas de Schulz. Aunque se trataban de un reflejo considerablemente fiel del original, no se vieron libres de ciertas concesiones como incrementar el papel del animal o dar cabida a situaciones como la Navidad con final feliz. El resultado fue que se cumplió la inexorable ley de Hollywood que afirma que nunca se debe aparecer en pantalla a la vez que un perro, un niño, un negro o Charles Laughton y Carlitos se vio devorado popularmente por su animal de dudosa compañía.

Casi desde el principio, Carlitos fue cosechando premios. Apenas tenía cinco años cuando se hizo acreedor al premio Reuben que volvería a recibir en 1964. En 1985 - cuando ya era un talludo personaje de 35 años - se realizó una exposición itinerante a cargo del Museo Oakland, California, una experiencia que volvió a repetirse en 1990 en el Museo de Artes Decorativas de París. Se pensaba entonces que la tira cómica tenía los días contados pero a su creador le quedaba cuerda para rato.

La señal de parada vendría finalmente marcada por causas ajenas a su voluntad. En 1999, Charles Shulz, supo que padecía un cáncer y que no podría continuar con su habitual tira de Carlitos. En realidad, a sus 77 años, hacía tiempo que había rebasado la marca que él mismo se había impuesto años atrás, la de adentrarse en la década de los ochenta con su elenco de personajes. Aguantó lo que pudo en un deseo de responder al reto de llevar a Carlitos hasta su quincuagésimo cumpleaños y, como tantas otras metas anteriores, lo consiguió. La retirada final de Schulz iba a provocar comentarios elogiosos que irían de compañeros de trabajo como Patrick McDonnell - que había colaborado recientemente con él en Peanuts- de Golden Celebration – y del propio presidente Clinton.

En la última frase de su última viñeta, Schulz anunciaba que “desafortunadamente” ya no podría seguir dibujando una tira diaria y concluía afirmando: “Charlie Brown, Snoopy, Linus, Lucy… ¿cómo podré olvidaros nunca?”. La verdad es que tampoco nosotros podremos olvidarlos.

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