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AL MICROSCOPIO

Si no lo veo, me lo creo

La ciencia avanza a base de la constatación. Si no hay ecuaciones, observaciones, modelos repetibles, experimentos palpables, no hay ciencia. Es la versión empírica del “si no lo veo, no lo creo”, los antípodas de la fe. Pero no siempre. Existe una familia de fenómenos cósmicos donde la premisa se invierte, donde la evidencia reside, precisamente, en que no podemos ver nada de ellos. Me refiero a los agujeros negros, esos asombrosos sumideros universales que siguen siendo una de las piezas aún descolocadas en el rompecabezas de nuestro conocimiento del espacio y el tiempo.

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En las cercanías de todo agujero negro se despliega una región misteriosa de nombre evocador: el horizonte de sucesos. Se trata de una especie de frontera, una última estación en el viaje interestelar en la que sólo se pueden sacar billetes de ida. Todo aquello que traspase el horizonte de sucesos de un agujero negro (incluida la luz) está condenado a no volver jamás. La mejor evidencia de la existencia de un sumidero cósmico es, precisamente, la detección de un horizonte de sucesos pululando, por ejemplo, en el corazón de una galaxia activa. El problema es que, dado que la luz atrapada por él no puede dar marcha atrás, estos fenómenos son invisibles. Es decir, nos encontramos posiblemente ante el único modelo de conocimiento científico en el que no ver nada es sinónimo de haber visto algo.

O por lo menos las cosas eran así hasta hace bien poco. Porque, utilizando sus dos telescopios espaciales más potentes (el Hubble y el Chandra) la NASA acaba de anunciar la obtención de la mejor evidencia de la existencia de un horizonte de sucesos conseguida hasta ahora. El Chandra es un poderoso telescopio de rayos X que ha sido capaz de fotografiar una docena de novas de rayos X, sistemas que contienen estrellas similares a nuestro Sol y que orbitan alrededor de agujeros negros o de estrellas de neutrones. Analizando la cantidad de energía emitida por estos sistemas los científicos han podido demostrar que dicha cantidad es casi el doble en el caso de que las novas orbiten estrellas de neutrones que en el caso de que giren en torno a agujeros negros. Adónde va a parar la energía que le falta a estos últimos. Los astrónomos creen que ésa es precisamente la radiación absorbida por un horizonte de sucesos. Es decir, cuanto mayor sea la cantidad de radiación que no puede verse, mayor es la evidencia de que existen los horizontes de sucesos: Si no lo veo, es que está ahí.

El proceso es similar a la sensación que debe experimentarse si se viaja en una canoa por un río y se ve al fondo que el agua desaparece: una evidencia indiscutible de que nos aproximamos a una cascada profunda.

Paralelamente, otros equipos de científicos han realizado una aproximación a los horizontes de sucesos completamente distinta. En este caso, han elegido para sus observaciones al telescopio espacial Hubble. Con él, han realizado mediciones de las pulsaciones de luz ultravioleta emitidas por cúmulos de gas que atraviesan un objeto supermasivo llamado Cygnus XR-1. Dicho objeto debe albergar un horizonte de sucesos porque el Hubble ha detectado un decaimiento periódico en dichas pulsaciones. Si el gas chocara con la superficie de un cuerpo compacto, debería emitir flashes ultravioletas constantes. Pero la señal recibida es tenue e inestable, lo que sugiere la presencia de un agujero negro con su frontera de no retorno.

La astronomía es una fascinante ciencia que permite la detección de los objetos más lejanos, más brillantes, más energéticos y más misteriosos del cosmos. A partir de ahora, la astronomía también consiste en creer sin ver.
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