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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Cómo nació la república de Taiwán?

Parecía una escena arrancada de conflictos tan cercanos como los de Kampuchea, Bosnia o Kosovo. Los refugiados abandonaban por decenas de millares el país. En esta ocasión, el éxodo tenía la carga añadida de cruzar el mar para obtener el buscado refugio. Llegaron en todos los medios disponibles a su alcance. En barcazas, chalupas o simples balsas, huían del régimen comunista de China creado por Mao. Iban a fundar la “otra China”, la que recibiría el nombre de Taiwán pero ¿cómo se produjo su nacimiento?

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Aunque la historia parecía concluida en aquel mes de mayo de 1949, lo cierto es que había empezado mucho tiempo atrás y aún se prolongaría en el futuro. Su principal protagonista era un general chino nacido en Fenghua, provincia de Zhejiang, el 31 de octubre de 1887. Chiang Kai Shek había estudiado en su juventud en la Academia militar nacional de Baoding y en 1907 se trasladó a Tokio donde se matriculó en el Colegio del Estado Mayor del Ejército. Por esta época precisamente, Chiang conoció a Sun Yat-sen, un chino convertido al cristianismo que aspiraba a la democratización modernizadora de China. Por influjo de Sun Yat-sen, Chiang se afilió a la Liga Revolucionaria Unificada (Tongmeng hui), una organización secreta que sería precedente del partido nacionalista chino o Kuomintang.

Al producirse en 1911 la revolución en China, Chiang regresó a Shanghai y desempeñó un papel de cierta relevancia tanto en el derrocamiento del emperador —el jovencísimo Pu Yi popularizado en Occidente por la película de Bertolucci— como en el establecimiento de un régimen republicano. La revolución impulsada por el Kuomintang, sin embargo, no sólo no iba a proporcionar estabilidad a China sino que resultaría el preludio de un prolongado período de revueltas sociales.

En 1913, estalló una nueva revolución —la denominada segunda— y el país comenzó a verse fragmentado en feudos controlados por caudillos militares a los que se dio el nombre convencional de “señores de la guerra”. Fue precisamente durante estos años cuando la figura de Chiang comenzó a adquirir una cierta talla que se convirtió en internacional a partir de 1923. En esta fecha, Sun lo envió a la URSS a fin de que pudiera estudiar el ejército soviético. Al año siguiente, Chiang fue nombrado director de la Academia Militar de Huangpu. En 1925 se produjo la muerte de Sun lo que significó un importante factor añadido de inestabilidad. Chiang, que contaba siquiera en teoría con el poder militar, optó por proceder a eliminar a los diferentes jefes guerreros que habían dividido el país en zonas de control personal.

En 1926 dio inicio a la denominada “expedición hacia el norte” y en 1927 comenzó la guerra contra los comunistas. Basándose en una ideología conocida como “Nueva vida” —que enlazaba en realidad con las tradiciones confucionistas de las Lun Yu y otras obras— Chiang logró unificar China y, posiblemente, hubiera podido acabar con la amenaza comunista y llevar al país por el camino del progreso de no haberse producido en 1931 la invasión japonesa de Manchuria. Este acontecimiento llevó a Chiang a anteponer los intereses nacionales a los partidistas y a fraguar una alianza antijaponesa con los comunistas Mao Ze Dong y Zhou En Lai. Desde 1937 a 1945, año en que concluyó la Segunda guerra mundial, Chiang fue el verdadero talento militar detrás de la derrota japonesa en China.

Sin embargo, no se percató de la manera en que Mao lo estaba desgastando a la espera de conquistar el poder. Apenas los japoneses abandonaron China, los comunistas iniciaron una guerra civil en la que los intentos de mediación internacional —especialmente de Estados Unidos— resultaron inútiles. En 1947 las fuerzas de Mao contaban con la potencia suficiente como para desencadenar una ofensiva general que se tradujo en triunfos como los conseguidos en Henan y el norte de Hebei. Tras la derrota de Huaihai (1948-1949) la situación de Chiang se reveló punto menos que desesperada y cuando a principios de 1949 capituló el general Fu Zuoyi, jefe de la región de Pekín-Tianjin, la guerra pudo darse por perdida.

En teoría, la única salida era el exilio y la aceptación de la derrota. Sin embargo, Chiang había decidido seguir resistiendo de una manera activa y de esa tenacidad nacería directamente la república de Taiwán. En mayo de 1949, Chiang huyó a la isla de Formosa o Taiwán con la intención de seguir manteniendo la lucha contra el comunismo maoísta. Se trataba de un proyecto titánico si tenemos en cuenta su escasez de medios y la magnitud de los disfrutados por el adversario. Posiblemente, de no haber contado con la protección militar de Estados Unidos, Taiwán hubiera sido objeto de un desembarco comunista en 1950. Como en el caso de otras naciones divididas durante el período de la Guerra Fría —Alemania, Corea…— pronto quedó de manifiesto la diferencia de resultados conseguidos incluso con potencialidades tan desproporcionadas. Los estragos producidos por el gobierno de Mao en los años siguientes incluyeron la muerte de no menos de cien millones de personas —veinticinco de ellos durante la Revolución cultural de los años sesenta— mientras que, por el contrario, Taiwán comenzó a modernizar su agricultura e industria hasta el punto de convertirse en una nación muy competitiva en el área del comercio exterior.

Los últimos años de Chiang no estuvieron exentos de amargas decepciones ya que Japón y Estados Unidos, sus principales valedores en política internacional, lo fueron abandonando a fin de mejorar sus relaciones con el mercado de la República popular china. Tras una prolongada enfermedad, Chiang falleció el 5 de abril de 1975. Para entonces —y pese al creciente aislamiento internacional— la otra China seguía sin desaparecer y aún viviría en los años venideros sus mejores momentos de esplendor económico y político, un esplendor que pocos hubieran podido augurar cuando se creó la república de Taiwán.
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