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DESARROLLO

La maldición del petróleo

La abundancia de recursos naturales a menudo resulta en el estancamiento de los países pobres, no en su desarrollo. Así, el nivel de vida de los miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) ha caído sostenidamente durante los últimos treinta años.

Venezuela, una nación bendecida con grandes reservas de petróleo y gas natural, se ha empobrecido. Y su empobrecimiento ha aumentado paralelamente al aumento de los ingresos del Gobierno por la venta de petróleo.
 
En el mundo, los países que cuentan con grandes riquezas naturales tienen un bajo crecimiento económico, menos inversión y exportación, educación y salud pública deficientes y una mayor corrupción. Bolivia tiene la segunda reserva más grande de gas natural, pero padece inestabilidad, violencia y miseria. Esta maldición se observa también en África, rica en diamantes, minerales y petróleo, pero sumida en la pobreza, el hambre y la corrupción.
 
Paraguay ha sido víctima de esta maldición: tiene el mayor potencial de energía eléctrica renovable del continente americano, pero su electricidad es cara, su exportación es casi inexistente, no se han desarrollado industrias que hagan uso intensivo de la misma y la mitad de los paraguayos siguen utilizando leña como fuente de energía. La abundancia de energía a disposición del Gobierno convirtió a Paraguay en el único país de la región que no ha realizado las reformas, ni modernizado su sector eléctrico, y que continúa atado a un obsoleto monopolio estatal.
 
La maldición del petróleo tiene varias explicaciones. Una es la valoración excesiva de la moneda. Los ingresos en dólares por la exportación de hidrocarburos tienden a elevar el tipo de cambio en el país productor, reduciendo la competitividad de otros rubros como la agricultura, las manufacturas y la industria. Además, cuando el precio del petróleo está alto los gobiernos se inclinan a gastar todo y a endeudarse, sin ahorrar nada para cuando vuelva a caer. Y lo peor, gastan en agrandar el aparato estatal, contratar más funcionarios y construir obras públicas innecesarias, los llamados "elefantes blancos".
 
Pero el perjuicio más importante de la abundancia de recursos naturales es que libera a los gobiernos de tener que instrumentar reformas de mercado, mantener la disciplina monetaria y fiscal y consolidar sus estados de derecho. Las regalías por el petróleo o la energía no sólo son dilapidadas sin que lleguen a los pobres, sino que son utilizadas por los gobiernos populistas para fortalecer el estatismo y la corrupción, preservando sus clientelas políticas. Por eso algunos países desarrollados han optado por distribuir los ingresos del petróleo directamente a las familias.
 
Los países ricos en petróleo y minerales son los más corruptos y los que menos ayudan a sus pobres. También son los que más dictadores, guerras civiles y conflictos han generado. El hallazgo y la explotación de petróleo en Paraguay, en lugar de resultar una bendición, podría, así, volverse otra pesada carga para la gente.
 
La única defensa contra esta maldición está en fortalecer la justicia, la transparencia y el libre acceso a las fuentes de información. Los pocos países que han evitado la maldición crearon sólidas instituciones legales, transparentaron la gestión de su gobierno, divulgaron todos los documentos "sensibles", como los contratos con las petroleras, y eliminaron la corrupción.
 
Por fortuna, los pueblos no necesitan de petróleo, gas o electricidad para progresar, como lo demuestran muchos países desarrollados que carecen de ellos. Lo único que necesitan es la liberalización de sus economías para que la gente prospere.
 
 
© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala, corresponsal de AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.