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DRAGONES Y MAZMORRAS

Literatura para sobrevivir

Hoy, al día siguiente del 11M, cuando la fea realidad se ha mostrado de forma  tan brutal, tan rotunda, puede parecer muy lejano, muy superfluo hablarles a ustedes de literatura, ni de nada relacionado con su mundo o con ella. Pero resulta que la literatura es uno de los mayores paliativos contra el dolor y algo de lo que, como tantas veces ocurrió en el pasado, cabe esperar liberación, catarsis.

No de otra cosa se habló, en definitiva, en Pamplona, en aquel coloquio internacional sobre la obra de José Jiménez Lozano del que les avancé el otro día la noticia y casi se puede decir que el contenido de mi intervención en el mismo. Pero hubo otras intervenciones infinitamente más importantes, más medulares. No les voy a analizar aquí el contenido de lo dicho, pero no quiero dejar de referirme a las principales: Gurutze Galparsoro esbozó un retrato biográfico hábilmente compuesto con palabras del autor estudiado, extraídas de aquí y de allá, a lo largo de su obra que ella conoce al dedillo y tal parecía que el propio JJL hubiera escrito una autobiografía y ella se limitara a leerla; Joaquín Puig de la Bellacasa, director general de Bellas Artes, habló del patrimonio en la obra de JJL y recordó algunas de las historias recreadas en ella; por su parte, José Ángel González Sainz, profesor de literatura española en Venecia, nos hizo viajar fuera y dentro del vientre de la ballena con Jonás, el más pequeño de los profetas, protagonista de la última novela publicada de JJL; Álvaro de la Rica, director de la cátedra Félix Huarte, patrocinadora del acto, habló sobre el libro de JJL Retratos y naturalezas muertas. Ana Kovrova, joven hispanista rusa, disertó sobre Dostoievski y JJL; Josef Forbelsky, checo, sobre el lugar que ocupa JJL dentro y fuera de su tiempo; Hans-Jörg Neuschäfer, alemán, se dedicó a Cervantes y, para terminar, clausuró el acto Manuel Casado, vicerrector de la Universidad de Navarra. Hubo además, una tanda de comunicaciones universitarias, muy preparadas y  especializadas en las que se llegaron a analizar hasta los “cronotopos imaginarios” de la obra de JJL, y no eran pocos. 
 
Todo se desarrolló en un clima muy íntimo, muy recogido, como corresponde a un autor “secreto”, de esos de los que hablaba yo en mi comunicación. No cabe esperar de otra cosa de quien tituló “Para cuatro personas” el primer poema de su libro Elegías menores:                    
 
Escribía, dijo
Maestro Ezra Pound, poeta,
para cuatro personas;
for four people,
afirmó exactamente,
y que lo sentía por el mundo,
que no las conocía. Pero cuatro
personas son una multitud, es obvio.
No podría
yo escribir para tantos, y tampoco
conoce a mi gente el mundo
O poor world, I am sorry!
 
Alguien, José Jiménez Lozano, de quien cierto autor conocido por sus biografías desmitificadoras dijo, no sin malicia, que si le dieran el Premio Nobel de Literatura (y por qué no), y una vez pasados los primeros momentos, volvería a ser un señor que vive en Alcazarén. ¿Es que acaso una persona a la que han dado un premio Nobel es algo más que un particular que escribe? ¿Por qué habría de ser de otro modo?
 
Que se lo pregunten, si no, a Imre Kertész, que estuvo en Madrid dos días antes de la tragedia y declaró que había sobrevivido a Auschwitz y a la dictadura comunista, pero que no sabía si podría sobrevivir al premio Nobel. Tuve el gusto de oírle hablar en el Círculo de Lectores, en Madrid, dos días antes de la tragedia. Le entrevistaba Juan Cruz, responsable de Alfaguara, editorial en la que aparece, al mismo tiempo que en el Círculo, la traducción de Adam Kovacsis de Liquidación, última novela de Kertész,  primera según dijo que ha escrito en libertad, y primera desde que le dieran el premio. Como me ha ocurrido otras veces, al leer lo que dicen en los periódicos al día siguiente de lo que allí se dijo, no sé si he asistido al mismo acto o bien si me equivoqué de persona. Tal vez sean las dos cosas, porque en general a las presentaciones no van los periodistas, sino que a éstos los suelen reunir a solas con el autor unas horas antes y eso es lo que reflejan, casi siempre mal, en sus reseñas. En este caso no merecí yo tal honor y tuve que conformarme con el baño de multitudes, porque es lo que había aquella tarde en torno al autor húngaro. Incluso hubo una pequeña cola a la entrada, debida al tapón que se producía cuando nos entregaban los audífonos, pues el autor hablaba en húngaro, que no en búlgaro, como dijo algún despistado. Aún así, no creo que lo que dijera entonces fuera muy diferente a lo que les pudo decir a los periodistas. A pesar de que Juan Cruz intentó centrar la atención sobre el trauma de Auschwitz, Kertész insistió reiteradamente en que lo peor que le había pasado en su vida, incluida la terrible experiencia de los campos, fue los sufrimientos infligidos por la dictadura comunista. Les transcribo las notas que tomé del diálogo al respecto:
 
Juan Cruz, después de que Kertész dijera lo anterior: “¿Y Auschwitz? ¿Nos centramos en eso? ¿Qué supone Auschwitz en la historia de la humanidad?”
IR: “Es difícil interpretarlo sino como una ruptura básica en la moral del hombre europeo. Una situación en la que los valores de siempre ardieron en los crematorios. En Auschwitz fue difícil sobrevivir físicamente pero también lo fue moralmente. Cuando se es joven se adapta uno fácilmente. Cuando salí, yo no reprimí los recuerdos, pero no me ocupé de esa época de manera especial. Ahí, en Hungría bajo el estalinismo, entre el 49 y el 54, ahí fue donde aprendí lo que significaba la dictadura total, y vi el aplastamiento del 56 y la adaptación de la gente a la dictadura, eso me hizo comprender lo que había sido Auschwitz. El comunismo para mí es la magdalena de Proust que provoca los recuerdos. Entretanto me hice escritor y fue una decisión imposible en esa etapa política. Yo me quería escritor libre; tuve que vivir otras cosas.”
 
Pues eso.
 

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