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LA LIBERTAD Y SUS ENEMIGOS

La ciencia como instrumento de opresión

El factor religioso es uno de los instrumentos más efectivos que han utilizado los poderosos para mantener dócil al pueblo. Por eso no es de extrañar que, a lo largo de los siglos, la religión haya estado íntimamente ligada a la intolerancia, el oscurantismo y la violencia. La espiritualidad era un factor secundario frente a las ansias de dominio.

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Gobiernos absolutos y religión ocupan muchas de las más negras páginas de la historia de la humanidad. Y aquí incluimos al comunismo porque se ha demostrado que los resortes psicológicos en que esta doctrina se apoya son los mismos que los de un culto.
 
Esta situación de sometimiento provocaba grandes sufrimientos a la gente común, a la vez que amplios perjuicios económicos. Es por eso que ciertos pensadores –entre ellos destacados sacerdotes– se esforzaron por desentrañar cuál es el sentido de la vida y con qué objetivo se tolera que algunos "manden". Es decir, con qué fin fue creado el Estado.
 
El punto más alto de estas reflexiones llegó con el movimiento intelectual europeo conocido como La Ilustración (1688-1830). Fue entonces cuando triunfó la idea de que todo hombre tiene derecho a buscar su propia felicidad; en otras palabras, el reconocimiento de que, por su propia naturaleza, es un ser libre, dotado con el raciocinio necesario para tomar sus propias decisiones con respecto a sí mismo. Su único limite es respetar el mismo derecho a los demás. Fue la victoria de la tolerancia y de la convivencia pacífica.
 
Luego se planteó el siguiente problema: ¿cómo asegurar que los que tienen el poder no lo utilicen para destruir la libertad de sus semejantes? ¿Cómo impedir que los gobernantes, siguiendo inclinaciones ancestrales, pretendan "tutelar" a los pueblos? La respuesta a que se llegó fue que eso únicamente se lograría a través de un Gobierno sometido a la ley común y limitando el poder mediante una Constitución.
 
Constitución de EEUU.Aquí conviene aclarar que la única finalidad que tiene una Carta Magna es garantizar y proteger en forma efectiva la vida, la libertad y la propiedad de los individuos contra los atropellos de los gobernantes. Pero hoy en día se llama "constitución" a cualquier cosa, notoriamente en Latinoamérica, donde se utiliza como un justificativo más para violar los derechos civiles. La expresión en inglés, Bill of Rights (Carta de Derechos), es más adecuada porque es inequívoca.
 
Un auténtico Estado de Derecho es lo único que garantiza que la vida tenga algún sentido. Sin él, no somos más que obreras en un hormiguero.
 
Actualmente, al menos en Occidente, la religión ha sido suplantada por la "ciencia" como modo de someter a los individuos y ahogar posibles objeciones. Al principio, las medidas tomadas sobre esas bases parecen inofensivas y cuentan con aprobación mayoritaria. En apariencia, la razón "científica" para tomarlas justifica avasallar los derechos individuales.
 
Por ejemplo, en Uruguay hay informes que indican: "En la información epidemiológica disponible se advierte que el humo de tabaco se relaciona directamente con las dos principales causas de mortalidad en nuestro país: las enfermedades cardiovasculares y el cáncer". Para luchar contra ese "flagelo", el Gobierno decreta la prohibición de fumar en "todo local cerrado de uso público y toda área laboral, ya sea en la órbita pública o privada".
 
Entonces, ¿dónde quedan el derecho de propiedad y la libertad individual? ¿La autoridad gubernamental alcanza ámbitos privados? ¿Puede el Estado, en contra de nuestra voluntad, considerarnos "pacientes" a todos?
 
Frente a las críticas, el Gobierno señala que se apoya en el artículo 44 de la Constitución, que en el inciso segundo dice: "Todos los habitantes tienen el deber de cuidar su salud". De lo que deduce que el Estado puede "obligar" a las personas a cuidar su salud.
 
Ya algunos hablan de internar compulsivamente en clínicas antitabaco a quienes violen reiteradamente el decreto. ¿Alguien recuerda cómo comenzó un tal Adolfo Hitler?
 
 
© AIPE
 
Hana Fischer, analista política uruguaya.
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