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UN BAGAJE TÓXICO

El caso de la izquierda española

Hace poco salió El libro negro de la izquierda española, coordinado por José Javier Esparza y al que contribuyo con dos textos: "La matriz del terrorismo" y "Conspiración contra la República: octubre de 1934".

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El libro negro de la izquierda española traza una perspectiva histórica de la izquierda europea más nefasta después de la soviética. Expondré aquí algunos rasgos que la retratan.

Ausencia de pensamiento

Conviene insistir en ello, porque de este defecto acusa siempre la izquierda a la derecha.

Casi todo el pensamiento en España puede considerarse tradicionalista o de derecha, no hará falta citar nombres (aunque la derecha política sea también intelectualmente roma). La izquierda no ha producido un solo pensador, una sola obra relevante de pensamiento político o en general, no ha aportado nada al marxismo, al anarquismo o a ninguna otra variante. Nunca ha pasado de simplificar y vulgarizar ideas venidas de fuera, haciéndolo con beatería o fanatismo y sin siquiera adaptarlas a la realidad histórica nacional. Un hecho reciente: en la Transición se puso de moda el marxismo, el marxofreudismo y otras variantes: quien no se declaraba amigo de Marx, le mostraba al menos un profundo respeto, también en la derecha. Luego se llevó el anarquismo y "la utopía", y siguieron otras modas de temporada. ¿Qué salió de aquellos movimientos? Intelectualmente nada. Lo que no les impedía condenar a todas horas, ¡ellos!, el "páramo cultural" del franquismo.

Antiespañolismo

El caso de la Doctora Burrianes es paradigmático: la anécdota elevada a categoría. El antiespañolismo izquierdista ha seguido dos tendencias básicas: apoyo y comprensión –no sin algunos encontronazos– a los separatismos (ya desde la Restauración) e internacionalismo o cosmopolitismo.

Declarando caducas las naciones, las izquierdas han atacado especialmente a la española, absorbiendo todos los tópicos de la Leyenda Negra. La historia de España les parecía funesta, con muy pocas excepciones, manía que también afectó a parte de la derecha desde el regeneracionismo. Lo cual no ha impedido a las izquierdas invocar a veces un patriotismo exaltado por una España "nueva y distinta", concebida desde su ignorancia histórica y su pobreza de ideas.

Durante la guerra civil descubrieron sorprendidos la fuerza del patriotismo, y su propaganda cultivó una patriotería vacua, sin mucho éxito, por fortuna.

Anticristianismo

La palabra usada es anticlericalismo: oposición a la excesiva influencia política del clero. Esta acusación podía tener algún y aun bastante fundamento, si bien se exageraba mucho. Pero en realidad solo era un pretexto para atacar al cristianismo, pues aquellos profundos pensadores identificaban a la Iglesia con el oscurantismo y la opresión, y al ateísmo con lo científico y progresista. Su propaganda antirreligiosa estuvo siempre moldeada por la calumnia y la exaltación, cuando no por la incitación directa al crimen. Y cuando llegó la ocasión se tradujo en un auténtico genocidio, con los rasgos más brutales, acompañado de la destrucción masiva de arte y cultura... en nombre de la cultura y el progreso, por cierto: la verdad de las prédicas se conoce por sus obras.

Hoy los vemos preconizando la destrucción del Valle de los Caídos, o su transformación en cualquier miseria de las suyas, empeñados como están en erradicar del espacio público la cruz (el símbolo más abarcador de la cultura occidental) y la religión... cristiana (promueven el islam, en cambio).

Antiliberalismo

La izquierda en España empezó como un liberalismo exaltado, jacobino y comecuras, promotor de matanzas de frailes, fascinado por lo peor de la revolución francesa y opuesto al liberalismo moderado. En el siglo XX le sustituyeron los movimientos marxistas, anarquistas y republicanos radicales, que consideraban el liberalismo cosa del pasado y mero disfraz de la dominación explotadora del capital. Idea, por cierto, muy extendida todavía, también en ciertas derechas extremas.

Al llegar la guerra civil, los liberales más destacados en España optaron por los nacionales, no sin buenas razones.

Violencia

Ejercida a menudo en nombre de la paz. Como la izquierda suele ver el origen de la violencia en el poder "burgués", nada más natural que erradicarlo cuanto antes y del modo más drástico para alumbrar, por fin, la sociedad pacífica y perfecta (al modo de un hormiguero) de sus sueños. En España, la racha comenzó con las matanzas de frailes, luego vinieron las bombas y agresiones contra las procesiones religiosas, el terrorismo anarquista –arropado por el resto de la izquierda–, las violencias separatistas, la huelga revolucionaria del 17 –fundamentalmente socialista–, las huelgas salvajes, los incendios de templos, bibliotecas y escuelas, las insurrecciones ácratas, la revolución guerracivilista del 34, la oleada de crímenes del Frente Popular... Después de la guerra civil, que las izquierdas quisieron y organizaron, vinieron el maquis, el terrorismo –en especial de la ETA, tan apoyado por el antifranquismo moderado–, el terrorismo gubernamental socialista y la colaboración abierta con los asesinos.

Este muy breve resumen indica que hemos padecido y padecemos la izquierda más violenta, antiliberal, anticristiana y antipatriótica de Europa, al menos de la occidental. También la más inepta intelectualmente. Esta ineptitud requeriría una investigación más detenida, porque en ella radica, probablemente, la causa de sus demás taras. 

 

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