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DEMOCRACIAS LIBERTICIDAS

¿Quién vigila al vigilante?

Son varias las sociedades dignas de admiración que se han sucedido a lo largo de la Historia. Si pensamos en la Antigüedad, Atenas y Roma brillan como piedras preciosas; si en el Renacimiento, las ciudades-estado de la Italia septentrional y Flandes; si en el Mundo Contemporáneo, Gran Bretaña y su legítimo sucesor, EEUU. El caso de Austria es particularmente llamativo, porque en muy poco tiempo (finales del siglo XIX y principios del XX) alumbró numerosas personalidades de primer nivel: Menger, Freud, Popper, Mises y Hayek.

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¿Qué tienen en común esas sociedades? Vemos democracias, pero también monarquías, repúblicas e imperios. Así que debemos descartar la forma de gobierno como factor determinante a la hora de fundamentar la grandeza de un Estado. Lo que nos queda como principio aglutinador es la libertad. La autonomía que predominaba en todos esos lugares y en los períodos mencionados es la única explicación razonable. En consecuencia, las grandes figuras que tanto nos maravillan sólo pudieron surgir porque tuvieron la fortuna de ser dueñas de su propio destino.
 
Los socialismos proclaman la superioridad de los intereses colectivos sobre los individuales. No obstante, las sociedades que funcionan con las reglas del panal son las más tristes y las que causan más sufrimiento a la gente.
 
Desde la Antigüedad y el Renacimiento, la filosofía política ha avanzado mucho. Actualmente hay una coincidencia generalizada en que la descentralización y la separación de poderes, con los debidos controles y balances, representan el mejor antídoto contra cualquier clase de tiranía. Y en que la libertad significa que, incluso en un sistema democrático, el individuo tiene derechos que ninguna mayoría le puede quitar.
 
Últimamente, la democracia está muy devaluada; sobre todo en Latinoamérica, donde tiende a solidificarse como otra forma de gobierno totalitario. Y eso se nota especialmente con lo que está ocurriendo con la prensa independiente. Porque lo que caracteriza a una democracia, según su concepción original, es que las autoridades están bajo el escrutinio permanente de los ciudadanos.
 
El derecho a estar informado y a poder criticar a los gobernantes es la mejor garantía para la libertad y el bienestar del hombre común. Nadie debe dudar de la estrecha relación que existe entre la calidad de la prensa de una nación y la categoría de su democracia.
 
Han proliferado mecanismos y prácticas que  cercenan severamente este derecho humano, en teoría "inalienable". Entre las principales amenazas están las leyes restrictivas que obstaculizan el acceso a la información pública, las sentencias judiciales contrarias a la libertad de prensa (que tienen un efecto inhibidor en los periodistas), las decisiones administrativas arbitrarias y discriminatorias en materia de publicidad y créditos oficiales, la revocación de licencias de emisión o circulación y la persecución o el señalamiento de medios y periodistas por parte de oficinas fiscales a instancias de las jefaturas del Estado.
 
En estos días el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, ha decidido revocar el permiso de cuatro emisoras radiales pertenecientes a una misma familia. El titular de la Dirección General Impositiva declaró que estamos ante una decisión tomada por el Ejecutivo sobre la base de que los dueños de las emisoras no tienen "solvencia moral" ni "económica", por lo que, para él, se trata de una "aplicación de justicia". Y poco después comentó que los empresarios afectados no necesitan las licencias "para comer", porque es "gente con patrimonio muy importante".
 
De los medios de comunicación afines al Gobierno, que en algunos casos han sido denunciados públicamente por sus propios trabajadores como "evasores", no ha trascendido que hayan sufrido contratiempo alguno. 
 
Ante tan obvia desigualdad ante la ley, ¿quién vigila al vigilante?
 
Thomas Jefferson mantenía que, entre un Gobierno sin prensa o una prensa sin Gobierno, no hubiera dudado ni por un momento en escoger lo segundo.
 
 
© AIPE
 
HANA FISCHER, analista uruguaya.
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