Ideas
Noticias y opinión en la red
ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Por qué se retrasó la noticia de la rendición del III Reich?

En mayo de 1945, el III Reich capituló ante los ejércitos aliados en la ciudad de Reims. A pesar de que se trataba de una rendición incondicional cuyo anuncio hubiera acabado con los últimos focos de resistencia nazi, el Alto mando aliado dio la orden de que la noticia no se retransmitiera durante varios días. ¿A qué se debió esa orden que pudo prolongar los combates y costar numerosas vidas humanas?

A inicios de abril de 1945 resultaba obvio que el III Reich era sólo un espectro agonizante. Las fuerzas norteamericanas habían cruzado ya el Elba y hubieran podido alcanzar Berlín sin especial dificultad. Sin embargo, recibieron la orden de interrumpir su avance. En esa decisión —de la que no vamos a ocuparnos en esta entrega— intervinieron diversos factores cuyo resultado final fue permitir que fueran los soviéticos los que tomaran la capital del III Reich. Para evitar problemas con los todavía aliados soviéticos, se ordenó incluso que se ocultara la preferencia que las fuerzas alemanas mostraban a rendirse a unidades británicas y norteamericanas. Este aspecto iba a influir considerablemente en la manera en que Alemania capituló.

El 4 de mayo, el almirante Hans Georg von Friedeburg y el coronel Fritz Poleck llegaron hasta el cuartel general del mariscal británico Montgomery. Envíados por el almirante Doenitz —que había asumido el poder a la muerte de Hitler— su misión era negociar la rendición. Montgomery no contaba con poderes para emprender este tipo de acciones y remitió a los dos emisarios al cuartel de Eisenhower. No obstante, dado que la localidad de Flensburgo, donde tenía su sede el gobierno del III Reich, había caído en manos británicas se instó a los alemanes para que retransmitieran la noticia de la rendición a las unidades que todavía presentaban resistencia a los ejércitos aliados. Se trataba de una medida práctica que pretendía acabar con combates que ya no tenían ningún sentido y así ahorrar vidas que se podían perder trágicamente cuando la capitulación era un hecho prácticamente consumado. La mañana del domingo 6 de mayo se convocó a algunos corresponsales aliados en un aeropuerto situado en las afueras de París con la intención de trasladarlos a Reims. En el curso del vuelo, se notificó a los periodistas que iban a asistir a la capitulación alemana. A las 2.41 de la madrugada del lunes 7 de mayo se les permitió subir a la habitación donde se celebraba el encuentro y presenciar la firma de la rendición incondicional llevada a cabo por el coronel general Jodl y el almirante von Friedeburg. Por parte aliada se encontraban presentes el general Iván Susloparov por la URSS, el almirante sir Harold Burrough por Gran Bretaña, el general François Sevez por Francia y Bedell Smith por el Mando supremo. Se suponía que la noticia —de especial importancia— debía ser dada de manera inmediata pero los acontecimientos transcurrieron de manera bien distinta. A las 4 de la mañana, el general Allen comunicó a los periodistas que Eisenhower ciertamente deseaba que se informara cuanto antes de la noticia de la rendición ya que tendría el efecto de eliminar la resistencia y, por lo tanto, de salvar vidas en posibles combates. Sin embargo, “le habían atado las manos en las esferas políticas” y había que esperar a las tres de la tarde del día siguiente hora de París para comunicarlo. Se trataba de esperar treinta y seis horas más.

Edward Kennedy, uno de los corresponsales que había asistido a la ceremonia de Reims, regresó a París y comenzó a realizar indagaciones sobre las causas de aquella peculiar orden. Se trataba de un secreto a voces y no tardó en saber el motivo del retraso. Los soviéticos deseaban que la rendición se celebrara de una manera especial en Berlín, la ciudad que habían tomado tan sólo unos días antes, y por ello habían pedido la congelación de la noticia. Dado que habían estado presentes en la rendición de Reims, la única razón de esta actitud sólo podía ser el deseo de favorecer su propia propaganda pero resultaba incomprensible que los aliados se prestaran a ello. Finalmente, Kennedy decidió comunicar la noticia a través de Prensa Asociada, el organismo para el que trabajaba. El despacho fue radiado por todo el mundo e incluso el cuartel general de las Fuerzas aliadas lo difundió por Europa en una veintena de idiomas. Sin embargo, como medida de represalia, el general Allen ordenó que se suspendieran las actividades de Prensa Asociada en el teatro europeo, una decisión que provocó un vendaval de protestas. La sanción contra Prensa Asociada fue levantada pero Kennedy vio revocadas sus credenciales como corresponsal de guerra.

El periodista regresó a Estados Unidos y solicitó del ministerio de la guerra que llevara a cabo una investigación imparcial sobre lo sucedido. Tardó un año en conseguirlo pero, finalmente, Bedell Smith, jefe del Estado Mayor del Mando supremo aliado firmó una declaración en la que quedaba establecido que, inicialmente, el mando aliado había autorizado la emisión del comunicado al propio gobierno del Reich y luego se la había impedido a los corresponsales por razones políticas. De esa manera, el expediente de Kennedy volvió a quedar limpio y, sobre todo, se puso al descubierto todo el proceso y las responsabilidades relacionadas con el mismo. El propósito de los soviéticos al solicitar el aplazamiento de la noticia de la capitulación alemana había sido fundamentalmente ganar tiempo para organizar una representación fastuosa a su servicio en la ciudad de Berlín. Así solicitaron que la noticia de lo sucedido en Reims se retrasara hasta unas horas después de los festejos que tendrían lugar en la capital del III Reich. La pretensión se rechazó pero Truman —y a remolque de él Churchill— consintieron en impedir la retransmisión de la noticia hasta que se celebrase la reunión de los mandos militares en Berlín.

Se trataba de una medida de apaciguamiento de Truman que podría haber costado la vida de soldados de ambos bandos de no haberse desobedecido como, efectivamente, hizo el periodista Kennedy. El episodio, aparentemente de escasa importancia, dejaba, no obstante, de manifiesto que el mundo ya había quedado dividido en dos bandos. Así, por parte soviética, nunca llegó a informarse de la capitulación de Reims y siempre se ha enseñado desde entonces que el día de la victoria había sido el 9 de mayo, la fecha en que las fuerzas alemanas capitularon primero ante las soviéticas en lugar de ante las occidentales. El comportamiento soviético en última instancia obedecía a una estrategia de propaganda comunista anterior a la guerra mundial en varias décadas y que se prolongaría en el futuro. La responsabilidad aliada fue el haberse prestado a ella.

Lo más popular