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BASURA SELECTA

Sofía Mazagatos, de Miss a Sor

Sofía Mazagatos ha conseguido mantenerse en el "candelabro" durante casi diez años, sin que se extinga la llama del cirio de su fama, pero más por los incendiarios titulares que provoca en la prensa rosa que por sus méritos profesionales. Si hacemos un poco de historia y revisamos su azarosa trayectoria por las pasarelas de la celebridad, constataremos que la modelo tiene una notable capacidad para encender el fuego de la polémica y para chamuscarse la pestañas con sus propias palabras.

Desde que se dio a conocer como Miss España 1992, siendo aún una adolescente, Sofía ha tenido que lidiar con periodistas crueles y resabiados que siempre han insistido en sus tropiezos a la hora de expresarse o razonar. La prensa, por ejemplo, no debió ensañarse tanto con ella cuando confundió el candelabro con el candelero durante una entrevista. No nos parece una confusión tan grave, puesto que si se consulta el diccionario de la RAE, se comprobará que ambos utensilios son muy parecidos y sirven para mantener derechas velas o candelas. Tampoco fueron benévolos los periodistas cuando manifestó que sentía una profunda admiración por Mario Vargas Llosa aunque no hubiese leído sus novelas o sus artículos. Todo un gesto de honestidad, puesto que muchos enteradillos con mayores pretensiones intelectuales citan a Ortega y Gasset pensando que son los socios de un prestigioso despacho de abogados. La pobre Sofía fue juzgada por aquellas inocentes torpezas como si debiese tener la misma cultura que María Zambrano o María Moliner.

Menos benévola aún ha sido la prensa con sus noviazgos. Bien es sabido que las reinas de belleza en este país suelen mantener tórridos romances con toreros, futbolistas y empresarios cincuentones, vinculados al sector servicios, el negocio inmobiliario o la construcción. Sofía no podía ser distinta. Mantuvo un idilio con el diestro José Mari Manzanares y luego se dejó querer por González de Caldas, que por aquel entonces era el presidente del Sevilla. Su relación con el empresario andaluz avivó las llamas del candelabro durante algunos meses, al saberse que González de Caldas le había regalado un flamante Mercedes a cargo de los agotados presupuestos del Sevilla. No sabemos cómo se financió realmente el vehículo, pero la afición del Betis agradeció este detalle espléndido, que fue interpretado en los bares y cafeterías hispalenses como uno de los desafueros que llevaron al Sevilla a patear los campos de la Segunda División. Si el regalo del Mercedes fue polémico, no lo fue menos el dudoso procedimiento administrativo mediante el cual Sofía obtuvo el carnet de conducir en Gibraltar. Es posible que sintiese como un hecho consumado aquella célebre proclama patriótica de "¡Gibraltar español!" y por tanto le pareciese lícito tramitar su carnet en la policía de tráfico del Peñón.

También son recordados los problemillas de la Mazagatos con Mar Flores por una agencia de modelos que ambas montaron en 1996. El negocio fue ruinoso y al parecer provocó la ruptura de una sincera amistad. Una pena, puesto que Sofía y Mar eran almas gemelas. Cuando eran socias, Mar también se perdía por empresarios maduros, atractivos y de sonoros apellidos compuestos como Fernando Fernández Tapias, conocido cariñosamente entre sus allegados por el apelativo canino de "Fefé". Pero no se agotan ahí las coincidencias entre el par de gemelitas. Cansada de la enojosa frivolidad de las galas benéficas y los actos promocionales, Mar Flores quiso ser actriz y consiguió protagonizar dos películas muy distintas: La Vuelta del Coyote de Mario Camus y Resultado final de Juan Antonio Bardem. Por desgracia, no logró ganar un Goya como heroína de tebeo y menos aún como estudiante comprometida en la lucha antifranquista. Tras su decepcionante carrera en el cine, volvió a ser imagen de marca de cualquier producto y empezó a destrozar corazones de sangre azul.

La Mazagatos debió tomar buena nota del fracaso de su antigua amiga y decidió marcharse a Nueva York, para estudiar declamación y expresión corporal en el prestigioso Actor's Studio, antes de intentar debutar en la pantalla grande. Su estancia en Nueva York también le sirvió para descansar durante una larga temporada del agobiante acoso de las alcachofas de los programas de cotilleos y de los centelleos luminosos de los reporteros gráficos.

Después de dos años aprendiendo a recitar a Shakespeare, Sofía Mazagatos ha logrado debutar como actriz en la coproducción hispano-mexicana “Las pasiones de Sor Juana”, que se estrenará el próximo febrero. Sin embargo, su presentación cinematográfica ya ha generado una querella al publicarse unas fotos suyas en las que sale bañándose desnuda en una escena de la película. Según Sofía Mazagatos, el motivo de la demanda judicial contra uno de los productores ha sido por el uso indebido de unas fotografías que corresponden a una escena suprimida del montaje definitivo de la película. Suponemos que el enfado de la demandante nada tiene que ver con su natural recato, puesto que ya lo perdió hace dos años posando en las páginas centrales de una revista para caballeros. Por aquel reportaje de altísimo interés artístico, Sofía debió ganarse un buen dinerito. Ahora, le roban unos desnudos aún más espléndidos, pero que no podrá incluir como ganancias en su declaración de hacienda. A pesar de su enfado, Sofía puede sentirse satisfecha de haber interpretado el papel de una aplicada estudiante universitaria que se siente fascinada por la piadosa figura de Sor Juana Inés de la Cruz. Cuando se estrene la película, algún crítico de cine podrá decir que la antigua Miss España no encaja muy bien en el papel. Qué más da. Menos convincente aún quedaba Mar Flores con su mochilita de progre de los setenta en el film de Juan Antonio Bardem.

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