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LIBERTADES

Legalicemos todas las drogas

Para mi sorpresa, el otro día di con mi cara bonita en la página de cotilleos del New York Post; sobre un pie de foto que decía: "John Stossel, de la cadena ABC, quiere que el Gobierno deje de interferir en el derecho de la gente a colocarse (...) La concurrencia guardó silencio ante su llamamiento a la legalización de las drogas duras".

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Todo esto está relacionado con mi asistencia a un acto organizado por el Marijuana Policy Project para celebrar la aprobación, por parte del Legislativo del estado de Nueva York, de una ley –que aún no ha recibido el visto bueno del Senado local– por la que se autoriza el uso de la marihuana con fines terapéuticos. Cuando me dirigí a los allí presentes, dije que resultaba patético que se considerara digno de celebración el hecho de que una propuesta de este tipo haya conseguido llegar al Senado. Claro que el uso terapéutico de la marihuana debería ser legal. De hecho, para los adultos todo debería ser legal.
 
Luego de incontables años de informar sobre ella, estoy convencido de que la guerra contra las drogas es más perjudicial que cualquier sustancia estupefaciente.
 
Los adultos deberían ser dueños de sus propios cuerpos, así que no es intelectualmente honesto abogar por que "sólo la marihuana" sea legal, y sólo para fines terapéuticos. Deberían ser legales todas las drogas.
 
"¿Cómo puede usted decir una estupidez como ésa?", me preguntó una vez mi ayudante. Y añadió: "Los efectos de la heroína y la cocaína no tienen vuelta atrás. En cuanto al crack, basta que lo pruebes una sola vez para que te quedes enganchado. La legalización de las drogas haría que creciera el número de drogadictos, lo que a su vez se traduciría en un aumento de la violencia, de la pobreza, del número de niños nacidos fuera del matrimonio, etcétera".
 
Los argumentos de mi ayudante son los típicos de los que libran la referida guerra contra las drogas, y puede que la mayoría de los americanos esté de acuerdo con ellos. Si así fuera, la mayoría de los americanos estaría equivocada.
– Mito nº1: Los efectos de la heroína y la cocaína no tienen vuelta atrás
 
En la década de los 80 la prensa decía que los crack babies [hijos de madres adictas al crack] sufrían "daños irreparables". La revista Rolling Stone se basó en un estudio realizado sobre sólo 23 criaturas para sostener que los crack babies eran como los "autómatas" y no reaccionaban ante las muestras de cariño.
 
Eso no es verdad. Así de simple. No hay una sola prueba de que los crack babies se desenvuelvan peor que los demás niños.
 
– Mito nº2: Si pruebas el crack una sola vez, ya estás enganchado
 
Echemos un vistazo a los datos de este estudio de 2003. Si bien el 15% de los adultos jóvenes había consumido crack alguna vez, en el mes previo a la consulta sólo lo había hecho un 2%. Si el crack es tan adictivo, ¿por qué la mayor parte de quienes lo han probado no lo consume habitualmente?
 
Hubo un tiempo en que solía decirse que era prácticamente imposible dejar la heroína, pero lo cierto es que el 85% de los soldados que la probaron en Vietnam dejaron de tomarla al volver a casa (en el primer año).

La gente es libre. Con el tiempo, la mayoría de los que consumen drogas se centran y las dejan. Por otra parte, la mayoría de los consumidores habituales lleva una vida perfectamente responsable, como ha escrito Jacob Sullum en el libro Saying Yes (Decir sí).
 
– Mito nº3: Las drogas fomentan el crimen
 
No: es la guerra contra las drogas lo que provoca que haya crímenes.
 
Son muy pocos los consumidores que atacan o roban a la gente porque están puestos. La mayoría de los delitos se producen porque las drogas son ilegales y sólo pueden conseguirse en el mercado negro. Los traficantes se arman y forman bandas porque no pueden pedir a la policía que proteja sus vidas y propiedades. Asimismo, hay consumidores que roban para poder pagar los altos precios que se piden en el mercado negro.
 
El Gobierno dice que la heroína, la cocaína y la nicotina son prácticamente igual de adictivas, y cerca de la mitad de quienes consumen coca y tabaco afirman que el mono de nicotina es, por lo menos, igual de fuerte que el de cocaína. Ahora bien, nadie va por ahí atracando estancos para fumarse un Marlboro.

La Ley Seca creó a Al Capone y las organizaciones mafiosas. Los efectos de la prohibición de las drogas son todavía peores: está sumiendo en la corrupción a países enteros y financiando el terrorismo.
"Stossel admitió que su propia hija, de 22 años, no cree que [la legalización] sea una buena idea", decía el New York Post. Bueno, lo que dijo mi hija es que la legalización de la cocaína daría pie, probablemente, a un mayor uso –y abuso– de dicha sustancia.
 
Yo no estoy tan seguro. Lo que está claro es que la prohibición de las drogas no ha impedido a los jóvenes acercarse a ellas. Y si ni siquiera hemos conseguido erradicarlas de las cárceles, ¿cómo podemos esperar que desaparezcan del país entero?
 
Con todo, asumamos que mi hija está en lo cierto, que la legalización llevaría a que se experimentara más con las drogas y hubiera más adictos. Pues aun así seguiría diciendo: lo mejor es legalizarlas.

Si las drogas perjudican a muchos, el mercado negro perjudica a muchos más. Pero lo más importante de todo es esto: en un país libre, los adultos deben tener derecho a perjudicarse a sí mismos.
 
 
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