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EDUCACIÓN

Para entender los informes PISA

Inger Enkvist

Es de todos conocido que los informes PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) incluyen una comparación entre países, de la que quien sale mejor parado a día de hoy es Finlandia.

La comparación se hace entre alumnos de quince años en los ámbitos de comprensión lectora, matemáticas y ciencias naturales. Hubo recogidas de datos en 2000, 2003 y 2006, y está en marcha la que corresponde al informe de 2009. Los datos son cada vez más valiosos, pues ahora permiten ver cómo está un país con respecto a otros y con respecto a cómo estaba él mismo en ejercicios anteriores. En 2006 participaron en el estudio 51 países, todos ellos miembros o asociados de la OCDE del mundo entero, con la excepción de África y una parte de Asia.

Uno de los factores clave del interés que suscitan estos informes es, precisamente, el gran número de países que participan en ellos. Otros factores son la calidad de las tareas en que se basa la comparación y la elaboración estadística de todos esos datos. La recogida de los mismos se hace a través de un sistema sofisticado con múltiples cuadernos de dificultad equivalente, para evitar el fraude.

Hay que tener en cuenta que, cuando se lanzó el programa PISA, en bastantes países occidentales se hablaba de crisis en la educación. La escuela comprensiva y la nueva pedagogía no daban los resultados de convivencia y calidad que se esperaban. En España muchas personas asocian este desarrollo con la Logse del año 1990. En Suecia, ese mismo desarrollo empezó a darse en1969. Los informes PISA solo dan cuenta de lo que ha sucedido durante la última década.

La igualdad

Pocas personas han leído algo más que el resumen de PISA, y hay buenas razones para ello: es un texto largo, 397 páginas, y aburrido. Por eso muchos profesores y periodistas no se dan cuenta de que las personas responsables del mismo pertenecen al gremio de los nuevos pedagogos y comparten ciertas ideas y posturas con ellos, como el evitar la palabra conocimiento en beneficio del término competencia, haciendo caso omiso de que hay que tener conocimientos para poder desarrollar competencias. La palabra competencia suena también como algo práctico y orientado hacia el futuro, mientras que conocimiento podría sonar como algo estático y tradicional y, por eso, no tan atractivo. Además, competencia hace pensar en preparación para el mercado laboral, y la OCDE es una organización de colaboración económica. Otro ejemplo: los investigadores dicen querer ir más allá de la memorización (p. 39). Pues precisamente los nuevos pedagogos han hecho campaña durante décadas contra la memorización. Es verdad que algunas tradiciones pedagógicas se apoyan mucho en la memoria, pero actualmente en los países occidentales el problema es el contrario: hace falta memorizar más, porque es necesario haber memorizado para poder desarrollar competencias.

El informe habla mucho del entorno socioeconómico del alumno, pero no del esfuerzo ni de las exigencias. Se quiere "elevar el rendimiento global de los estudiantes y, al mismo tiempo, amortiguar el impacto que el grupo socioeconómico puede tener en dicho rendimiento, promoviendo así una distribución más equitativa de las oportunidades de aprendizaje" (p. 29). La igualdad es para los investigadores una meta tan importante como el conocimiento. El texto habla de distribuir los conocimientos, como si fueran una mercancía. No se menciona que los países desarrollados han visto aparecer grupos de alumnos a los que se les distribuye la oportunidad de aprender pero que responden con indiferencia o con actos de vandalismo ante una oferta que no les interesa. Los investigadores no tienen nada que decir sobre los problemas de conducta, pero critican la repetición de curso y consideran negativa la libertad de elección de centro. También critican a los colegios concertados, e insinúan que obtienen buenos resultados únicamente porque se dirigen a grupos de alumnos preseleccionados (p. 285).

Los profesores

PISA habla poco de los profesores y no menciona la palabra instrucción, lo cual está en consonancia con la idea de la nueva pedagogía de que los alumnos deben buscar la información por su cuenta y los profesores, solo actuar como facilitadores.

