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ECONOMÍA

Mentiras universales

La hueca sonrisa del señor Zapatero en las pantallas de televisión y las portadas de los periódicos simboliza la gran mentira que ha sido la reunión del G-20 en Londres.

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Los días 1 y 2 de abril de 2009 quedarán en el recuerdo como la ceremonia lustral de los políticos responsables de la crisis. Sólo faltaban en la reunión los banqueros centrales, que con su imprudente inflación monetaria crearon el Niágara financiero e inmobiliario de 2007 y 2008. Ni los nuevos fondos de los que habla el comunicado final suman lo proclamado, ni las nuevas medidas regulatorias son las adecuadas para evitar futuras catástrofes, ni la denuncia de los paraísos fiscales hará más justo el sistema fiscal de las grandes economías.

El presidente del Gobierno español miente tanto que ya es incapaz de ver la realidad. Los fontaneros de La Moncloa han hecho correr la especie de que Gordon Brown había pedido a nuestro primer mandatario que mediara entre los europeos Chirac y Merkel y Obama. El propio Zapatero habla como si perteneciera al grupo de los 20, aunque haya entrado allí por la puerta falsa. Hay que oír su campanuda voz cuando relata la buena impresión que le ha producido Obama, con el no tiene otro idioma en común que el de levantar las comisuras de los labios. Entre tanto, el número de parados aumenta en España, a pesar del escamoteo de los 400.000 que hay en cursos de formación, con lo que los desempleados son ya más de 4 millones.

El comunicado final de la reunión de Londres padece de hinchazón. Como señala el Financial Times, el total es bastante menos que el billón cien mil dólares (contado a la española). Al FMI se le adjudican 500.000 millones de dólares más para ayudar a países en dificultades; pero Japón ya donó 100.000 millones el año pasado, y EEUU se comprometió antes de la cumbre a aportar 75.000. El resto hasta los 500.000 está en un veremos, pendiente de una reunión del Fondo este mismo mes de abril. Al FMI, por cierto, se le ha dado permiso para crear dinero nuevo, sacado de la nada en forma de derechos especiales de giro, por valor de 250.000 millones de dólares. Hasta aquí van ya casi la mitad del billón cien mil pomposamente anunciado.

Los bancos internacionales, como el Mundial o el Asiático, podrán prestar 100.000 millones más a países del Tercer Mundo. Ciertamente, los necesitan, a la vista de las directrices de todos los Gobiernos de los países ricos para que sus bancos den crédito a las empresas locales.

El comunicado de marras contiene declaraciones de boquilla a favor de un comercio internacional más libre. Por un lado, nuestros líderes hablan –con el asentimiento, sin duda, del señor Zapatero, que de esto sabe mucho– de 250.000 millones para financiar exportaciones. Como señala Chris Giles, del FT, la financiación a la exportación dispuesta para 2009 no llega al décimo de esa cifra: el resto son promesas. Mas, por otro lado, no han proseguido con las negociaciones de la Ronda Doha, ese benemérito intento de reducir las barreras de los intercambios internacionales en el marco de la Organización Mundial del Comercio.

Por último, la cumbre acordó dos medidas populistas. La primera consiste en sacar de la oscuridad un Consejo de Estabilidad Financiera en el que banqueros centrales y reguladores se esforzarán por fijar reglas de funcionamiento para los grandes bancos internacionales, con el fin de evitar los excesos cometidos por capitalistas y financieros. Dicho de otra forma, las zorras cuidarán de las gallinas, pues los grandes autores de esta crisis son precisamente los bancos centrales y los reguladores, que no han sabido mantenerse ellos mismos en el camino de la ortodoxia económica. La segunda medida populista consiste en atacar los paraísos fiscales en nombre de la justicia y la prosperidad, en vez de reducir la presión fiscal de forma permanente.

Es mi opinión que las medidas de impulso y gasto público deficitario aplicadas por Obama y, en menor medida, por los Gobiernos europeos no conseguirán sino reanimar artificialmente actividades sobre-dimensionadas como la fabricación de automóviles. La peligrosa situación por la que atraviesa el mundo precisa sólo dos tipos de medidas: las encaminadas a poner en marcha otra vez el sistema financiero y las que buscan liberar el comercio internacional. Los bancos deben poder poner de lado sus activos tóxicos en algún vehículo público, hasta que la reactivación de la economía real les dé su verdadero valor. Más importante es la liberación del comercio.

Cuando los productores se quejan de falta de mercados es paradójica la actitud proteccionista de tantos Gobiernos. Los líderes reunidos en Londres deberían haber ido a Ginebra, a concluir de una vez las negociaciones de la Ronda Doha. Como señala Ronald Stewart-Brown en la revista Economic Affairs del IEA, falta poquísimo para cerrar la bóveda de una nueva regulación más liberal del comercio mundial –apenas algunos acuerdos finales en el capítulo agrícola–. Las gesticulaciones de Brown, Obama y, cómo no, del señor Zapatero servirán para bien poco, al faltar ese supremo esfuerzo por conseguir lo único que vale la pena: más comercio internacional, como remedio para la falta de salidas a la producción, en especial la de los países pobres. Es desolador que el lema de la Cumbre de Londres no haya sido "Liberemos los intercambios entre las naciones", sino "Miente, que algo queda".


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