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1. ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Por qué tuvo lugar el golpe de estado de 1973 en Chile?

Para muchos, semejante episodio no fue sino una manifestación del imperialismo norteamericano en alianza con la oligarquía chilena; para otros, se trató de una mera contención de un proceso revolucionario.

Se cumple en estas fechas el trigésimo aniversario del golpe militar que derribó al gobierno encabezado por el socialista Salvador Allende y dio paso a la dictadura del general Pinochet. ¿Por qué se produjo esa asonada?

Las elecciones de 1970

En 1933, el mismo año en que Hitler llegaba al poder y las derechas desplazaban a la coalición republicano-socialista del gobierno español, un doctor en medicina, nacido en Valparaíso en 1908, fundó con un número casi diminuto de amigos el Partido Socialista de Chile. Se llamaba Salvador Allende y cuatro años después fue elegido para la Cámara Baja del Congreso. Dos años más tarde, se convirtió en ministro de Sanidad de un gobierno presidido por Aguirre Cerdá. En 1945, Allende fue elegido senador, una ocupación que desempeñaría durante un cuarto de siglo convirtiéndose en 1968 en su presidente.

Sin embargo, si la carrera legislativa de Allende había resultado un éxito, no podía decirse lo mismo de sus intentos por acceder a la cumbre del Poder Ejecutivo. Desde 1952 no dejó de cosechar fracaso tras fracaso hasta que, frente a las elecciones de 1970, sus posibilidades de victoria parecieron mayores que nunca al enarbolar la bandera de la denominada “vía chilena al socialismo”. En otras palabras, la llegada a un sistema socialista derivaría de la puesta en práctica de una serie de medidas legislativas impecablemente legales y democráticas. Por añadidura, las opciones de centro y derecha que podían oponerse a Allende en las elecciones de 1970 no se encontraban en su mejor momento. El gobierno de Eduardo Frei, partidario de la denominada “revolución en libertad”, había llevado a cabo un programa claramente reformista que incluyó la legalización de los sindicatos campesinos y un aumento del presupuesto educativo. Sin embargo, la inflación había crecido hasta un treinta y cinco por ciento y, sobre todo, resultaban escasas las posibilidades de presentar un frente unido cara a Allende. Frei, que hubiera podido ser un rival de peso, no tenía posibilidad de presentarse para un segundo mandato por imperativo de la Constitución. Los demócrata-cristianos veían como candidato ideal a Radomiro Tomic, antiguo embajador en Washington. Éste era partidario de una política aún más escorada a la izquierda que la de Frei —Allende llegó a decir que en algunos puntos el programa de Frei era más avanzado que el suyo propio— y las derechas no deseaban apoyarlo. A diez meses de las elecciones su candidato era Jorge Alessandri, un antiguo presidente que ya había vencido a Allende años atrás.

Frente a esa derecha dividida se hallaba dispuesta una múltiple opción de izquierdas que iba del partido socialista de Allende a otros cinco partidos entre los que se encontraba el comunista. Para estos, el programa de Allende —reforma agraria, nacionalización de la industria del cobre y mejora de la sanidad— no iba mucho más allá que el presentado por Tomic. Allende era consciente de que las posibilidades de victoria eran ahora mayores que nunca y puso todo su empeño en forjar una coalición de izquierdas que pudiera derrotar a las divididas derechas. Así, a inicios del verano de 1970 nació la Unidad Popular (UP) con Allende como cabeza de lista.

El 25 de marzo el Comité Cuarenta, una rama del CNS presidido por Kissinger, aprobó un plan para “evitar la victoria electoral de Allende”. El 18 de junio, el mismo comité procedió a discutir el denominado “Plan Korry”, cuyo nombre derivaba del apellido del embajador norteamericano en Chile. Éste preveía la entrega de fondos a las fuerzas contrarias a Allende y, en el caso de que eso no evitara su triunfo electoral y Allende resultara vencedor por mayoría relativa, la concesión de medio millón de dólares que permitiera cambiar la orientación del voto en el Congreso chileno. El dinero de la CIA y de las multinacionales fue empleado a conciencia en actividades que iban desde la utilización de periodistas de más de una treintena de países para escribir artículos y reportajes contrarios a Allende al esparcimiento de rumores sobre el colapso económico que se produciría de vencer la UP o las pintadas alusivas a las matanzas que se desencadenarían en el caso de una derrota de las derechas. Finalmente, el 4 de septiembre de 1970 tuvieron lugar las elecciones. Tomic quedó el tercero con un 28 por ciento de los sufragios. Por lo que se refiere a Alessandri y Allende, sus resultados fueron muy igualados. Mientras que el primero obtuvo el triunfo en Santiago, el segundo consiguió una ventaja mayor en el campo. Finalmente, Allende ganó las elecciones por unos treinta y nueve mil votos.

El 7 de septiembre, la CIA redactó un documento donde se valoraba la victoria de Allende. El texto remachaba que Estados Unidos no tenía “intereses vitales en Chile” y que el equilibrio militar no quedaba “alterado significativamente”. Sin embargo, insistía también en el impacto psicológico. Éste significaba un retroceso de Estados Unidos y un avance “de las ideas marxistas”. Al día siguiente, el Comité de los Cuarenta se reunió para decidir la trayectoria que debía adoptar la política de Estados Unidos en Chile. Kissinger dio instrucciones directas a la embajada en Santiago para que estudiara las posibilidades de éxito de un golpe militar en Chile que, “apoyado u organizado con la ayuda de Estados Unidos”, impidiera la llegada de Allende a la presidencia. Cuatro días más tarde, sendos informes procedentes de la embajada en Santiago y de la CIA señalaban que la perspectiva del golpe era impensable en la medida en que los militares ni deseaban ni podían tomar el poder y además Estados Unidos carecía de recursos suficientes para presionarlos. El 14 de septiembre, el Comité de los Cuarenta volvió a reunirse para encontrar una alternativa al golpe. Así nació el proyecto conocido inicialmente como “Gambito de Frei” y, posteriormente, como “Track I”.

