Ideas
Noticias y opinión en la red
ENIGMAS DE LAS HISTORIA

¿Cuál fue la utilidad del asedio de Montecassino?

Fundado en el año 529 por Benito de Nursia, Montecassino se convirtió en el monasterio más importante de Europa occidental durante buena parte de la Edad Media. Sin embargo, su existencia distó mucho de ser plácida. Destruido por los lombardos en el 590 y por los sarracenos en el 884, en 1944 se libró en sus dependencias una de las batallas más importantes de la Segunda guerra mundial. Pero ¿cuál fue la utilidad de aquel asedio?

Cuando Benito de Nursia fundó Montecassino poco podía suponer el agitado destino que esperaba a aquel monasterio. Situado al noroeste de Nápoles, fue un importante centro de enseñanza, especialmente la de la medicina, durante los siglos XI y XII. De hecho, la famosa escuela de medicina de Salerno sería fundada por monjes procedentes de Montecassino. Sin embargo, lo más sorprendente de su historia fue quizá su capacidad para sobrevivir a las pruebas más duras. Asolada por bárbaros y musulmanes, sacudida por un terremoto en 1349 y por la desamortización en 1866, la abadía logró siempre pervivir.

Con todo, su prueba más dura la experimentaría en el curso de la Segunda guerra mundial. En enero de 1944, los generales Aliados que habían alcanzado las cercanías del monasterio estaban decididos a forzar la defensa alemana e Italia - la denominada Línea Gustav - y, tras enlazar con otras fuerzas que desembarcarían en Anzio, avanzar sobre Roma. Sin embargo, el objetivo último de los Aliados no era sólo conquistar la capital italiana. En realidad, se pretendía inmovilizar el mayor número posible de fuerzas alemanas de tal manera que no pudieran combatir en el frente que se pensaba abrir con el futuro desembarco en Normandía.

Bajo el mando del general norteamericano Mark Clark, las fuerzas americanas del general Walker y las francesas de Juin iban a intentar apoderarse de Cassino. El objetivo resultó ser más correoso de lo esperado inicialmente. La resistencia germana llevó entonces al mando aliado a recurrir de manera masiva al empleo del arma aérea. Como muchos otros estrategas de la época seguidores de las tesis de Douet, los Aliados creían que un empleo masivo de la aviación quebrantaría totalmente la capacidad de resistencia del enemigo.

Así, el 15 de febrero, 142 B-17 llevaron a cabo un terrible ataque aéreo en el curso del cual se lanzaron más de 350 toneladas de bombas de alto explosivo sobre el monasterio. Los alemanes decidieron entonces evacuar al abad y a la congregación benedictina del monasterio pero, en absoluto, se sintieron impulsados a retirarse. Mientras se esgrimían propagandísticamente las imágenes de los aviones aliados bombardeando un recinto sagrado, los paracaidistas del Décimo ejército alemán aprovecharon los escombros del lugar como excelentes posiciones defensivas. De esta manera detuvieron durante los meses de enero y de febrero de 1944 cualquier intento de penetración llevado a cabo por los Aliados.

Para finales de febrero, la situación militar no podía ser más difícil para los atacantes. Al norte se había efectuado el proyectado desembarco en Anzio pero las fuerzas aliadas no conseguían progresar, el camino hacia Roma seguía firmemente cerrado y además los alemanes no se habían visto obligados a desviar nuevas unidades ya que la defensa de Montecassino se estaba llevando a cabo sin tener que recurrir al empleo de refuerzos.

El 15 de marzo, los Aliados reanudaron sus ataques aéreos arrojando más de 1250 toneladas de bombas sobre el castigado monte. A continuación la 4 división india y la 2 neozelandesa se lanzaron al asalto de Cassino… sólo para cosechar un nuevo fracaso. Durante marzo y abril de 1944, todos los esfuerzos Aliados concluyeron en derrota. Finalmente, el 11 de mayo el Grupo de Ejércitos XV llegó a la conclusión de que la antigua abadía no podría ser conquistada mediante un ataque directo sino sólo recurriendo a una maniobra envolvente.

Cinco días después, el Cuerpo expedicionario francés a las órdenes del general Juin conquistó el monte Petrella y prosiguió su avance hasta el monte Faggeto ya por detrás de las líneas alemanas. Al mismo tiempo, británicos y americanos avanzaban hacia Formia y Pontecorvo. A pesar de todo, los paracaidistas alemanes seguían combatiendo en Montecassino. La suya era ya, sin embargo, una resistencia carente de valor estratégico. Los avances de franceses, norteamericanos y británicos llevados a cabo por el sur habían desprovisto a la abadía de cualquier importancia militar.

El 18 de mayo las tropas alemanas, aún imbatidas, abandonaron Montecassino. De manera altamente simbólica, las primeras fuerzas aliadas que llegaron a la cima eran polacas, es decir, pertenecían a la primera nación derrotada por el ejército alemán al estallar la guerra. El coste de la victoria aliada fue realmente muy elevado. Según el general Clark, el V Ejército norteamericano tuvo 107.144 bajas (algo más del número total de muertos en los dos ejércitos en el curso de la guerra civil española) a las que deben añadirse las 7.835 sufridas por los británicos.

Pero lo más grave no era el coste, ciertamente elevado, del asedio si no la certeza de que éste podía haberse evitado. Si los Aliados hubieran sustituido los ataques contra Cassino por operaciones de desembarco, no sólo su éxito hubiera sido mayor sino menos oneroso. De hecho, la ofensiva sobre Cassino sólo hubiera tenido sentido de haberse continuado el avance aliado hacia los Balcanes para evitar que la zona cayera bajo el dominio soviético.

Pero, a pesar de la insistencia de Churchill, el mando aliado hizo todo lo contrario. Durante la primavera de 1944, incluso se alejaron fuerzas de Italia para, siguiendo los deseos de Stalin, ser destinadas a Francia. Como señalaría años después Rudolf Böhmler, “los Aliados ganaron los laureles de Cassino y de Roma sólo para rendírselos en homenaje a Stalin”. Al fin y a la postre, la utilidad de la batalla de Montecassino resultó cuando menos discutible.

Lo más popular