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PARAGUAY

Las recetas de la miseria

A Peter Bauer, el gran experto en desarrollo, le preguntaron una vez cuál era la causa de la pobreza. “La pobreza –dijo– no tiene causas. Es la condición natural del hombre, ha existido por millones de años. Sólo la riqueza tiene causas que se deben averiguar. Esto lo vienen haciendo los economistas desde hace más de 200 años, cuando Adam Smith publicó 'La Riqueza de las Naciones', investigando las causas de por qué algunos países se volvían ricos”.

Pero si la pobreza no tiene causas, yo creo que sí tiene culpables. Ello se ve claramente en mi país, Paraguay, que es un laboratorio de recetas para traer la miseria. Y hasta cuando copiamos las recetas de los países ricos y no copiamos las políticas de libertad económica que siglos atrás los llevaron al progreso, cuando eran países pobres, sino las políticas actuales de los mismos basadas en altos impuestos, proteccionismo y fuerte gasto social, olvidando que ellos pueden darse lujos que los pobres no.
 
La culpa de la pobreza comienza en la política criolla que desde los años 40 se ha convertido en la lucha de grupos por adueñarse del botín estatal. La mayor aspiración es manejar el Estado y vivir de él. Y nada cambia. La caída de la corrupta dictadura stronista en 1989, después de 35 años de opresión y despojo a la gente, trajo las libertades políticas, se hicieron elecciones limpias y se respetó la libertad de prensa. Fue un enorme avance que despertó grandes esperanzas. Pero no se construyó un Estado decente y una democracia estable. Por el contrario, los viejos partidarios del dictador pronto desataron los perros de la inestabilidad política. En medio de la violencia, un golpe parlamentario derrocó al gobierno electo y ubicó en el poder un régimen ilegítimo que malversó hasta el hartazgo, desarticuló el estado de derecho y dejó al país en la ruina.
            
Los políticos “progresistas” aplicaron las recetas del populismo de los años 60, restringiendo las libertades económicas, más que en épocas de la dictadura. Sobrevino el estancamiento y se generalizó la corrupción. Los legisladores en busca de votos atropellaron la propiedad privada promoviendo invasiones, expropiaciones y reparto de tierras. Los robos se extendieron al ganado, los árboles, la quema de cultivos y asalto a propietarios. La violencia e inseguridad reinan soberanos. En un país agrícola no existe en el campo el mínimo respeto por los derechos de propiedad, el elemento más importante del progreso. Es difícil imaginar una receta más segura para la miseria.
            
Pero quedan varias recetas más. Paraguay es el único país sudamericano que no hizo reformas ni privatizaciones. Para los gobernantes era mejor mantener al ejército de empleados públicos dependientes del poder político y aumentar el gasto público a voluntad. La deuda externa se multiplicó. El dinero de los créditos de desarrollo desapareció sin dejar rastros. Los bancos quebraron para desvalijar al erario y la gente. La banca pública y la seguridad social fueron saqueadas a mansalva. El PIB por habitante cayó a la mitad.
            
Aún así, la liberalización y reformas siguen aplazadas. Los monopolios estatales en agua, luz, teléfonos, petróleo y cemento protegen la clientela política, dan cargos a los amigos y enriquecen a los corruptos, y, lo más importante, aseguran que no vengan inversiones al país ni mejore la competitividad del sector productivo. Las rígidas leyes laborales y los extensos, costosos e inútiles trámites burocráticos condenan a la gente humilde a la informalidad. El golpe final será el aumento de impuestos. Así frenan el crecimiento y el empleo, a la vez que promueven la coima.
            
Pero hay más. Los empresarios nunca serán competitivos fuera de sus minúsculos mercados cautivos gracias al proteccionismo, prebendas, subsidios y elevadas tarifas que le otorgan sus amigos en el gobierno. Los políticos paraguayos prefieren seguir los pasos de Chávez, Kirchner, Lula y otros próceres del socialismo radical, se oponen al ALCA, defienden un Mercosur cerrado y rechazan la estrategia exportadora de Chile. En un país mediterráneo se declaran enemigos de la apertura comercial y la libertad económica.
            
Sumir en la pobreza a un pueblo bendecido con tantas riquezas exige dedicación de los gobernantes.
 
Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de © AIPE en Asunción, Paraguay, y presidente del Foro Libertario.
 

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