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ECONOMÍA

El capitalismo y los trabajadores

Los socialistas suelen argumentar que, en el sistema capitalista, el trabajador tiene que ser protegido; si no, el desamparado obrero sería subyugado y esclavizado por el todopoderoso capitalista. La misión del Estado no puede ser otra que balancear el desequilibrio de poder entre ambas partes. Así pues, sin injerencias estatales, como el salario mínimo o la negociación colectiva, la desprotección del proletariado provocaría que los salarios fueran virtualmente cero.

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En este artículo veremos cómo la izquierda desconoce los principios económicos más fundamentales cuando realiza tales afirmaciones. Ni los capitalistas explotan a los trabajadores, ni los salarios se reducirían a niveles de subsistencia en caso de que el intervencionismo estatal desapareciera.
 
¿Qué es un salario?
 
Pensemos en un agricultor. Si lo que cultiva tarda tres meses en dar fruto, le será necesario haber acumulado ahorros que le permitan sobrevivir durante ese tiempo. Es evidente que al final del período el agricultor se quedará con el 100% de su producción. Ahora bien, esta producción ¿cabe entenderla como un beneficio o como un salario?
 
Aunque quizá algunos clasifiquen al agricultor como trabajador, si tenemos presente la definición de beneficio (el exceso de ingresos sobre los costes) veremos que, a diferencia de lo que opinaban Adam Smith y Karl Marx, la renta de aquél no es un salario, sino beneficio puro: incurre en unos costes (especialmente de oportunidad) para obtener unos ingresos que los superen.
 
Supongamos ahora que nuestro agricultor decide jubilarse al cabo de 20 años, y que en lugar de ir consumiendo sus ahorros prefiere contratar a otro individuo para que trabaje por él en su huerta. Sólo en este caso aparecerá la renta del salario. Así, el salario queda definido como el precio pagado por el capitalista a cambio del alquiler de los servicios de otra persona.
 
Nuestro agricultor tendrá que compartir una parte de sus beneficios con el trabajador; a esta porción la llamaremos "salario". No sólo eso: además, deberá abonarle el salario antes de que la producción madure. No será necesario que el trabajador espere los referidos tres meses: el empresario le otorgará su porción con cargo a sus ahorros. Es decir, el capitalista adelanta el salario al trabajador antes de obtener los beneficios.
 
Los salarios, pues, no son más que una porción del beneficio. No cabe afirmar que el capitalista no explota al trabajador apropiándose de su salario, como afirman los marxistas. No existe plusvalía: el salario es una minoración de las ganancias empresariales puras; y, sobre todo, es fruto de un acuerdo voluntario entre las partes y beneficioso para ambas. En caso contrario, ni uno ni otro lo hubieran firmado.
 
¿Cómo se determina el salario?
 
En principio, el salario tiene un límite máximo: los beneficios esperados en la producción. Ya que los salarios son una porción del beneficio, difícilmente pueden superarlos. Sin embargo, si nos fijamos detenidamente veremos que esta apreciación no es exacta. Hemos dicho que el capitalista adelanta el salario al trabajador, por tanto el límite máximo no puede ser el beneficio total.
 
Al adelantar el dinero en tres meses, el agricultor deja de percibir un interés por sus ahorros. En otras palabras, si el capitalista pagara el 100% del beneficio esperado en concepto de salario sufriría un coste por el interés dejado de percibir: mientras que el trabajador cobraría hoy todo el beneficio, el agricultor no dispondría de ese dinero hasta pasados tres meses (durante los cuales no percibirá interés). En este sentido, el límite máximo del salario del trabajador es el beneficio esperado, descontado por el interés; o, expresado en palabras más técnicas, la productividad marginal descontada del trabajador (esto es, el valor presente del fruto futuro de su trabajo).
 
Esto es válido tanto para el primer trabajador como para los sucesivos. El capitalista contratará a un nuevo trabajador cuando considere que los beneficios esperados se incrementarán por encima de su salario; es decir, nuevamente, el límite máximo vendrá dado por su productividad marginal descontada.
 
¿Y cuál es el límite mínimo? Para averiguarlo añadamos otro supuesto a nuestro ejemplo. Imaginemos que el trabajador del agricultor cobra un salario de 500 euros; en cambio, otro trabajador de la finca adyacente percibe 300 euros por una labor similar. Si el agricultor cree que éste es capaz de proporcionar el mismo rendimiento, lo contratará por un salario ligeramente superior (pongamos 310 euros) y despedirá a aquél. Así, podemos decir que el límite mínimo del salario viene determinado por la remuneración más baja de entre aquellos trabajadores que el capitalista cree que van a proporcionarle un mismo servicio. O, dicho más técnicamente, el salario del trabajador marginal.
 
