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ECONOMÍA

John Kenneth Galbraith

Pocos economistas han escrito de manera tan amena e interesante como el recién fallecido profesor Galbraith. Escuché conferencias suyas donde su simpatía personal le daba una evidente ventaja sobre los demás participantes. Galbraith hubiera sido un excelente novelista, pero lamentablemente estaba equivocado en casi todo respecto a la economía.

Galbraith publicó 33 libros, y casi todos ellos tuvieron éxito. En Capitalismo americano, publicado en 1952, mantenía que las empresas familiares pequeñas estaban desapareciendo, aplastadas por el creciente poder económico de las grandes compañías, lo cual conduciría a la eliminación progresiva de la competencia. Felizmente, según el autor, los grandes sindicatos balanceaban el excesivo poder de las corporaciones.
 
Lo que en realidad sucedió es que esos grandes sindicatos sin duda aportaron a la caída de varias grandes industrias, razón por la cual los sindicatos norteamericanos son hoy en día dominantes sólo en el sector gubernamental y, especialmente, en la educación pública, cuya calidad se ha deteriorado tanto que el senador John McCain afirma: "El día que los congresistas envíen sus hijos a escuelas públicas en Washington sabré que el problema educativo se ha resuelto".
 
Quien conoce algo de la economía de Estados Unidos sabe de la importancia de las pequeñas empresas, las cuales aportan alrededor del 52% de la producción, mientras el número de gente que trabaja por su cuenta, desde su casa, crece día a día, en gran parte gracias a internet.
 
Muchas de las más grandes empresas de EEUU hoy en día, como Microsoft, Walt-Mart, Intel, Cisco, Home Depot, E-Bay, Amazon, etcétera, ni siquiera existían en los años 50. Por otra parte, muchas de las más grandes de entonces, como Woolworth, Studebaker, RCA, Pan American y Bethlehem Steel, desaparecieron. Otras, como US Steel, Ford, Sears, Kodak y CBS, no son ni la sombra de lo que eran en los 50.
 
Galbraith escribió sobre el "consumo conspicuo" en La sociedad opulenta (1958), y describía la opulencia privada frente a la suciedad pública: "Nuestros hogares suelen estar limpios y nuestras calles suelen estar inmundas", atribuyendo esa situación a falta de dinero en manos del Gobierno. Hoy sabemos que, por más rico que sea el Gobierno, las calles nunca estarán ni lejanamente tan limpias como nuestras casas, porque lo que es de todos no es en realidad de nadie. Por eso, las haciendas privadas son mucho más productivas y protegen tanto mejor la naturaleza que los parques públicos, mientras que con las reformas agrarias, donde no hay propiedad privada sino comunal, la productividad decae y los campesinos emigran a las ciudades tan pronto pueden. Los economistas lo llaman "la tragedia de los comunes".
 
En su libro más exitoso, El nuevo Estado industrial (1967), Galbraith describía cómo las grandes corporaciones nos hacen consumir no lo que queremos y nos conviene, sino lo que la publicidad nos impone a través de un lavado mental: "No se puede defender la producción que satisface una necesidad si esa producción es lo que crea la necesidad". Pero Friedrich von Hayek, en mi opinión el más importante economista del siglo XX, nos explicó que nuestras necesidades naturales no van más allá del alimento, el techo y el sexo, mientras que todo lo demás lo hemos aprendido: "Decir que un deseo no es importante porque no es innato equivale a mantener que ninguno de los logros culturales del hombre es importante".
 
Galbraith creía que empresas como la General Motors nos imponían los vehículos que debíamos utilizar. Yo trabajé en GM a mediados de los años 60, cuando esa empresa estaba en su cúspide y su directiva apoyaba el libre mercado; fue a raíz de la "invasión japonesa" cuando GM cambió su política y exigía protección gubernamental, lo cual terminó acelerando su caída, además que empresas como Toyota abrieron fábricas en EEUU sin el inmenso peso de los contratos laborales de Detroit. La lección es que la publicidad ayuda, pero es incapaz de defender contra mejores productos en un mercado libre.
 
Galbraith fue embajador en la India en tiempos de Kennedy, donde ayudó a mantener el socialismo instalado por los colonialistas ingleses y la élite política local, graduada de Oxford y Cambridge. El 1° de Mayo, el principal periódico socialista inglés, The Guardian, publicó un extenso reportaje sobre el tributo y las alabanzas del ministro Gordon Brown –probable heredero de Tony Blair– sobre la obra de Galbraith. Es decir, el socialismo sigue rampante, a pesar de sus repetidos fracasos.
 
 
© AIPE
 
Carlos Ball, director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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