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ECONOMÍA

Por treinta monedas de plata

Mariano Rajoy lleva varias semanas implorando a Bruselas un rescate total de la economía española por la puerta de atrás. El presidente del Gobierno está presionando para que se mutualicen de un modo u otro las deudas de todos los europeos: mediante una nueva ronda de monetización de deuda por parte del Banco Central Europeo, la emisión de eurobonos o la constitución de una unión bancaria europea. 

¿Cuál es el objetivo? Que el contribuyente alemán pague nuestros pasivos. Desplumados los españoles, tras la salvaje subida del IRPF y del Impuesto de Sociedades –y está al caer la del IVA–, Rajoy apunta a los teutones como próximos paganos del sobredimensionado Estado español.

De momento, Merkel se ha resistido, en parte, a ceder la hacienda de sus ciudadanos para fines tan espurios: si bien ha aceptado la creación de dos fondos de rescate y una más que pródiga monetización de deuda por parte del BCE, la canciller alemana todavía se opone a una socialización permanente de las deudas. Todavía.

No olvidemos que Merkel es, al fin y a la postre, una política más, que desde luego está interesada en acaparar todo el poder posible a costa del sector privado. Si hasta la fecha no ha utilizado el dinero del contribuyente alemán para comprar Grecia, España o Portugal es sólo por la fiera oposición de sus votantes. Pero tras las próximas elecciones alemanas, las gane o las pierda ante un SPD aún más socialdemócrata, no es improbable que se den pasos hacia una mayor "integración política" europea. De hecho, el Consejo Europeo de los próximos días 28 y 29 bien podríamos tener por consecuencia un nuevo impulso hacia la mutualización de los pasivos europeos.

Al fin y al cabo, los políticos alemanes tienen el dinero que los manirrotos mandatarios periféricos necesitan, y éstos tienen un poder sobre sus territorios que cualquier gobernante, también los del norte de Europa, ambiciona. De ahí que haya espacio para un acuerdo que beneficie a unos y otros: dinero a cambio de soberanía.

Rajoy, desde luego, está entusiasmado con ello. Antes que recortar el gasto y meterse en líos, el presidente del Gobierno está dispuesto a ceder soberanía a los mandatarios extranjeros. No otra cosa supondrían los eurobonos: socialización de deudas a cambio de una mayor centralización del poder en Bruselas. Doble infamia, pues, la de Rajoy: negarse en redondo a meter en cintura el sobredimensionado Estado español e hincar la rodilla y rendir pleitesía a todo aquel que venga con una chequera a tapar las desvergüenzas de nuestra casta política.

No se trata tanto del etéreo concepto de soberanía nacional: lo realmente preocupante es, por un lado, la creciente centralización del poder en instancias monopolísticas cada vez más alejadas del ciudadano y, por otro, el cercenamiento de la sana competencia fiscal, con el lacerante resultado de una mayor carga tributaria sobre todos los ciudadanos europeos.

En definitiva, cada paso que damos hacia esquemas de socialización de deuda, por mucho que sea celebrado con alborozo por políticos, periodistas y economistas de cámara, nos aleja más de la libertad económica y política. Tengámoslo claro: cuanto más presiona Rajoy a Merkel, más aprieta la soga en torno a nuestro cuello. Al menos, no lo celebremos como corderos camino del matadero. 


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