Entre estos dos límites, productividad marginal descontada y el salario del trabajador marginal, se fijarán los salarios.
 
El papel del capital
 
Antes de continuar tenemos que referirnos brevemente al papel del capital. Ya hemos dicho que los empresarios tendrán que adelantar el salario a los trabajadores con cargo a los ahorros. Por tanto, la duración del proceso productivo quedará constreñida por las disponibilidades de ahorro. Si, por ejemplo, un capitalista dispone de 10.000 euros y cada mes tiene que pagar 1.000 a su trabajador, el período de producción no podrá ser superior a 10 meses. En caso contrario, el empresario se hallará en suspensión de pagos y no podrá pagar al trabajador.
 
En principio, pues, parece conveniente que los períodos productivos no sean demasiado duraderos; cuanto más cortos, mejor. No obstante, ésta es una idea primaria y equivocada, ya que se da la circunstancia de que a mayor duración del proceso productivo, mayor productividad. Por ejemplo, si antes de empezar a cultivar el trabajador se dedicara a fabricar un tractor, el período productivo se incrementaría (por la construcción del tractor), pero la producción final también sería más elevada.
 
Así pues, aunque sería preferible que los períodos productivos fueran muy duraderos, éstos vienen limitados por la cantidad de ahorros.
 
Por qué el capitalismo enriquece al trabajador
 
Después de esta exposición nos será más sencillo entender de qué manera contribuye el capitalismo a enriquecer a los trabajadores. Bajo el sistema capitalista el capital se vuelve cada vez más abundante con respecto al trabajo. Es decir, el trabajo se vuelve relativamente más escaso con respecto al capital.
 
Esto se traduce en dos efectos sobre los límites de determinación de los salarios. En cuanto al límite máximo, hay que tener presente que el incremento del capital (esto es, de los ahorros) permite extender el período productivo y, por tanto, los beneficios. Si esto es así, el límite máximo en la determinación de los salarios aumentará (cuanto mayor sea la productividad marginal descontada del trabajador, mayor podrá ser su salario). En nuestro ejemplo, si la producción del trabajador pasa de estar valorada en 10.000 euros a 20.000, el salario máximo al que éste podrá aspirar ahora será el valor presente de los 20.000 euros.
 
En cuanto al límite mínimo, esto es, el salario del trabajador marginal, también se verá sometido a incrementos. Cuanto más abundante sea el capital, mayor será la productividad de todas las ocupaciones de la sociedad. Así, los perceptores de salarios más bajos verán incrementada su remuneración, lo cual, además, servirá para incrementar el límite mínimo del resto de trabajadores. Trasladándolo a nuestro ejemplo: si el trabajador de la finca adyacente pasa a cobrar 350 euros, en lugar de 300, el salario del trabajador de nuestra huerta se ubicará entre 350 y 500 (y no entre 300 y 500, como antes). Es decir, el trabajador ganará poder de negociación.
 
No sólo eso: supongamos que, por esa misma acumulación de capital, los beneficios en nuestra finca, al introducir un nuevo trabajador, se incrementaran en 400 euros. Queda claro que estaríamos dispuestos, en este caso, a contratar al trabajador del campo vecino ofreciéndole una cantidad que se ubique entre 350 y 400 euros. Por tanto, o bien el otro agricultor le paga más de 400 euros o, finalmente, lo contrataremos nosotros.
 
Vemos, pues, que bajo el sistema capitalista ambos límites, máximo y mínimo, tienden a expandirse, y así también el salario (en tanto se ha de contener necesariamente entre esos dos límites).
 
Conclusión
 
Bajo el sistema capitalista (caracterizado precisamente por la acumulación de capital) el trabajo se va volviendo relativamente más escaso con respecto al capital. Ello significa que su utilidad –y por tanto su salario– es cada vez mayor. Cuanto mayores sean sus usos alternativos y mayor sea el valor de éstos, más elevada será la remuneración del factor trabajo.
 
La crítica de la izquierda carece por completo de fundamento. Sólo un sistema basado en la propiedad privada y la iniciativa empresarial es capaz de incrementar el nivel de vida de los trabajadores.
 
Las políticas intervencionistas, como analizaremos en el próximo artículo, son del todo pérfidas y dañinas para el interés de los trabajadores. Es decir, como siempre, la izquierda reprime a quien dice defender. Nada nuevo bajo el Sol.
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