No fue hasta la publicación del informe McKinsey en 2007 que PISA fue utilizado para estudiar el efecto de la calidad de los profesores. Se trata de un benchmarking que llega a la conclusión de que los profesores constituyen el factor principal en la consecución de buenos resultados. Las recomendaciones del informe McKinsey son claras: conseguir que los mejores estudiantes se dediquen a la enseñanza, convertirlos en buenos instructores y asegurarse de que la buena enseñanza llegue a todos los alumnos. A propósito de la igualdad, el informe McKinsey dice de manera contundente que lo que más contribuye a ella es procurar a todos los alumnos buenos profesores (p. 23), una idea no expresada en el informe PISA. Al mismo resultado han llegado los especialistas de economía y estadísticas Hanushek, Kain y Rivkin (Teachers, schools, and academic achievement, 1998). Los dos informes coinciden en concluir que la calidad de los profesores es más importante que el número de alumnos por clase, los recursos o la dirección del colegio.

La actitud de los investigadores de PISA frente a los profesores viene ilustrada en este pasaje:
También es posible que sea más fácil, en sistemas institucionalmente diferenciados, trasladar a los estudiantes que no alcanzan determinados niveles de rendimiento a otros centros, itinerarios o programas educativos con menores expectativas de rendimiento, más que invertir en el esfuerzo de aumentar su rendimiento. Podría ser, por último, que un entorno de aprendizaje con una mayor variedad de niveles de capacidad y entornos socioeconómicos de los alumnos estimule a los profesores a emplear enfoques que impliquen un mayor grado de atención individualizada a cada alumno (p. 231).
Es decir, el tono es directamente insultante y similar al de ciertos políticos.

Además del informe PISA, los investigadores de la OCDE publicaron recientemente, en 2008, dos tomos sobre los directores de colegio en diferentes países. Los investigadores recomiendan el uso de equipos directivos y no directores individuales. Se ve que su ideal son las soluciones colectivas. No discuten el papel del director como modelo o referencia moral e intelectual para profesores y alumnos, sino que ven el cargo como algo que se aprende y se ejerce en grupo.

Finlandia

Una manera de comentar los informes PISA es compararlos con un estudio recién aparecido en Francia. Un director de colegio que se describe a sí mismo como progresista y vinculado a Philippe Meirieu, el Marchesi francés, ha viajado a Finlandia para estudiar el éxito escolar de aquel país (v. Paul Robert, La Finlande: un modèle éducatif pour la France?, 2008). Se centra en la igualdad entre los alumnos y en las formas de trabajo que califica de democráticas y libres. No menciona que se basan en la calidad de los profesores y el respeto por los estudios. Ese es también el espíritu de los informes PISA: los investigadores admiran más la igualdad que la calidad y no hablan del esfuerzo de los profesores, como si los alumnos hubieran logrado sus éxitos sin ayuda.

Sin embargo, en el segundo volumen del informe sobre los directores de colegio hay un estudio de caso sobre Finlandia. Según las declaraciones de los profesores entrevistados, el éxito está relacionado con la buena calidad de los profesores y el respeto de todos por los conocimientos, es decir, no con la nueva pedagogía. Los entrevistados hablan de la confianza que se tiene en los profesores y del esfuerzo por evitar, en la medida del posible, todo tipo de burocracia. Adjudican el éxito a una dirección estable, un liderazgo moral y unos cambios muy lentos. Los profesores utilizan formas de trabajo tradicionales más que técnicamente innovadoras, y declaran que trabajan con métodos que conocen a fondo y en los que confían. Añaden que se interesan por lo que funciona en el aula y no por las publicaciones pedagógicas (Elizabeth Pont, Deborah Nusche y Hunter Moorman [eds.], Improving school leadership, vol. 1, 2008). Los investigadores que redactan el texto mencionan estas declaraciones, pero sin destacarlas.

Palabras finales

Se puede observar un contraste entre los economistas de la OCDE, que quieren promocionar la excelencia a través del benchmarking, y los pedagogos al servicio de la misma organización, que quieren poner el foco en la igualdad. El informe McKinsey significa una clara crítica contra la interpretación de los datos en los informes PISA por apuntar a lo socioeconómico y no a la calidad de la enseñanza como explicación del buen resultado de ciertos alumnos. Ya veremos en el PISA 2009 si los investigadores encargados de su redacción acusan recibo o no del informe McKinsey...


INGER ENKVIST, catedrática de español de la Universidad de Lund (Suecia) y autora de libros como ICONOS LATINOAMERICANOS.

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