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ECONOMÍA

¡Pobres países sin moneda!

Chile es un gran país. No como Alemania o Francia, que ni siquiera tienen moneda; o como Panamá, que tampoco la tiene pero cuya economía fue la más estable de América –y quizá del mundo– en el siglo XX, y lo sigue siendo en el XXI.

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¿Ha escuchado usted hablar de los problemas de California con la balanza de pagos o de la deuda externa de California? No, y nunca lo hará, porque ese territorio de EEUU poco más grande que Chile, no tiene Banco Central ni tiene moneda propia.
 
¿De qué estaríamos hablando en estos días si Chile no tuviera moneda nacional y usáramos el dólar o el euro? ¿A cuánto amaneció el dólar hoy? ¿A 700, a 400 pesos? ¿Contra quién cargarían los exportadores y los agricultores? Dirían que sus negocios van mal y que el Banco Central debería hacer algo. ¿Qué Banco Central, si no habría? ¿Qué moneda habría que devaluar o revaluar? ¿Qué saldría en los diarios sobre el dólar o el tipo de cambio? ¿Cuántos se quedarían sin trabajo en el sector público, en el Banco Central y en la prensa? ¿Y qué cosas inteligentes dirían sobre la inflación, más allá de que sería similar a la de Estados Unidos o Europa?
 
Mis colegas, horrorizados, dirían –de hecho, ya lo hacen– que el país perdería un instrumento clave de la política económica: el manejo monetario. ¡Por fin!, habría que decirles, pues ese instrumento explica una de las situaciones de más alta inflación e inestabilidad del siglo XX. Es ése nuestro récord mundial más claro, obviamente al costo de un empobrecedor subdesarrollo, desde que nos dotamos de un Banco Central, hacia 1925.
 
Como declaró Robert Mundell, mi profesor en la Universidad de Chicago, al recibir el Premio Nobel en 1999: ahora el área monetaria óptima es el mundo, y lo razonable y útil es moverse hacia una moneda única como paso previo al regreso al patrón oro.
 
¿Y por qué a los liberales les gusta tanto el oro? Porque es un sistema monetario libre de la arbitrariedad estatal y en el que la cantidad de dinero se regula sola. Pero lo más importante es que en él el Estado y los políticos, siempre derrochadores y algunos incluso corruptos, no pueden generar inflación o crisis políticas y en la balanza de pagos.
 
El no tener moneda nos llevaría a expresar todos los precios en dólares, euros u oro, con lo que se pondría fin a la asimetría desestabilizadora entre el valor de lo exportado y los costos internos, como los salarios, pues se expresarían en dólares, y así volveríamos a ser un país civilizado y estable.
 
Si además abriéramos la intermediación financiera, tendríamos una rebaja de intereses y unos créditos más largos, como los que se observan en estos días en Panamá en las operaciones hipotecarias: casas para todos pagaderas a 50 años.
 
Hace tiempo que quería plantear un ultimátum a los colegas del Banco Central: han hecho demasiadas embarradas desde los años 20, así que ahora tienen la última oportunidad. El año pasado empezaron de nuevo a portarse mal, de modo que si ahora no cumplen con la inflación cero y una estabilidad financiera de verdad, tipo Panamá, les vamos a cerrar su negocio, siguiendo el gran éxito de El Salvador y Ecuador.
 
Esto, sin perjuicio de reducirles drásticamente sus remuneraciones, que debieran depender de sus éxitos concretos.
 
 
© AIPE
 
ÁLVARO BARDÓN, ex presidente del Banco Central de Chile.