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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Los mafiosos se invitan al entierro

Se dice que W. C. Fields, el actor norteamericano, afirmaba que una persona que odiaba a los niños y a los animales no podía ser mala del todo. Juan Cruz, él, escribe en El País" (2-V-06) que, puesto que Jean-François Revel era amigo de Mario Vargas Llosa, no podía ser malo del todo. Lo siento, pero para ustedes era pésimo: su más inteligente enemigo.

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Maticemos: es cierto que Vargas Llosa era amigo de Revel, y, si no me falla la memoria, cuando Mario era candidato a la presidencia del Perú invitó a Revel para que le respaldara y le aconsejara, y además de todos los guateques que celebraron juntos, y que ignoro, cuando Mario se refiere a Revel en sus escritos siempre lo hace positivamente. Cabe preguntarse si ocurriría lo mismo hoy –o mejor dicho, ayer–, porque si Revel, desde hace por lo menos 40 años (Ni Marx, ni Jesús es de 1970), no cambió nada de fundamental en su pensamiento liberal, Vargas ha cambiado mucho.
 
Por ejemplo, ¿estaban de acuerdo en lo relacionado con la intervención aliada en Irak? Está visto que no. Yo, que no leo todo, he leído cosas de Mario confusamente opuestas a dicho intervención, y de Revel a favor. Las relativamente recientes barrabasadas de Vargas contra el "energúmeno" Sharon y contra Israel no las ha escrito nunca Revel; al revés. Podría multiplicar los ejemplos, para demostrar cómo iban distanciándose dos escritores que estuvieron muy unidos en un periodo.
 
Alguien podrá pensar que el éxito, los honores y las prebendas, a lo que habría de añadirse la estrecha colaboración de Mario con el Imperio Polanco, sus propios honores y prebendas, que crean simbiosis, han descafeinado su pensamiento crítico y liberal –porque lo fue–, sumiéndole en la verborrea del conformismo intelectual. Pero la explicación se quedaría corta, tal vez porque, aunque menos que Mario, por haberlos buscado menos, también Revel ha obtenido premios: fue académico, y todos esos honores que "afeitan", como se dice para los toros; sin embargo, hasta el último momento se mantuvo crítico, inconformista y liberal, demostrando así que se puede ser académico de la lengua, y recibir la Gran Cruz de Isabel la Católica de manos de José Maria Aznar, y seguir pensando. Claro que el caso es poco frecuente.
 
En El País, tanto Juan Cruz como José María Martí Font, en sus necrológicas, insisten en que Revel era un hombre que "amaba la vida", los viajes, la literatura; un gourmet, nada sectario en sus amistades; todo ello aparentemente amable, simpático y convivial, pero en realidad les sirve para echar arena sobre el incendio, porque Revel era (es) el incendio permanente. Martí Font, muy de paso, señala que "evolucionó del marxismo al liberalismo", pero en un párrafo anterior escribe que en su primer libro (no señor, el segundo): ¿Por qué los filósofos?, "ya denunciaba el marxismo y el totalitarismo soviético, al tiempo que atacaba a monstruos como Heidegger o Jacques Lacan".
 
Caricatura de Revel.Dejando la responsabilidad del calificativo de "monstruos" al filósofo Martí Font, me parece importante subrayar la singularidad de Revel en el paisaje intelectual; singularidad que choca frontalmente con todo lo que representan El País, la socialburocaracia, el zapaterismo, Le Monde, que despreciaba casi tanto como yo, así como el gaullismo y el chiraquismo, etcétera. Que los demás esperen en la antesala a ser citados. Conocer a Marx no quiere decir ser marxista.
 
Joven estudiante en Lyon, Revel colaboró con la Resistencia (en sus memorias cuenta sus hazañas con humor y distancia, sin tomarlas demasiado en serio, como tantos). Sus diplomas obtenidos, fue durante unos años profesor en el extranjero, México DF y Florencia, por ejemplo. Afincado luego en París, abandona la enseñanza para lanzarse al periodismo y la edición. A principios de los 60 se encarga de las páginas literarias del semanario France-Observateur (luego transformado, en todos los sentidos, en Le Nouvel-Observateur).
 
Dejaré el catálogo de sus actividades, de sobra conocidas, para decir que eligió colaborar con la izquierda no comunista y antigaullista (De Gaulle volvió al poder en 1959), pero enseguida se dio cuenta de que su firme anticomunismo se enfrentaba a la sopa boba de esa "nueva izquierda" que se declaraba no comunista pero al mismo tiempo afirmaba que los comunistas eran sus "aliados objetivos", cuando no compartían los mismo "valores"; que no se declaraba sierva de la URSS, como el PCF, pero prefería la URSS a los USA, cuando él opinaba todo lo contrario.
 
