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GUATEMALA

El futuro de los pobres es más pobreza

Para ser internacional y cosmopolita no es necesario firmar todo acuerdo o tratado que nos ponen enfrente. Vemos cómo, por ejemplo, Suiza es uno de los pocos países que no firma tratados y a nadie se le ocurriría llamarle “aislacionista”. Los países que optan por regirse por “libre negociación colectiva” no aceptan los acuerdos de la OIT, pero nadie llamaría aislacionista por esa razón a Estados Unidos, que sólo los recomienda a los demás. Tampoco llaman aislacionista a Dinamarca por mantener su propia moneda, puesto que hay libre cambio.

Manuel F. Ayau Cordón
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Con más espacio podría añadir muchos ejemplos, pero el tema es que no es necesario entregar nuestra soberanía para participar en el concierto de naciones. Podemos participar sin delegar nuestra iniciativa legislativa, nuestra soberanía.

El resultado de 50 años de firmar cuanto tratado se presenta en el pueril afán de aparentar ser muy internacionales ha resultado empobrecedor. La principal razón es porque la mayoría de esas organizaciones a las que nos adherimos establecieron su política económica y social basados en la filosofía colectivista que prevaleció en el mundo durante tres cuartos del siglo pasado. De ahí se deriva toda una cultura legal que en ninguna parte ha resultado en prosperidad. Basta observar gran parte del mundo para apreciar que si no fuese por los adelantos tecnológicos que han ocurrido principalmente en el país que no adopta esas políticas, la mayoría de habitantes de los países subdesarrollados ya estarían literalmente muertos.

La longevidad y el aumento de población han sido posibles por los adelantos en las medicinas, en los medios de comunicación, en modernos sistemas y métodos, en semillas de alta producción (recordemos la revolución verde que paró la hambruna en Asia), etc.

Los países colectivistas y aficionados a tratados no han aportado prácticamente nada al bienestar de la humanidad. Contrario a la teoría marxista de la explotación, son los países más capitalistas los que han hecho posible la supervivencia misma de los países colectivistas y pobres. Basta pensar cómo estaríamos los países pobres sin antibióticos, sin generación eléctrica eficiente, sin teléfonos, sin tuberías y artículos plásticos, sin insecticidas, sin hilos y tejidos sintéticos.

Los intelectualmente videntes ya habrán aprendido la lección, pero todavía hay muchos que no, y ya hay demasiados intereses creados en esas políticas como para poder esperar una corrección.

Las entidades internacionales prácticamente sobornan o amenazan a países para adoptar tratados empobrecedores. Comenzando por la prohibición del DDT que aumentó el paludismo, matando a millones de personas en las naciones más pobres del mundo, hasta los principales impedimentos al bienestar de los trabajadores como las legislaciones laborales que impiden aumentar sueldos y salarios, destruyen la movilidad laboral y quita poder de negociación a los trabajadores. Consecuencias similares ha tenido el impuesto al rendimiento de las inversiones, pues la inversión de capital es el factor determinante del progreso y de la creación de empleos.

Esto último se debe a la ingenua creencia de que es disminuyendo las diferencias de riqueza como se elimina la pobreza. Mientras tengamos ese código de Trabajo y el Impuesto sobre la Renta, los trabajadores seguirán condenados a la pobreza. Hoy es difícil siquiera cuestionar y discutir fríamente estos temas. Por ello, el futuro de los pobres es tristemente pobre.

© AIPE

Manuel F. Ayau Cordón, Ingeniero y empresario guatemalteco, es fundador de la Universidad Francisco Marroquín y fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.
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