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LIBRO DE LA SEMANA

El poder redentor de la sonrisa

La historia de la literatura rusa está repleta de relatos en los que el humor pretende proporcionar una válvula de escape a situaciones que incluso rayan con lo pavoroso. Ya el genial Gogol supo poner en solfa la execrable institución de la sabiduría contando con humor las hazañas de Chichikov en “Las almas muertas”. Abría así un sendero que seguirían ILF y Petrov en “Las doce sillas” y “El becerro de oro” y que, muy especialmente, utilizaría Mijaíl Bulgakor en obras como “Los huevos fatales” o “El maestro y Margarita”. En todos y cada uno de los casos se trataba de mostrar la realidad como verdaderamente era y al arrojar la luz de la carcajada sobre ella dejar al desnudo que el emperador —o el sistema soviético— iba en pelota.

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Irina Ratushinskaya es un nombre que se suma con todos los honores a esa tradición. Partiendo del incidente de un escritor que muere de manera accidental dejando tras de si un original inédito, la autora nos va mostrando el mundo absurdo de los años de la Perestroika donde la prostitución del arte, la persecución del talento y, sobre todo, la banalización de la decencia y del buen gusto seguían tan rampantes como en épocas anteriores.

El resultado es una cascada de sonrisas, de guiños y carcajadas y —aunque cueste creerlo— una reflexión sobre naturaleza humana con más calado que no pocos tratados filosóficos. Quizá es que ciertas tinieblas de la condición humana sólo pueden ser aprehendidas si sabemos contemplarlas con un profundo —y terapéutico— sentido del humor.

Irina Ratushinskaya, La sombra del retrato; Ed. Metáfora. Traducido por Justo E. Vasco. 288 páginas.
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