De acuerdo con el mismo, se intentaría bloquear la llegada de Allende a la presidencia mediante la reinstauración —ilegal— en la presidencia de Eduardo Frei. Éste debía disolver el Congreso, dimitir de la presidencia e invitar a las fuerzas armadas a controlar el poder. Con posterioridad, se convocarían nuevas elecciones a las que ya sí podría presentarse Frei y de las que debería emerger como vencedor. El “gambito de Frei” contaba con demasiados puntos débiles. De entrada, Frei podía disentir profundamente de Allende pero era, en cualquier caso, un hombre respetuoso de la Constitución que, difícilmente, se plegaría a quebrantarla. Por lo que se refiere a los militares era también dudoso que estuvieran dispuestos a tomar el poder y, una vez en él, a abandonarlo para convocar nuevas elecciones. Pero aún en el supuesto de que esto sucediera nada hacía pensar que Allende perdería los nuevos comicios. Finalmente, se optó por una variación que, en apariencia al menos, respetaba la letra de la Constitución chilena aunque, en la práctica, viciara el resultado electoral.

Dado que Allende no había obtenido una mayoría absoluta, la elección del presidente chileno quedaba en manos del Senado y de la Cámara de Diputados que, lógicamente, votaban al que había obtenido mayor número de sufragios pero que, en teoría, podía optar por otro de los candidatos. Ambas cámaras contaban en conjunto con doscientos escaños por lo que Allende necesitaba un mínimo de ciento uno para asegurarse la elección, pero la UP tenía 83 escaños, mientras que la Democracia cristiana contaba con 78 y el Partido Nacional con 39. Partiendo de esa base, el proyecto norteamericano pretendía que los diputados de la Democracia cristiana y del Partido Nacional no votaran a Allende, el candidato más votado, como era costumbre sino que otorgaran su apoyo al segundo, Alessandri. Éste dimitiría a continuación y se convocarían nuevas elecciones a las que podría concurrir Frei como rival de Allende. El plan no era imposible y hubiera triunfado de no ser por la oposición del propio Frei, su pieza clave. El 9 de octubre, la Democracia cristiana anunciaba que sus votos irían dirigidos a Allende con lo que éste contaba con el apoyo suficiente para llegar a la presidencia. El 19 de octubre, el derechista Alessandri adoptó la misma postura y pidió a los miembros de su partido que votaran a Allende.

El 15 de septiembre, once días después de la victoria electoral de Allende y apenas veinticuatro horas después de la negativa de Frei a apoyar una alteración fundamental del comportamiento de las cámaras para impedir el acceso de Allende a la presidencia, se celebró una reunión de enorme trascendencia en el despacho oval de la Casa Blanca. Se trató de una reunión de acceso muy restringido —el presidente Richard Nixon, Henry Kissinger y Richard Helms, el director de la CIA— de la que se informó también a John Mitchell, el fiscal general de la presidencia. Su finalidad era analizar la política que había que seguir en relación con el futuro de Chile, y, a la vez, buscar una alternativa que permitiera mantener al margen a la embajada norteamericana en este país, al Comité de los Cuarenta y a los departamentos de Estado y Defensa. Las instrucciones que Nixon le dio a Helms no pudieron ser más claras. Consistían en organizar “un golpe de estado militar en Chile que impidiera la llegada de Allende a la presidencia”. Este plan —denominado “Track II”— contaría con Kissinger y Thomas Karamessines como enlaces entre Helms y la Casa Blanca.

El 16 de septiembre, Helms convocó una reunión de su equipo más directo para dar cumplimiento a las instrucciones presidenciales. El 18 se entrevistó con Kissinger y Karamessines y, tras recibir su visto bueno, puso en marcha un programa conspirativo de enorme coherencia quizá por su misma sencillez. Kissinger y Karamessines mantuvieron un absoluto secreto. El 22 de septiembre, en el curso de una reunión del Comité de los Cuarenta en la que se analizó el fracaso de “Track I”, no se hizo la más mínima referencia al nuevo plan. De hecho, de no ser porque el Informe Church dejaría años después al descubierto los entresijos de la conspiración es más que posible que Kissinger hubiera silenciado la misma también en sus memorias.

En las semanas siguientes se produjeron no menos de veintiún encuentros entre funcionarios de Estados Unidos e instancias militares y policiales chilenas. Sin embargo, “Track II” contaba con enormes posibilidades de fracasar también y la causa era muy similar a la que había provocado el abortamiento del “gambito de Frei”. Para que la conspiración pudiera concluir con éxito antes de que se llevara a cabo la votación presidencial en las cámaras legislativas de Chile, la CIA necesitaba la aquiescencia del general René Schneider, el comandante en jefe del ejército chileno y éste era un convencido constitucionalista. El 3 de noviembre, Allende era instaurado en su cargo.


La próxima semana seguiremos desvelando el ENIGMA del golpe de estado de 1973 en Chile.

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