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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

España...

No es sólo por provocación que encabezo esta crónica con el mismo título que dio Artur London a su libro, totalmente estalinista, sobre nuestra guerra –en la que participó como agente soviético–, que escribió luego de su arresto y tortura en Praga para demostrar que seguía siendo un comunista ejemplar y disciplinado. (Lo que no dijo London –ni él, ni Yves Montand, ni nadie (ni yo, hasta ahora)– es que efectivamente lo era, y si fue detenido y torturado no fue por ser un comunista "rebelde", partidario del "socialismo con rostro humano" u otras chorradas, sino sencillamente por ser judío).

En aquellos años 50, una bestial oleada de represión antisemita se desató en toda la Europa comunista. Pero, como siempre, fue ocultada. Jamás se trató de antisemitismo: a los judíos nunca se les condenaba por serlo; siempre se inventaban pruebas de que eran agentes del imperialismo, como en el caso de London.
 
Curiosa manera de comenzar una crónica que no trata de antisemitismo ni de la Internacional Comunista, sino que, al revés, se pretende patriótica, alegre y optimista. Porque, fíjense ustedes lo requetebién que va España, y cuántos motivos para la satisfacción y el orgullo nacional tenemos. ¿En qué país del mundo pueden la directora de la Biblioteca Nacional y el ministro de Exteriores robar libros, prestigiosos incunables, y venderlos en el mercado negro, con sabrosos beneficios?
 
¿Qué, me arriesgo demasiado? No existen pruebas, podrían multarme por semejantes afirmaciones, como a los de El Jueves, que también demostraron demasiado optimismo con los Príncipes. Pues es una lástima, porque si Rosa Regàs y Miguel Ángel Moratinos no son unos ladrones, es que son incapaces hasta de cuidar sus bibliotecas.
 
Gallardón.Vamos a ver: aparte de en el Reino Unido, ¿en qué país del mundo la Corte demuestra tan admirable modernidad? Los Duques de Lugo se separan sin divorciarse, sin siquiera separarse, copiando sin querer el poema de Miguel Hernández: "Me voy, me voy, me voy, pero me quedo".
 
Vamos a ver: ¿en qué país del mundo el alcalde de la capital logra convertirse en carta certificada e instalarse en el Palacio de Correos, en un despacho como ya quisiera Julia Escobar, que trabaja justo enfrente? No sólo se apodera de Correos, sino que desde su faraónico despacho (humilde, si se compara con el palacio de las mil y una noches de Juan Goytisolo en Marrakech) concede una asimismo faraónica entrevista a El País (12-XI-07), que, claro, le utiliza contra el PP, en la que declara que la instrucción sobre el 11-M fue "ejemplar", contradiciendo a Mariano Rajoy, a quien tanto dice admirar, y a bastantes más, que no son del PSOE o sus súbditos en los medios.
 
Teniendo en cuenta las miles de páginas escritas sobre el tema y los interrogantes sin respuesta, incluso después del fallo, me limitaré ahora a una pregunta: si todo ha sido tan ejemplar ¿qué pasa con el Egipcio, exculpado "por error"? ¿No habrá otros errores?
 
Los periodistas del periódico global, como era su obligación, le hicieron preguntas molestas, polémicas, que demostraron una vez más las simpatías progres del alcalde-cartero, que respondió con una satisfacción tan evidente como solapada. Así, en el tema crucial de la valiente y certera postura de Aznar en relación con la guerra de Irak, respondió: "La valoración de si la guerra de Irak fue un error la hicieron los ciudadanos". O sea, que los ciudadanos tuvieron razón al votar a Zapatero. Y eso lo dice alguien que pretende convertirse en líder de un partido al que condena. Claro que ni él ni, por cierto, el propio Zapatero han llegado tan lejos en la infamia como Hugo Chávez.
 
Una vez más, mi crónica da un salto, porque pensaba dar otros ejemplos de cómo va de requetebién España, tan bien como los trenes de cercanías en Barcelona; pero con el asunto venezolano, o bolivariano, se demuestra que jamás un Gobierno ha sabido portarse tan noblemente, firme y cortés a la vez: ni siquiera Petain resistió así ante Hitler.
 
Hugo Chávez y Zapatero (archivo).Que Rodríguez Zapatero y el Rey se portaron bien en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile es cosa sabida, reconocida y aplaudida, porque la verdad es la verdad. Pero ¿y desde entonces? Desde entonces, el Gobierno ha demostrado una cobardía tan inaudita que merecería figurar en el Libro de los Récords. El golpista rojipardo Hugo Chávez sigue insultando, como jamás lo ha hecho un jefe de Estado, a otro país, a sus dirigentes, a su rey, y nuestros sociatas se rajan. No pasa nada, y si pasa no importa.
 
Oí el pasado miércoles, por TVE Internacional, a la secretaria de Estado Trinidad Jiménez declarar monstruosidades tales, que se merecen el paredón (simbólico, se entiende): "España mantiene buenas relaciones con todos los países, sobre todo de América Latina, y más sobre todo aún con Venezuela, porque tenemos muchos intereses en ese país, y eso, diga lo que diga el bolivariano". Lo mismo dice el portero de una discoteca: "Si me dan propina, todos son caballeros".
 
Además de la cobardía congénita de Zapatero frente a ETA y los nacionalismos periféricos, y ahora frente a Chávez, sospecho que lo que teme este Gobierno provisional es que Chávez busque el enfrentamiento para incautarse de las empresas españolas en Venezuela, bajo el manto de la revolución bolivariana y la lucha contra el colonialismo español. El peligro existe: si algo puede creerse son los vómitos de Chávez contra dichas empresas, pero la respuesta no consiste en arrodillarse y callar. ¡Ni siquiera arrodillarse y rezar! Al revés, esa cobardía sólo impulsará al dictador (por cierto: recibido oficialmente estos días en París) a proseguir por su sendero luminoso.
 
No sé si recuerdan que, hace unos años, una junta militar argentina ocupó las Malvinas tras proclamar que eran suyas; y que una señora, que, si no me falla la memoria, se llamaba Margaret Thatcher, envió sus tropas para liberar dichas islas (u ocuparlas de nuevo, según sean los criterios). Evidentemente, yo no me creo un segundo que Zapatero (ni siquiera Rajoy) fuera capaz de una acción militar semejante. Pero entre la guerra y la rendición existe un abanico de medidas diplomáticas, políticas, económicas, que pueden dar ciertos resultados.
 
Lo que me creo aún menos es que este Gobierno sea capaz de enfrentarse, siquiera políticamente, con Chávez, Castro, Morales, Ortega y los demás representantes de la revolución bolivariana. Aconsejaría, pues, a los empresarios españoles que se retiraran lo más rápidamente posible de Venezuela, antes de que esas nuevas fuerzas de progreso se queden con sus bienes. El cuento de nunca acabar.

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