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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Qué hizo Errol Flynn con el dinero de la Segunda república?

La imagen de Errol Flynn estuvo asociada durante décadas a la gallardía, la audacia y la aventura. Para siempre, su bigote recortado y su sonrisa burlona serán las de Robin Hood, el sheriff de Dodge City o el capitán Blood. Lo que es menos sabido es que a inicios de 1937 se convirtió en depositario de una elevada cifra de dinero destinada a la Segunda república española. Sin embargo, aquellos dólares se volatilizaron y nunca se sabría cuál había sido su destino. ¿Qué hizo Errol Flynn con el dinero de la Segunda república?

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El alzamiento cívico-militar de julio de 1936 y su transformación en una guerra civil que se preveía prolongada no tardó en provocar consecuencias internacionales. Mientras Franco recibía la ayuda de Italia y Alemania, el gobierno del frente popular obtuvo la de Francia y la URSS y, muy especialmente, la de la Komintern. La colaboración de la Komintern contaba con una especial importancia no sólo por su elaborada red de influencias sino porque además permitía presentar la causa de la república ante la opinión pública internacional como un combate en pro de la democracia y del progreso. Esa consigna
—que distaba mucho de corresponderse con la realidad— se empleó no sólo a la hora de mostrar al mundo la creación de las Brigadas internacionales sino también, y de manera muy destacada, en el reclutamiento de la ayuda proporcionada por intelectuales y artistas.

Uno de los casos más claros al respecto —aunque no el único— fue el de los actores y directores de Hollywood que organizaron banquetes, comidas y cocktails para recoger fondos que debían ser enviados al gobierno republicano. A inicios de 1937, cuando era previsible que la guerra sería prolongada, el montante de estas colectas ascendía ya a un millón y medio de dólares y se decidió que Errol Flynn se dirigiera a Europa con la finalidad de entregarlo a sus destinatarios. Fue así como el conocido actor zarpó a bordo del Queen Mary con la respetable suma ya señalada. El viaje se realizó con regularidad y, al cabo de unas semanas, ciertamente, Flynn llegó a Europa. Sin embargo, no iba solo.

Aunque la imagen que daba era políticamente correcta, el FBI contaba desde 1935 con informaciones que apuntaban a que Flynn simpatizaba en realidad con los regímenes fascistas, una circunstancia nada baladí que había escapado totalmente a sus compañeros de la Meca del cine. Conocedor de la misma, el FBI decidió desplazar a Europa a dos agentes que lo siguieran y pudieran informar de cuáles eran sus verdaderos contactos en el continente. Contra lo que hubiera sido lógico esperar, Flynn no se dirigió hacia la España controlada por el frente popular sino que se asentó en Francia y se dedicó a realizar una serie de viajes entre esta nación y el territorio controlado por las fuerzas de Franco. Las visitas eran cordiales, no chocaban con inconvenientes y, desde luego, daban la sensación de tratarse de contactos entre amigos. Entonces, de manera inesperada, aquellos contactos se interrumpieron y el actor se instaló de manera definitiva en el Plaza Athénée de París.

Para aquel entonces, a los centinelas del FBI se habían sumado los del MI5 británico. Aunque tasmano de nacimiento, Flynn tenía ascendencia irlandesa y se temía que pudiera pasar dinero al IRA. La verdad, sin embargo, es que el actor se enclaustró en su habitación y ni recibió ni entregó un céntimo a nadie. Entonces, inesperadamente, el 26 de septiembre, Flynn abandonó el hotel, se dirigió hacia la Estación del norte y tomó un tren en dirección a Berlín. Durante dos días, Flynn permaneció alojado en el Hotel Kaiserhoff nuevamente sin recibir a nadie, mientras los agentes americanos y británicos se devanaban los sesos intentando comprender lo que estaba sucediendo. Finalmente, el día 29, el actor abandonó el hotel acompañado de dos alemanes. Se trataba nada menos que de Rudolf Hess y de Martin Bormann, lugartenientes ambos de Hitler, que lo llevaron hasta la Friedrichstrasse y tomaron con él un tren hasta París. El insólito trío iba a alojarse en el hotel Meurice donde les esperaba nada menos que el duque de Windsor. No se sabe a ciencia cierta lo que hablaron los cuatro pero apenas unos días después el duque de Windsor, que se había visto obligado a abdicar del trono inglés el año anterior, emitió un comunicado en el que señalaba su voluntad de que Alemania y Gran Bretaña no volvieran a verse enfrentadas en una guerra y anunciaba su deseo de visitar la Alemania nazi y Estados Unidos para estudiar las condiciones de vida de los trabajadores. El viaje se realizó ciertamente y el mundo entero pudo ver como el duque de Windsor contestaba brazo el alto a los gritos de “Heil Eduardo” que le dirigían los enfervorizados nazis.

Las razones por las que Errol Flynn estaba en aquella reunión no se han podido aclarar nunca. Quizá los nazis, que también sabían aprovecharse de la gente del espectáculo, consideraron pertinente aprovechar su presencia para facilitar el acercamiento a un más que dispuesto duque de Windsor. En cualquier caso, de lo que no volvió a saberse nada fue del millón y medio de dólares. Algunas fuentes asegurarían con posterioridad que Flynn se lo había entregado a la Falange para colaborar en la lucha contra el frente popular. ¿Recibió realmente algún miembro del partido fundado por José Antonio Primo de Rivera la fabulosa suma? Si así fue no parece que la ingresara nunca en las arcas de la organización y eso nos lleva a dos nuevos misterios, los de saber quién fue el avispado funcionario azul que se hizo con el dinero de Hollywood y averiguar el destino que les dio. Sin embargo, como diría Kipling, ésa ya es otra historia.
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