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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Qué provocó el nacimiento de la Turquía moderna?

La existencia de episodios de limpieza étnica y religiosa ha estado dramáticamente vinculada a la historia de Europa oriental y Asia Menor en el curso del presente siglo. En algunos casos, como el del Holocausto, implicó la práctica desaparición de determinadas comunidades a manos de sus exterminadores. Sin embargo, no siempre fue así. Una matanza de carácter genocida acontecida hace más de ocho décadas provocó el nacimiento de la Turquía moderna.

Corría el mes de mayo de 1919. Aunque la primera guerra mundial había concluido hacía ya algunos meses, el conflicto -y las consecuencias emanadas del mismo- distaba mucho de poderse dar por terminado. Tal circunstancia resultaba especialmente cierta en el caso de las potencias vencidas. Sin embargo, contra lo que quizá constituye la creencia común, la carga mayor de la derrota no había recaído sobre Alemania sino sobre sus aliados, Austria-Hungría y Turquía, cuyos imperios habían resultado totalmente desmembrados. El caso del imperio otomano -denominado ya antes de la guerra “el hombre enfermo de Europa”- resultó especialmente convulso. En la práctica, el otrora altivo imperio quedó reducido a una pequeña franja de territorio europeo que incluía la ciudad de Estambul -la antigua Constantinopla- y una porción de Asia Menor lo que implicaba la pérdida de la inmensa mayoría de sus territorios situados antaño no sólo en los continentes mencionados sino también en África.

El deseo de aprovechar las condiciones exangües de Turquía llevó al estado griego a acometer una empresa expansionista iniciada con un episodio de lo que actualmente se denominaría “limpieza étnica”. El 15 de mayo de 1919, el ejército de Grecia desembarcó en Esmirna llevando a cabo una terrible matanza entre la población turca local. El episodio no resultó un abuso aislado ya que, de hecho, las minorías religiosas de la zona no tardaron en apoyar la invasión griega. Las consecuencias de este luctuoso acontecimiento iban a trascender, sin embargo, con mucho lo esperado. La primera fue, sin duda, una acentuación del nacionalismo turco. El 19 de mayo, cuatro días después del desastre de Esmirna, un oficial llamado Mustafá Kemal, que había sido nombrado inspector del Tercer Ejército en Anatolia, llegó a Samsun con la intención de analizar la difícil situación creada por el desembarco griego.

Kemal había nacido el 12 de marzo de 1881, en Salónica (actualmente Tesalónica, en Grecia), hijo de un suboficial convertido en comerciante de madera. Tras pasar por diversas escuelas militares de Salónica y Monastir e ingresar en la academia militar de Estambul, se había graduado como capitán de Estado Mayor en enero de 1905. Antes de la Primera guerra mundial, Kemal se había manifestado muy crítico frente al gobierno del sultán e incluso había formado parte del movimiento secreto de los Jóvenes Turcos lo que se tradujo en su traslado a Siria, una circunstancia que equivalía prácticamente a un exilio. Fue en esta zona donde fundó la sociedad secreta Patria y Libertad (1906).

Durante los años siguientes, Kemal combatió en Libia (1911-1912) contra Italia -lo que motivó su ascenso a general en noviembre de 1911- y en los Dardanelos durante la guerra de los Balcanes (1912-1913). Con todo, posiblemente su papel más destacado fue el que desempeñó en la campaña de Gallipoli contra el desembarco aliado (1915) en el curso de la primera guerra mundial. La derrota en este conflicto provocó en Kemal -como en la inmensa mayoría de los turcos- un sentimiento de desazón que se vio agudizado por la matanza de Esmirna. ¿Hasta dónde había llegado la decadencia del estado si ni siquiera era capaz de defender a sus habitantes del genocidio? Kemal no tardó en vertebrar el movimiento de resistencia en Anatolia al que vinculó inmediatamente con la idea de una reforma occidentalizadora del estado turco.

Cuando las potencias extranjeras exigieron no sólo el final de la resistencia turca sino también el cese del veterano general sólo consiguieron afianzar su apoyo popular. Un mes después de la matanza, Kemal promulgaba una circular en la que exponía las metas del nuevo movimiento, decretaba el final del gobierno del sultán y convocaba un Congreso en Erzurun. Cuando en 1920 el gobierno de Estambul consintió la ocupación de la capital por parte de los aliados y aceptó el control griego sobre algunas partes de Anatolia, Kemal respondió estableciendo un gobierno provisional en Ankara. Se trató de un camino largo, pero en 1922 logró volver a ocupar Esmirna donde se había producido la terrible matanza perpetrada por los griegos y, a continuación, abolió el sultanato y proclamó la república en cuyo primer presidente se convirtió.

A partir de ese momento, Mustafa Kemal -que sería denominado Atatürk, es decir, el padre de Turquía- sentó las bases de un estado laico que adoptó el alfabeto latino, consagró la abolición del califato y las restantes instituciones islámicas, e incluso impuso las vestimentas y el calendario occidentales. La ideología del nuevo régimen, conocida como kemalismo o atatürkismo, se articuló en torno a los principios de republicanismo, nacionalismo, populismo, estatalismo, laicismo y revolución. Atatürk iba a mantenerse en el poder hasta su muerte en Estambul el 10 de noviembre de 1938. Por lo que se refiere al régimen creado por él, se mantuvo incólume hasta la victoria aliada de 1945 en la segunda guerra mundial.

Pero ni siquiera su extinción significó el final de la influencia de Kemal Atatürk. De hecho, la posterior democratización de Turquía apeló a su ejemplo en la medida en que había encauzado la vida nacional por unos derroteros de carácter occidentalizador. De esta manera, un terrible episodio de limpieza étnica no sólo no se tradujo en el hundimiento de Turquía sino que más bien constituyó el pistoletazo de salida para el inicio de su modernización.

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