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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Quién creó la expresión "Telón de Acero"?

En 1946, Winston Churchill se refirió al dominio soviético sobre Europa central y oriental utilizando la imagen de un telón de acero que había descendido sobre el continente dividiéndolo en dos. La imagen -innegablemente plástica- hizo fortuna y pronto quedó popularizada por artículos, libros e incluso películas dedicados a la guerra fría. Sin embargo, ni Winston Churchill fue el primero en utilizarla ni siempre tuvo un significado peyorativo.

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En 1946, Winston Churchill utilizó la expresión "telón de acero" en el curso de una conferencia pronunciada en Fulton, Missouri. Con ella pretendía mostrar cómo el continente había quedado fragmentado entre una mitad occidental que, en general, defendía las libertades, y una oriental, sometida a un conjunto de dictaduras comunistas dependientes de la Unión soviética.

A partir de ese momento, se ha considerado que el antiguo premier británico era el creador del término. Sin embargo, tal consideración es errónea ya que la expresión no resultaba original. Muy posiblemente, el propio Churchill la pudo tomar de uno de sus adversarios más odiosos pero, a la vez, más cargado de ingenio, el doctor Joseph Goebbels. Con todo, tampoco fue el ministro de propaganda nazi el padre de la frase. El primero en utilizarla fue el escritor ruso Vasili Rozanov en 1917. En una de sus obras señalaba de manera específica: "Con un ruido, un chasquido y un gruñido, un telón de acero ha descendido sobre la historia rusa. La representación ha concluído. Los espectadores se han levantado de sus butacas. Ha llegado la hora de que la gente se ponga los abrigos y se marche a sus hogares pero miran a su alrededor y ya no hay ni abrigos ni casas".

Para Rozanov, el creador de la expresión "telón de acero", éste no era sino un símbolo de la revolución que había interrumpido el curso natural de la historia rusa despojando a los rusos de sus bienes, de sus hogares y de su pasado para sumergirlos en un pavoroso presente. El término no tuvo mucho éxito pero en 1921 volvió a ser utilizado por un exiliado ruso llamado Polyakov.

Posiblemente, esa insistencia en recurrir a la gráfica expresión llevó a los órganos de propaganda soviéticos a apoderarse de ella durante la década de los años treinta. En 1930, la Literaturnaya Gazieta publicó un artículo titulado precisamente "El telón de acero" debido a Lev Nikulin que estaba llamado a hacer fortuna. El texto comenzaba de la manera siguiente: "Cuando se produce un fuego en el escenario, el escenario es separado del auditorio mediante un telón de acero. Desde el punto de vista de la burguesía, existe una conflagración en la Unión Soviética que ha durado doce años. Tirando de las cuerdas con todas sus fuerzas, han intentado bajar el telón poco a poco, de manera que el fuego no llegue al foso de la orquesta".

Como quedaría demostrado en tantas ocasiones de la Historia, los propagandistas del comunismo se habían apoderado de un término y lo habían pervertido para proporcionarle un significado más acorde a sus fines. El telón de acero ya no era la manera absurda, despiadada y criminal en que la revolución había despedazado la evolución natural de la historia rusa de las décadas anteriores a 1917. Por el contrario, era el supuesto bloqueo que las potencias occidentales estaban imponiendo a la Unión Soviética para evitar que la revolución proletaria -la única y verdadera esperanza de la Humanidad- alcanzara otros puntos del globo.

A partir de ese momento, la expresión se popularizaría en diversos medios soviéticos y siempre en relación con el temor que la URSS inspiraba en el exterior por su carácter revolucionario. No obstante, la afirmación de Nikulin era extraordinariamente falaz por dos razones. La primera era que la ayuda occidental resultó esencial -en realidad, indispensable- para que los bolcheviques pudieran comenzar a organizar su dictadura. Durante los años veinte el noventa y cinco por ciento de las empresas industriales soviéticas recibían ayuda occidental en forma de maquinaria, tecnología y ayuda técnica directa. Personajes como Armand Hammer permitieron a los bolcheviques firmar interesantes acuerdos incluso con empresarios tan empecinadamente anticomunistas como Henry Ford. Sin embargo, sí es cierto que, en buena medida, occidente levantó un telón de acero en torno a la Unión Soviética.

Hacia 1930, la revolución bolchevique había costado ya millones de vidas humanas pero Occidente, en términos generales, no deseaba saber lo que sucedía al otro lado de la frontera. Un papel esencial en esta gigantesca y vergonzosa operación de engaño lo representaron los corresponsales occidentales que, en su aplastante mayoría, ocultaron, distorsionaron e interpretaron los hechos falsamente. De esta manera, episodios tan escalofriantes como la Gran hambre de 1931-1933 que costó la vida a millones de campesinos no fueron dados a conocer o se negaron descaradamente.

Si Bernard Shaw podía decir al término de un viaje a Moscú
"mañana dejo esta tierra de esperanza y regreso a nuestros países occidentales de la desesperación", el político laborista Harold Laski señalaba: "Nunca en la historia el hombre ha alcanzado el mismo nivel de perfección como en el régimen soviético". Eran sólo dos ejemplos entre docenas que se podían mencionar. Tuvieron que ser los nazis -que tanto aprendieron de los bolcheviques desde la instalación de una red de campos de concentración al empleo de gas para asesinar civiles o el tiro en la nuca- los que por una de esas paradojas sangrantes de la Historia devolvieran a la expresión "telón de acero" su tinte negativo.

Los países occidentales necesitarían una segunda guerra mundial y el espectáculo de los ejércitos de Stalin asolando media Europa para comenzar a recuperar el sentido de la realidad que algunos rusos habían contemplado claramente desde 1917. E incluso en occidente, la reacción fue parcial y tardó en imponerse décadas. Como tantas veces ha dejado de manifiesto el desarrollo histórico, no existe peor ciego que aquel que se niega a ver.
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