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UNA VISIóN ADVERSA

La debilidad del marchito euro

Hans F. Sennholz

En otros tiempos, los mercados de valores del mundo seguían unas reglas tradicionales. Por ejemplo, cuando un país sufría un sustancial déficit en cuenta corriente, surgían presiones para devaluar su moneda. Recientemente, esta regla parece haber perdido fuerza. Estados Unidos sufre enormes déficit, pero el dólar sigue resplandeciente. Mientras tanto, los países europeos reportan grandes superávit en sus cuentas comerciales, lo cual solía asegurar la solidez de la moneda, pero el euro sigue débil. Ahora vale menos de 90 centavos de dólar.

Las tasas de interés fijadas por los bancos centrales afectaban a la tasa de cambio al influenciar los precios de las mercancías y, por lo tanto, el comercio internacional. Un banco central que fijara las tasas por debajo del mercado debilitaba su moneda. Pero la Reserva Federal de Estados Unidos ha rebajado los intereses cinco veces este año sin afectar al dólar.

Una expansión económica también influenciaba a la tasa de cambio. Un rápido crecimiento no sólo atraía capital extranjero sino que presionaba los precios hacia abajo y el cambio hacia arriba. Sin embargo, aunque el crecimiento europeo actualmente es mayor que el de Estados Unidos, el euro no sube.

Los mercados cambiarios parecen estar regidos por reglas nuevas, por nuevas causas y efectos, lo cual confunde a muchos analistas. Esa confusión se multiplica por las grandes pérdidas sufridas en las inversiones en euro, lo cual crea desconfianza en la moneda europea y en la habilidad europea de instrumentar reformas.

Puede que pase mucho tiempo antes de que se recupere la confianza en el euro. Hay dos razones fundamentales que mantienen deprimido el euro. Primero, las once naciones europeas que se están cambiando al euro, están aprovechando la oportunidad para confiscar fondos obtenidos ilegalmente. Quieren no sólo impedir el lavado de dinero sino atacar a los mercados negros que evaden el pago de impuestos, los controles de precios y demás restricciones gubernamentales.

Todos los bancos comerciales de la zona del euro que van a manejar el cambio de monedas tendrán que reportar a las autoridades las transacciones por cantidades grandes. Muchos ahorradores europeos tienen fondos ilícitos y, sean estos grandes o pequeños, están muy asustados. La salida es convertir sus ahorros en dólares y, entonces, la víctima es el euro.

En segundo lugar, hay muchos fuera de la zona del euro que manejan monedas europeas: comerciantes, agricultores y trabajadores en Polonia, Croacia, Eslovenia, Hungría y demás naciones que tienen sus ahorros en marcos alemanes. Se han podido enterar de la reforma monetaria, pero no saben dónde cambiar sus marcos por nuevos euros. Y sus gobiernos pueden ponerle la mano a esos ahorros para reforzar sus escasas reservas o querrán multarlos por evasión de impuestos. El temor hace que gasten el dinero o lo conviertan en dólares Y la conversión va a ser un proceso costoso, ya que los bancos extranjeros tendrán que hacer los trámites con bancos de la zona del euro, reportando los nombres de los depositantes. Sólo en los mercados negros se podrá hacer el cambio anónimamente, pero pagando una prima alta.

Es difícil estimar las magnitudes, pero no hay duda que las cantidades son inmensas. El mercado informal de la zona del euro ha sido estimado en el 16 por ciento del PIB y el efectivo utilizado para transacciones en estos mercados negros se calcula en un 25 por ciento del PIB. Estos fondos actualmente en circulación suman unos 64 mil millones de euros. Una fuga hacia al dólar de tal magnitud afectará mucho al euro.

Es una increíble falta de consideración exigirle a millones de personas que transfieran su viejo dinero a cuentas bancarias en euros en apenas dos meses, enero y febrero de 2002.

Estos graves problemas se hubieran evitado si los países del euro hubieran llevado a cabo una reforma simple, sin declararle la guerra a los lavadores de dinero y a los informales. Se trata de guerras que ningún gobierno ha ganado por más brutales que sean sus medidas, pero sí hacen inmenso daño a la cooperación económica. Desde el lanzamiento del euro, el 1 de enero de 1999, el conflicto ha afectado tanto la productividad europea como al futuro del euro.

© AIPE

Hans F. Sennholz fue presidente de FEE, es profesor emérito de Grove City College y académico del Ludwig von Mises Institute