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DRAGONES Y MAZMORRAS

¡Hay motivo!

En vano Arturo Pérez Reverte ha revelado que había sido acusado de por un tal Rodríguez Vigil de haberle plagiado en el guión de la película Gitano, lo que le ha tenido —y también al director y al productor— dos años en un ay, hasta que, por fin, el juzgado ha archivado el caso.

Ahora Pérez Reverte planea la venganza pero tendrá que esperar a que se enfríe el plato, según el consejo de su admirado Dumas. En vano Esperanza Aguirre, que desde hace unos días es dama comandante de la Orden del Imperio británico, ha puesto a Cristina Alberdi al frente de la violencia doméstica (para combatirla, se entiende), lo que ha sido duramente criticado por la oposición como era de suponer; la condecoración por envidia y el nombramiento de la Alberdi por más de lo mismo, agravado por el varapalo a la vanidad del PSOE que ha visto lo primero como una recompensa a Aguirre por el apoyo del PP a la guerra de Irak y lo segundo como si les hubieran metido un dedo en el ojo, según palabras de uno de ellos. Con ser muy notables los acontecimientos aquí señalados, la semana, como viene siendo  habitual por estas fechas, ha quedado bajo la desagradable impronta de la ceremonia de los Goya.
 
La gente del cine, desoyendo a sus mayores quienes, como Luis García Berlanga el año pasado, les aconsejaban no meterse en politequeos y no morder la mano que les da de comer (consejo propio de quien conoció una dictadura), volvieron a montar el numerito. Están en su derecho de protestar; tal vez incluso sea bueno, porque con su recalcitrante provocación al gobierno, no hacen sino demostrar que vivimos en democracia (nunca lo hubieran podido hacer si, como ellos dicen, hubiera vuelto el franquismo con el PP), pero lo malo es que esta vez han faltado gravemente a la sociedad, y no sólo a la vasca, sino a la humana en la figura de las asociaciones de víctimas del terrorismo. Su escaso talante democrático (es evidente que preferirían vivir bajo un régimen totalitario) y su infinita soberbia (están rabiosos porque saben que han perdido popularidad) les ha llevado a prolongar más allá de aquella noche su postura “rebelde” y se han juntado en el Círculo de Bellas Artes, centro que por cierto, está subvencionado a pachas por distintas instituciones, entre otras la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital, para comunicar a los medios una “idea” estupenda que han tenido: la de hacer gratis la propaganda electoral del PSOE, IU y los partidos nacionalistas.
 
Atrincherados tras el lema de “Hay motivo”, treinta cineastas, según El País, y veinte, según El Mundo, a cual más progre, van a rodar, o han rodado otros tantos cortos de tres minutos con la intención de que las televisiones españolas las exhiban, por narices, antes del 14 de marzo, es decir, antes de las elecciones generales. Ni qué decir tiene que los partidos citados anteriormente les apoyan ¡menuda bicoca! Treinta supuestos idealistas que les hacen, gratis (quien sabe si incluso con dinero público) el caldo gordo. En vez de “supuestos idealistas” había pensado llamarles “tontos útiles”, pero ni de tontos ni de útiles tienen un pelo pues si salen los “suyos” —cosa que no va a ocurrir por su probada incompetencia— ganan, pero si no salen también, porque, insisto, vivimos en democracia y como es natural mientras sea de ley, el Ministerio de Cultura del PP seguirá con su generosa política de subvenciones. Si hablo de generosidad es porque ha llegado a mis manos el folleto que publica anualmente el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Visuales del tan denostado Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En él se puede ver la evolución del sector desde 1992 a 2002. Diez años de industria cinematográfica bajo gobiernos de distinto signo. Casi mitad-mitad. Miren las cifras y entenderán cuánto ha sufrido esa pobre gente bajo la espantosa dictadura del PP:
 
En 1992, se produjeron 52 largometrajes y 44 en 1994; en 2002, 137; en coproducciones internacionales se pasó de 14 en 1992 —8 en 1994— a 57 en 2002; En cuanto al llamado “Fondo de Protección”, es decir, a  las subvenciones, en 1992 fueron de 14 millones de euros, mientras que ya en 1996 ascendieron a 18 millones, hasta llegar a los 32 millones de euros en el año 2002.  Además, y esto no ocurre con ningún otro sector cultural, durante los dos gobiernos del PP se han firmado nuevas leyes afianzando las ayudas estatales para la producción audiovisual; as, el Real Decreto 1039/1997 de 27 de junio que “generaliza las ayudas automáticas en la mayoría de la producción española, incentivando la incorporación de nuevos profesionales y la producción de documentales y proyectos de decidido carácter cultural. Al tiempo impulsa y fomenta las coproducciones”; Ley 15/2001 de 9 de julio que entre otras cosas estupendas para el sector, “concreta las obligaciones de invertir el 5% de la cifra de negocio de las televisiones en largometrajes y películas para televisión”; Real Decreto 526/2002 de 14 de junio que, también entre otras cosas, “consolida la producción independiente al obligar a coproducir con la misma a las productoras vinculadas con operadores”; Ley 50/1998 de 30 de diciembre, de Medidas Fiscales, Administrativas y del Orden Social que “modifica la Ley del Impuesto sobre Sociedades, elevando las desgravaciones a las empresas de producción al 20% y crea la figura del coproductor financiero para las sociedades no productoras que inviertan en producción de películas cinematográficas y de televisión”; y para terminar, porque la cosa sigue, una política de préstamos financiados por el Ministerio a los productores que para sí la quisieran las editoriales, por la cual “en los últimos años se han concedido préstamos por un importe medio anual de 30 millones de euros”. ¿A qué les gusta? A ellos también, así que ahora entenderán por qué “hay motivo” para que hagan esa propaganda al PSOE. No vaya a ser que, si ganan, les quiten esas jugosas subvenciones al haberlas recibido sin haber protestado. Faltaría más. No se trata sólo de que ninguna buena acción deba quedar sin castigo es que, además, Roma no paga a los traidores. 
 
 

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