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ÚLTIMO LIBRO DE FERNANDO R. GENOVÉS

La escritura elegante

Es el título del libro de Fernando Rodríguez Genovés. He leído sólo transversalmente algunos capítulos de este sugerente libro y me parece una documentada meditación sobre el poder del ensayo como género filosófico en lengua española. Sin embargo, porque defiendo el poderío del pensamiento español sobre el idealismo alemán, la grandeza de la poesía sobre la “filosofía” racionalista, estoy lejos, muy lejos, del amigo Fernando R. Genovés, cuando intenta mantener de modo “claro” y “distinto” una diferencia de grado entre “ensayo” y “ensayo filosófico”.

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Difícil es mantener esta distinción sino es cayendo en todos los errores y excesos del “filósofo-rey”, o sea, del filósofo que sostiene toda su racionalidad en un acto de voluntad irracional. Nunca está claro, pues, dónde termina la poesía y dónde comienza la filosofía, y viceversa.
 
La relación entre creación y pensamiento es uno de los hilos conductores del libro. Entre otros autores, Genovés pasa revista a Santayana, Machado, Zambrano, Savater y, sobre todo, Ortega como exponentes decisivos a la hora de estudiar las siempre complicadas relaciones entre poesía y filosofía. La lectura de este libro me ha hecho recordar, y es lo mejor que se me ocurre decir sobre él, los problemas filosóficos que se planteara el joven Lukács, el pensador húngaro, que aún no se había extraviado por los andurriales del marxismo estalinista, en cierto sentido, por las exageraciones totalitarias del racionalismo moderno. Al lado del libro de Genovés, o paralelamente con su lectura, me gustaría aconsejar el estudio de la Poética universalista de Lukács, esbozada en El Alma y las Formas y La Teoría de la Novela, como estímulos intelectuales para quienes reprueban no sólo las certidumbres de carácter idealista sino las deconstrucciones escépticas de la actual “filosofía” “académica” española.
 
Rodríguez Genovés al modo de Lukács, aunque sin saberlo, intenta responder a una cuestión sutilmente planteada con diferentes matices en la filosofía alemana que va de Dilthey y Simmel a Windelband, Rickert y Lask, pasando por la filosofía de los valores, el neokantismo y la fenomenología. El devenir de la vida, no menos que su difícil insondabilidad, de la que surge todo pensamiento, según toda esa  inmensa cultura filosófica de la que se siente deudor Lukács, trasciende sin embargo a cualquier forma de pensamiento. Para dar una respuesta a este problema racio-vitalista, dicho con lenguaje orteguiano, surgido del complejo entramado filosófico del vitalismo y la fenomenología ante el siempre poderoso neokantismo, Lukács recurre al ensayo, que sería la mejor forma, la principal categoría literaria moderna, para resolver el dualismo entre la “lógica” y la “vida”. Sólo el estilo indirecto y alusivo del ensayo es plausible para no anegar la vida en el pensamiento. A la verdadera vida es imposible representarla directamente. El comienzo de El Alma y las formas es suficientemente elocuente de lo que digo: “Amigo mío: Tengo ante mí los ensayos destinados a este libro, y me pregunto si es lícito editar trabajos así, si de ellos puede nacer una nueva unidad, un libro. Pues para nosotros lo que importa ahora no es lo que estos ensayos puedan ofrecer como estudios ‘histórico-literarios’, sino sólo si hay algo en ellos por lo cual puedan llegar a una forma nueva y propia, y si ese principio es el mismo en todos ellos.” 
 
He ahí una muestra, una descripción expresiva de la distancia abierta entre la vida y su teorización, entre el vivir y su delicuescente significado, entre la unidad de valores vinculados por ideales clásicos y la absoluta dispersión de la “novela” moderna, en realidad de la modernidad, que arroja al individuo al abismo del azar y la incertidumbre. Porque Rodríguez Genovés, como el joven Lukács, o sea, el fuertemente influido por Ibsen, vive y, a veces, escribe trágicamente esa escisión entre vida y razón, entre el alma y algunas de sus formas, no es descabellado mantener que le hubiera gustado escribir antes poesías que ensayos, antes “escritura elegante” que “filosofía académica”. Un imposible. Porque Rodríguez Genovés, como en su tiempo  Lukács, habían bebido desde muy pronto el veneno de la filosofía académica alemana, la “filosofía” que olvida la vida por la idea, no tiene otra “opción” que “el recto camino de la razón o el seguro camino de la ciencia”.
 
Esta opción “irracionalista” por la razón de Rodríguez Genovés es paradójica, incluso contradictoria, pero nadie puede poner en duda su honradez. Un ejemplo de este dramatismo es la meditación dedicada a Bergson, a propósito del libro Imposturas intelectuales de Sokal y Bricmont: por un lado, se le desprecia por tener “un discurso filosófico de oscura y dudosa coherencia”; sin embargo, por otro lado, se canta el respeto que logró Bergson de su generación, y de otras posteriores, y que, además, recibiese el Premio Nobel de Literatura... Mirado de otro modo, ¿nos extrañaríamos hoy si Platón recibiese el Nobel por sus Diálogos?
 
El joven Lukács, en fin, sabía que  curarse del mortal bebedizo de la filosofía idealista alemana, de la filosofía racionalista, no era fácil, pero buscó una alternativa literaria en la gran cultura de la “Mitteleuropa”: Ya que no podemos hacer poesía, hablemos de ella bellamente, quizá poéticamente. ¡Sólo la alusión poética de la propia poesía puede liberarnos de sus peligros! ¡Sólo cuando Lukacs habló de poesías ajenas consiguió liberarse de la prosa filosófica y, también, de la prosa de la vida! Rodríguez Genovés tiene una ventaja sobre Lukacs, o sea, podría curarse de su racionalismo recurriendo a una tradición más fuerte que la Centroeuropea: la hispánica. Releer con otra mirada, o sea, con realismo, a nuestros clásicos desde la Epístola moral a Fabio hasta Zambrano, pasando por Ortega y los grandes de Hispanoamérica, es la solución. ¡Vuelta al mundo clásico si queremos salvar la modernidad!
 
En cualquier caso, Rodríguez Genovés, como el primer Lukács, opta por el decir poético, aunque no logra percatarse de que la Literatura, en mi modesta opinión, es también una forma de racionalidad pública como la “filosofía”: “Entenderemos aquí por escritura elegante, y a cuento de la filosofía, la exquisita y selecta manera de decir, de comunicar, de hacer pública, una penetrante meditación sin tener que mudar por ello de género literario, sin tener, por tanto, que caer en brazos de la Literatura.” La escritura de Rodríguez Genovés no es, en efecto, literatura, pero a veces se acerca. Es lo que tiene de ensayo este libro ¡Quizá algo más que mediocre poesía, o sea conocimiento, y menos que fea filosofía, o sea bello decir!
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