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AUTORES Y GéNEROS

El doble juego del bestseller

Un criterio para afirmar que una novela americana es mala, es que uno de los protagonistas se prepare una tostada con manteca de cacahuete. Follett es inglés pero la tecnología de muchos de sus novelones necesita el empaque de los paisajes del Tío Sam, fuente de avaricia y tecnología del mundo moderno. El gran autor inglés de bestsellers, Forsythe, establecía conexiones con los servicios americanos en cuanto podía. Sólo Le Carré desarrolló con interés una cuadra de espías típicamente británica. Smiley era un contraplano escéptico y europeo del James Bond fabricado por Ian Fleming, que, emborrachado de ideas imperiales, salvaba el mundo de todos en nombre de su Reina. Y lo que hace menos convincentes las últimas novelas bélicas de Le Carré, es que, para su argumento, siguen presuponiendo un poderío de Inglaterra que ya está periclitado.

Agustín Jiménez
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Follett es inglés pero necesita malas poses de argumentos americanos y un personaje de "Doble juego" (Grijalbo) prepara una rebanada con manteca de cacahuete en la página 55. Un recurso ya tan cansino como el de sustituir los títulos de los capítulos por horas de reloj marcando así un deseo de tensión cinematográfico. Esto funcionó muy bien hace muchos años cuando lo usó Corman en "La matanza del día de San Valentín". Canal + lo ha empleado también un tiempo en sus reportajes vérité. En novela ya es cursi, pero provoca, o quiere provocar, un esquema de suspense.

Muchos autores de bestsellers muestran una incapacidad total para inventar un argumento, pero se han especializado en esquemas rentables. Follett es el prototipo de todos ellos. La fórmula de sus novelas podría ser "nada más ingenio". Nada interesante, para empezar, cuenta sobre los personajes -al contrario que su compatriota Archer, mucho más dickensiano. Por eso, cuando, en la pantalla, los encarnan actores con estilo, las adaptaciones cinematográficas superan con mucho la novela ("El ojo de la aguja", por ejemplo, con Donald Sutherland ). El truco no es nuevo. En el siglo XX hubo muchos autores tramposos que cosecharon éxito. Graham Greene, sin ir más lejos. "Nuestro hombre en La Habana" -y "El sastre de Panamá" de Le Carré- es un "remake" de un argumento que Greene había ideado para Rusia muchos anos atrás. La trampa del personaje era del mismo jaez pero el oficio y la geografía cambiaban. Ahora bien, un buen personaje es indisociable de un oficio y una geografía.

La caída del muro de Berlín dio al traste con un par de esquemas que habían sido superficialmente por miles de novelistas. Los binomios Rusia-Occidente, Bien-Mal se encorsetaban en un esquema de montaje paralelo heredado del cine más clásico (venía del mismo Griffith, de los años 15 y 16) y varios personajes evolucionaban por separado hasta confluir en una acción común: el mismo Follett lo ha explicado, con tono de quien cree detentar un secreto, en el prólogo de otro mal relato suyo ("Papel moneda"). Diluido Berlín, los autores del binomio se han callado (Forsyth se retiró a criar ovejas), han huido por lo lírico (Le Carré, que, en una novela reciente, "The constant gardener", se ocupa ya de las ONG) o han buscado otros enemigos (Clancy). "Doble juego" tiene "copyright" del año 2000, pero es un relato de guerra fría ambientado en los años cincuenta. La propuesta es patética.

Como la doctrina es huera y los detalles técnicos no nos sorprenden, a Follett sólo le queda la credibilidad del suspense. Y eso lo hace muy bien. No sabemos para qué sirve esta novela que trata de cosas como la carrera espacial, " la aventura más emocionante que la Humanidad tiene ante sí", pero, en cualquier taller de guiones, porfiarían por contratar a su autor.
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