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TIME Y EL FRANQUISMO

Periodismo golfante

La revista Time ya no es lo que era, si es que alguna vez fue tan buena como dice Julián Marías. Bajo el título ‘Farewell to Franco’, sus corresponsales Lisa Abend y Geoff Pingree acaban de obsequiar a sus lectores con una perfecta obra de desinformación propagandística.

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La historia es descrita así:
 
"Tras iniciar una guerra civil en 1936, al dirigir un golpe de estado contra el Gobierno democráticamente elegido, Franco y sus fuerzas nacionales, ayudados por Alemania e Italia, finalmente vencieron en 1939. Durante los siguientes 36 años, Franco dirigió el país, envió prisioneros políticos a campos de concentración y homosexuales a instituciones psiquiátricas, a la vez que impidió que las mujeres no pudieran trabajar sin el permiso de sus maridos o padres. Manifestarse en contra del régimen o a favor de la democracia era peligroso para la salud de uno".
 
Esto viene a ser algo así como esta descripción del papel de Usa en la última guerra mundial:
 
"El presidente Franklin D. Roosevelt, tras provocar y acosar a Japón, facilitó la reacción de éste en el bombardeo de Pearl Harbor, a fin de empujar a la guerra a la opinión pública useña, partidaria de la paz. De ese modo intervino también contra Alemania, al lado del régimen totalitario de Stalin. Tanto en Europa como en Asia, el Gobierno de Roosevelt desató contra la población civil la más masiva campaña de terror aéreo que conoce la historia, culminando en el empleo de bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki, ya bajo el Gobierno de Truman. Al terminar la contienda, Usa internó a millones de prisioneros alemanes en campos de concentración, convertidos en campos de exterminio donde cientos de miles de soldados y civiles perecieron por hambre, enfermedades y desatención deliberada".
 
Es un ejemplo de cómo puede falsificarse de forma radical la historia sin decir grandes mentiras, a base destacar unos aspectos, olvidar otros fundamentales y mentir en la base del asunto.
 
Franco, con Don Juan Carlos, en el Palacio de Oriente.Por supuesto, fueron los expansionismos japonés y alemán los causantes de la guerra, y por ello los principales responsables de los horrores que siguieron por ambas partes, y esto es un punto absolutamente crucial. De modo similar, Franco no se rebeló contra un Gobierno democrático, sino precisamente contra un Frente Popular que, desde el poder y desde la calle, había arruinado concienzudamente la democracia y las bases más elementales de la convivencia. Esos partidos ya habían comenzado la guerra civil mediante un asalto general a la legalidad republicana, en octubre de 1934, y fue esa destrucción de la legalidad lo que originó la guerra, y no la guerra la que destruyó la democracia, según puede comprobar documentalmente cualquiera que hoy quiera ponerse a ello. De ahí vinieron muchas atrocidades, aunque ni de lejos comparables a las de la guerra mundial. Y de ahí vino también el régimen de Franco. Una dictadura cuyo balance no se deja reducir a los cuatro tópicos de una propaganda difundida especialmente por la Comintern stalinista y sus sucesores. Propaganda retomada con gran intensidad en los últimos años por el PSOE, los separatistas y los terroristas en alianza non sancta, y recogida acríticamente por los reporteros de Time.
 
La misma falsificación observamos en párrafos como éste: "Tras la muerte de Franco en 1975, todos los partidos políticos mantuvieron un 'pacto de silencio' acerca de la guerra civil y las décadas de dictadura para asegurar una transición pacífica hacia el gobierno representativo". No hubo tal pacto, es una invención propagandística más. Hubo, sí, un acuerdo implícito de dejar la historia para el estudio y la investigación, y no utilizar las viejas propagandas como arma política del presente. Algo que los separatistas nunca cumplieron, como tampoco, sobre todo últimamente, los socialistas. Con ello están crispando a la opinión pública y llevando a una grave crisis a la democracia. No por nada esos políticos y partidos se sienten herederos de aquel Frente Popular que trajo la guerra.
 
Sin embargo, dicen los corresponsales, ahora "los españoles están dispuestos a romper ese silencio". ¿"Los" españoles? Estos manipuladores imitan perfectamente la clásica propaganda totalitaria, cuyos partidos siempre hablan en nombre de "los" españoles, o de "los" obreros, etc. ¿Y qué silencio? ¿Tienen siquiera una idea estos ignaros de la enorme cantidad de libros, artículos, películas, etcétera, producidos y publicados en España sobre la Guerra Civil y la República en estos treinta años?
 
Tales informadores pertenecen a la corriente de manipuladores y propagandistas tipo Jay Allen y compañía. Aunque a un nivel mucho más bajo, podrían adjudicársele las amargas frases de Ortega y Gasset dirigidas a los intelectuales extranjeros que durante la guerra apoyaron al Frente Popular, personificados para la ocasión en Einstein, que, señala el filósofo, "usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esa insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual". En este caso, del periodismo presuntamente serio.
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