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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Quién dirigió la "Acción Moisés"?

Supuestamente se trataba de un hecho espontáneo cuya finalidad era lograr que se produjera una ruptura de la jerarquía con el régimen de Franco.

A mediados de 1966, la iglesia católica en España fue objeto de un episodio extraordinariamente singular denominado “Acción Moisés”. La realidad era compleja y llevaba a plantearse una cuestión esencial: ¿quién dirigió la “Acción Moisés”?

El 29 de junio de 1966 la Conferencia episcopal española difundió la primera de una serie de declaraciones —una instrucción de su comisión permanente acerca de la Iglesia y el orden temporal a la luz del Concilio— cuya finalidad era poner de manifiesto a los fieles las implicaciones del concilio Vaticano II. A la sazón, el episcopado español comenzaba a ver cuarteada su línea unánime de las décadas anteriores pero de manera aún poco perceptible. Según el que luego sería cardenal Tarancón, los posteriormente denominados obispos progresistas —más bien antifranquistas e identificados con la política antifranquista de Pablo VI y de la nunciatura— andaban por la docena pero carecían de una articulación y una dirección claras.

La aplastante mayoría, bajo la inspiración de Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid, se sentía vinculada a un régimen que, a decir verdad, los había salvado del exterminio en 1936. El documento era muy interesante en la medida en que manifestaba la disposición de la iglesia católica a renunciar a algunos privilegios y alababa a las naciones en las que se daba la elección de los representantes políticos en plena libertad, pero a la vez no deslegitimaba ni criticaba a un régimen que había demostrado ser extraordinariamente generoso con el catolicismo. De hecho, siguiendo el ejemplo de Juan XXIII, el texto reconocía la legitimidad de los sindicatos verticales y, sobre todo, evitaba condenar el sistema institucional franquista afirmando: “La Iglesia tendría que dar su juicio moral sobre las instituciones político-sociales sólo en el caso de que, por la índole misma de su estructura o por el modo general de su actuación, lo exigiesen manifiestamente los derechos fundamentales de la persona y de la familia o la salvación de las almas, es decir la necesidad de salvaguardar y de promover los bienes del orden sobrenatural. No creemos que éste sea el caso de España”.

En otras palabras, el documento afirmaba el derecho de la iglesia católica para enjuiciar los sistemas políticos e incluso denunciarlos si violaban determinados principios morales; dejaba entrever su postura favorable a un cambio político hacia un sistema más participativo y afirmaba que no existían razones para censurar el régimen existente a la sazón. Esta actitud se vería refrendada cuando poco después los obispos recomendaran un voto favorable en el referéndum de la Ley orgánica que, a fin de cuentas, indicaba que tras Franco no continuaría el franquismo sino que vendría un sistema monárquico.

Semejante postura —bastante comprensible a la luz de lo experimentado por la iglesia católica en España durante las décadas anteriores— tuvo una respuesta inmediata en lo que se conoció como “Acción Moisés”, denominada así posiblemente en referencia directa a la acción liberadora del caudillo hebreo que sacó a sus correligionarios de la esclavitud de Egipto.

La “Acción Moisés” pretendía la difusión de un documento de claro contenido político pero relacionado con la situación de la iglesia católica siguiendo una estrategia especialmente bien elaborada. De acuerdo con la misma, desde el 25 de julio a finales del mes de agosto de 1966 había que dar con los posibles enlaces en cada centro diocesano, del 1 al 15 de septiembre debían recogerse las firmas de apoyo al documento en las diócesis y los días 15 y 16 del citado mes enviar las firmas a su destino utilizando la vía personal. Los destinatarios de las firmas serían los directivos de la conferencia episcopal, los obispos, el nuncio, el papa y los representantes de las conferencias episcopales europeas.

La “Acción Moisés” iba a recibir además una notable cobertura de medios seculares y eclesiales ideológicamente afines de manera que se magnificara —en la línea de la Komintern— su verdadero alcance. Entre esos medios —Cuadernos para el Diálogo, Vida Nueva, Aún, Incunable, Hechos y Dichos, Ábside y Triunfo— destacaban los vinculados a la compañía de Jesús, ya muy escorada hacia el marxismo, y los controlados en mayor o menor medida por afines al socialismo, a la democracia-cristiana de apertura “a sinistra” y, sobre todo, al PCE.

La reunión de los implicados se llevaría a cabo en las Operarias parroquiales, sitas en la calle Arturo Soria 230 de Madrid, so capa de tratarse de una “reunión de catequesis de seglares y curas”.


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