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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Se hizo todo lo posible para rescatar a José Antonio?

No han faltado los que han considerado que el fusilamiento de José Antonio benefició de manera especial a Franco —que, supuestamente, se libraba de un rival— y que por ello no se hizo todo lo posible para rescatar al preso de la cárcel donde se encontraba. Realmente, ¿se dejó morir a José Antonio o, por el contrario, se hizo todo lo posible para rescatarle?

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La cautividad, proceso y muerte de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange española, sigue constituyendo con el paso del tiempo uno de los episodios más espinosos relacionados con la guerra civil española.
 
El 16 de agosto de 1936, los funcionarios de la prisión de Alicante afirmaron haber descubierto dos pistolas que tenían José Antonio Primo de Rivera y su hermano ocultas. El dirigente de Falange alegaría que se trataba de una trampa encaminada a incriminarle mientras que sus adversarios aducirían este episodio como una prueba del régimen laxo que había tenido en la prisión, algo que, dicho sea de paso, tenía mucho de cierto. Fuera como fuese, lo cierto es que aquella circunstancia tuvo como consecuencia la apertura de un nuevo proceso contra ambos hermanos por tenencia ilícita de armas. La situación, ya de por sí delicada, acababa de empeorar. El dirigente de Falange no sólo no había podido ser liberado en julio, al estallar el alzamiento contra el gobierno del Frente popular, sino que además era previsible que se procediera a procesarle rápidamente con trágicas consecuencias. En septiembre, comenzaron, por lo tanto, a producirse los primeros intentos de rescate de José Antonio desde el fracasado del 19 de julio. En los mismos tuvieron un papel predominante personajes de la zona controlada por los alzados —incluyendo al mismo Franco— así como extranjeros, especialmente alemanes.
 
El primero de estos intentos tuvo lugar en la segunda quincena de septiembre en un momento en que Alicante, donde estaba recluido José Antonio, disfrutaba de una enorme importancia porque se había convertido en el puerto de evacuación de la colonia alemana de España y de otros extranjeros. Por su puerto habían huido, entre otros, Lolita Primo de Rivera; Pilar Primo de Rivera; la esposa de Fernando Primo de Rivera, Rosario Urquijo; Rafael Garcerán y el obispo de Murcia. El 5 de septiembre, la representación del bando alzado en Lisboa se dirigió a la legación alemana para instar al traslado de un funcionario alemán a algún barco bajo este pabellón atracado en Alicante a fin de que iniciara las gestiones para liberar a José Antonio. Nueve días después, el alto mando de la Marina alemana dio el visto bueno a la petición. Por supuesto, la condición para llevar a cabo esta operación era que no lesionase los intereses de Alemania que, en teoría y pese a estar ayudando militarmente a Franco desde el mes de julio, seguía manteniendo cordiales relaciones diplomáticas con la República.
 
El día 16, el alto mando de la Marina en Berlín telegrafió a los navíos Iltis y Admiral Graf Spee para que ejecutaran la operación. El 17, el Iltis llegó a la altura de Alicante con un grupo falangista mandado por Agustín Aznar y en el que se encontraba Rafael Garcerán. Se realizaron entonces gestiones con personas relacionadas con la FAI y la CNT con la finalidad de poder lograr la liberación de José Antonio mediante un soborno. No parece que las mismas estuvieran dando mucho resultado pero, en cualquier caso, el 22 tuvieron que ser interrumpidas al ser reconocido Aznar en la calle y detenido. El falangista consiguió escapar y corrió a buscar refugio entre los alemanes, lo que logró aunque no sin que se produjera por esa causa una agria controversia entre los funcionarios germanos. El 5 de octubre, Aznar y Garcerán, que no habían logrado el rescate de Primo de Rivera, abandonaron aguas alicantinas en un barco alemán. En su ánimo, sin embargo, no había entrado la idea de abandonar a su jefe.
 
El 6 de octubre Agustín Aznar, Rafael Garcerán y el cónsul alemán Hans-Joachim von Knobloch (que había colaborado en el primer intento de rescate) llegaron a Sevilla e inmediatamente comenzaron a idear un nuevo proyecto de liberación de José Antonio. Los falangistas eran partidarios de equipar un barco de Ybarra para trasladar en el mismo un grupo de rescate falangista que rescatara a los Primo de Rivera mediante un golpe de mano. El cónsul, por el contrario, abogaba por intentar primero el soborno a través del gobernador civil al que conocía personalmente. El criterio de Knobloch se impuso. Además, el alemán podía usar ahora como mediador a Gabriel Ravelló, persona a la que había ayudado a huir de la zona controlada por el Frente popular en agosto y que además era un buen amigo del gobernador republicano.
 
Franco aprobó de manera expresa la operación. Por lo que se refiere a Berlín, concedió también su autorización expresa pero insistiendo en que era “preciso evitar que en su ejecución” quedaran “comprometidas autoridades alemanas”. El 12, el torpedero Luchs atracó en Algeciras a las 12.50 para recoger a Von Knobloch, a Gabriel Ravelló y a Pedro Gamero del Castillo. El 13, a las 11.50, los tres eran transbordados al buque cisterna Hansa. Ese mismo día tuvo lugar en ese barco una entrevista entre el vicealmirante Rolf Carls, comandante en jefe de las unidades navales en España, Von Knobloch y el consejero de la Embajada alemana Karl Schwendemann. Von Knobloch les expuso los dos planes de liberación: intento de soborno del gobernador civil de Alicante, que no debería exceder de los tres días, o mediante un golpe de mano. Las conclusiones a que se llegaron fueron las siguientes:
1. En estos momentos se está intentando una posibilidad de liberación a través del soborno de gente de la FAI con ciertas perspectivas de éxito. Este intento no debe verse obstaculizado por otras medidas.
2. Debe rechazarse el soborno del gobernador porque éste no detenta ningún poder real y es bastante posible que se niegue a ello e informe al respecto. Esto inevitablemente colocaría al Reich en una situación comprometida.
3. La liberación recurriendo a la fuerza cuenta con algunas probabilidades de éxito si bien incluye el riesgo de que los guardias disparen sobre Primo que está especialmente vigilado. Por esta causa resulta preferible considerar prioritario el primer intento.
 
Como había sucedido previamente, los nazis seguían interesados en rescatar a José Antonio pero siempre que eso no implicara perjudicar sus propios intereses.
 
 
La próxima semana desvelaremos el ENIGMA sobre el rescate de José Antonio.
 
 
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