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ECOLOGíA NEGATIVA

Los verdes perjudican a los pobres

Los artesanos que a comienzos de la Revolución Industrial asaltaban y destrozaban miles de fábricas y telares, incendiaban talleres y perseguían a los inventores en protesta contra las máquinas que los dejarían sin empleos no son muy diferentes a los eco-terroristas que destruyen cultivos y semillas transgénicas, como el incendio realizado por el Frente de Liberación de la Tierra (ELF, por sus siglas en inglés) en Tulare, California. Ambos se equivocan en temer el avance tecnológico. Y ambos perjudican a los pobres, a quienes dicen proteger.

Las nuevas máquinas y fábricas crearon miles de empleos por cada uno que se perdió en la vieja artesanía y mejoraron infinitamente el nivel de vida de los pobres. En 1760, cuando Arkwright inventó la máquina para el hilado de algodón, había en Inglaterra unos 8.000 tejedores. En 1787, los empleados en la producción textil ya eran más de 320.000. Es obvio que si se hubieran preservado los empleos de las fábricas de velas y carruajes, frenando la tecnología, hoy no hubiéramos tenido luz eléctrica ni automóviles y el nivel de vida de los pueblos habría sido muy inferior.

La esperanza de los pobres del mundo, tanto para incrementar su producción agrícola como para consumir suficientes alimentos está hoy centrada en los avances de la biotecnología y los cultivos genéticamente modificados (GM) o transgénicos. Sin embargo, las pérdidas de estas empresas causadas por las nocivas regulaciones de gobiernos estatistas y los continuos ataques de los “verdes” terminará frenando el avance de la biotecnología, en detrimento de los más pobres.

Los cultivos “orgánicos” que promueven las elites de izquierda y los verdes de Greenpeace como una alternativa a los cultivos transgénicos sirven únicamente a los países ricos, con recursos abundantes y sin el drama de la desnutrición. La productividad de los cultivos “orgánicos” es tan baja en comparación a los transgénicos que los agricultores europeos no pueden competir en los mercados internacionales. Por eso ponen trabas a la importación de alimentos. Los “orgánicos” son sólo un capricho de los ricos.

Unos 800 millones de pobres escaparán a la desnutrición solamente gracias al avance de la biotecnología y los cultivos transgénicos, como el arroz GM modificado para producir vitamina A adicional y un alto contenido de hierro. Este cultivo que evitaría la ceguera y la muerte de millones de niños y mujeres embarazadas aún no ha podido ser lanzado al mercado debido a la oposición de los ecologistas radicales, de países ricos, que no tienen deficiencia de vitamina A ni de hierro.

Los cultivos transgénicos vitales para los pobres incluyen el maíz, el algodón y la papa resistentes a insectos y las enfermedades, lo que reduce el uso de insecticidas y aumenta la producción por hectárea. La soja, el arroz, el maíz y el algodón resistentes a los herbicidas permiten el control económico de malezas sin usar implementos que erosionan el suelo. Los tomates GM de maduración retrasada mantienen su sabor, color y frescura durante más tiempo.

Los “verdes”, sin embargo, no sólo rechazan los estudios que demuestran que los alimentos GM son seguros para el consumo, sino que se oponen a que la gente elija si les conviene cultivarlos o consumirlos. Sobre la base del denominado “principio de precaución”, exigen a los gobiernos prohibir la comercialización de los cultivos GM hasta que con los años se pruebe que son inofensivos. Ello no perjudicará a los ricos en Europa, Japón y Estados Unidos, sino a los pueblos pobres del mundo cuyas esperanzas y futuro están aniquilando, en lugar de ayudarlos como pretenden hacer.

© AIPE

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal en Asunción de la agencia de prensa AIPE.