La ruptura fue inevitable, lo cual no quiere decir que Revel se enfadara personalmente con todos esos izquierdosos blandengues; llegó incluso a colaborar con Mitterrand, pero antes de que éste lanzara su OPA hostil contra el PS, le fagocitara y nombrara a cinco ministros comunistas cuando fue elegido presidente.
 
Otros dos temas fundamentales de esta ruptura fueron el capitalismo y el papel del Estado, porque sus ex amigos políticos tenían con el capitalismo semejantes remilgos que ante la URSS y el totalitarismo: eran, a veces, resueltamente anticapitalistas, pero las más de las veces partidarios del "Estado de Bienestar", o capitalismo de Estado; del mercado, sí, pero "controlado", frente a la libertad del mercado y el capitalismo liberal.
 
Mientras que Revel, afianzándose en su pensamiento liberal, defendía, como muy pocos intelectuales franceses, con la excepción de Raymond Aron, el capitalismo y la libertad de mercado, condenaba la burocracia estatal en todas sus manifestaciones, incluyendo la cultura, con ese chiste pesado de la "excepción cultural".
 
En resumidas cuentas, si Revel colaboró en un principio con esa izquierda no comunista fue porque pensó que era desde esa trinchera que mejor podía defender la libertad, y se dio cuenta de que estaba rodeado e enemigos de la libertad, de amigos vergonzantes de la URSS y partidarios de un Estado todopoderoso y de izquierdas, of course.
 
No se pasó por ello a "la derecha", por la sencilla razón de que en Francia la derecha es mayoritariamente antiliberal. Y si fuera necesario dar un ejemplo, Revel defendió contra viento y marea a Reagan y a Thatcher, y eso, en Francia, era cosa de hereje para todo el mundo.
 
Mario Vargas Llosa.No fue por casualidad que la primera colección que dirigió, para la editorial Jean-Jacques Pauvert, se titulara Libertés y fuera perfectamente iconoclasta. Tampoco fue por casualidad que viajara a menudo a los Estados Unidos y defendiera brillantemente la democracia norteamericana; y esto hasta ayer por la tarde, cuando de nuevo y muy solo, hasta contra Vargas Llosa, defendió a los USA en su guerra contra el islamismo radical y terrorista, se tratara de Afganistán, de Irak o de las demás zonas de combate.
 
Que nadie cuente con Revel, incluso muerto, para apoyar la estafa cobarde de la "alianza de civilizaciones" de Rodríguez Erdogán; en cambio, como buen liberal de hoy, era muy consciente de que el mundo es un pañuelo, y de que la economía, la política y la guerra son mundiales, así como las soluciones, y de que para que el hambre disminuya es necesario que el capitalismo aumente y se extienda a todos los rincones de la Tierra.
 
También despuntó entre los intelectuales europeos (y no sólo europeos) en su condena absoluta del terrorismo, y denunció el estúpido chantaje de que es "la única arma de los pobres", lo cual hasta en las escuelas galas se enseña. En sus artículos y libros condenó, sin los habituales remilgos, a ETA, como a las Brigadas Rojas italianas y a la RAF alemana; y, evidentemente, con una conciencia aguda de su peligrosidad, el terrorismo islámico, táctica inhumana empleada en la guerra declarada por el islam radical contra el Occidente infiel y los judíos.
 
Cediendo a la manía de la anécdota personal, recordaré que una vez me dijo que los que mejor analizábamos y condenábamos el totalitarismo comunista éramos, precisamente, los "ex". Discrepé, afirmando que dependía de quiénes. Discutimos sobre ejemplos franceses, pero ahora voy a dar españoles: ¿puede seriamente decirse que quienes mejor analizaron y condenaron el totalitarismos comunista son los F. Claudin, los S. Carrillo, los J. Pradera, los A. Elorza, los J. Semprún? Sería para troncharse de risa.
 
¡Seré imbécil! Si El País pretende ser amable con Jean-François Revel es sencillamente porque el Imperio ha publicado algunos de sus libros; porque se venden bien, como los de Vargas Llosa. Bien sabido es que para ellos, como para la Mafia, los negocios pasan antes que la ideología. Esto se confirma estos días, al ver cómo se asustan por lo que pasa en Bolivia. Resulta divertidísimo. Si Repsol fuera yanqui, otro gallo nos cantara.
 
¿Qué intereses tiene Polanco en Bolivia, nacionalizados o a punto de serlo, para que de pronto se pongan a defender la libertad del comercio y las inversiones extranjeras? Tú te lo guisas, tú te lo comes. Señorito.
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