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MEDICINA Y SALUD

Vuelve la dinomanía

Ya están aquí de nuevo. Los dinosaurios amenazan con salir de su letargo cinematográfico para invadir de nuevo las pantallas de cine de todo el mundo. La tercera entrega de Parque Jurásico, en esta ocasión dirigida no por Steven Spielberg, sino por Joe Johnston, seguro que volverá a poner de moda estos terribles lagartos. La incomprensible dinomanía, la pasión por los dinosaurios, hará que grandes y pequeños viajen con la imaginación a épocas remotas en las que el hombre ni siquiera estaba como proyecto en la mente de la Madre Naturaleza.

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Resulta difícil explicar la fascinación que los humanos sentimos por estas criaturas extintas. Quizás sea porque los dinosaurios y los demás miembros de su grupo, los cocodrilos y los pterosaurios voladores, dominaron el aire, la tierra y los mares del planeta durante la era secundaria. Aquella era de los reptiles dominantes comenzó hace más de 200 millones de años y concluyó hace alrededor de 65 millones de años. Durante este periodo de casi 140 millones de años evolucionaron algunas de las bestias más impresionantes conocidas: dinosaurios carnívoros de hasta 7 metros de altura, dinosaurios herbívoros de una treintena de metros de longitud y pterosaurios con la envergadura de una avioneta. Sus fabulosos tamaños despiertan nuestra curiosidad y alimentan la imaginación: resulta excitante imaginar una manada de lagartos tan altos como un edificio pastando en una pradera o el enfrentamiento entre dos bestias enfurecidas exhibiendo unos incisivos que atravesarían la chapa de nuestro coche como si fuera de mantequilla.

Pero hay otro aspecto de los lagartos terribles, que es lo que significa la palabra dinosaurio, que inquieta a nuestro subconsciente: los únicos miembros supervivientes de la sobrecogedora familia de los reptiles dominantes, los llamados arcosaurios, son los actuales cocodrilos. Pterosaurios y dinosaurios desaparecieron misteriosamente en un abrir y cerrar de ojos. Antes de extinguirse, quizás por una erupción volcánica, la caída de un meteorito gigantesco o el paso cercano de un cometa, un pequeño grupo de dinosaurios nos dejó como legado las aves. La caída de su reinado también permitió la evolución de los tímidos y minúsculos mamíferos, cuya existencia estaba acosada por los lagartos depredadores. Podríamos aseverar que estamos aquí gracias a su desaparición. Paradójicamente, su reinado no se lo entregaron a las aves, sino a la especie humana. Nosotros somos los dinosaurios de la era cuaternaria, la estirpe dominante. Un reinado que hemos conquistado en sólo 4 millones de años de humanidad. ¿Nos deparará el destino un final similar al que acabó con los dinosaurios? ¡Quién sabe!

Como decíamos al principio, regresa la dinomanía. La relación entre el séptimo arte y la paleontología, entre los guionistas y los dinosauriólogos, entre los fósiles y sus reconstrucciones animadas, resulta como menos curiosa. El cine bebe de los hallazgos paleontólógicos, para crear nuevas historias, y el interés del público por ellas revierten en los investigadores en fondos para seguir investigando. En Parque Jurásico III, el famoso paleontólogo Alan Grant (Neill) es persuadido por un aventurero (Macy) y su esposa (Leoni) para que les acompañe en tour aéreo por la Isla Sorna. Alan está ansioso por verificar su nueva teoría acerca de la inteligencia del Velociraptor, un dinosaurio de 1,8 metros de longitud que por lo general tenía la cabeza corta y redonda. En el mundo real, los hallazgos paleontológicos indican que este dromeosáurio era un temible cazador equipado con unas afiladas dagas en sus patas que probablemente planificaba con astucia sus cacerías.

En la nueva entrega tampoco falta el rey de los cazadores. Nos referimos al Tyrannosaurus rex. La imagen popular de este impresionante terópodo podría resumirse en la siguiente frase: el más terrible mecanismos de destrucción que haya recorrido la tierra. Por término medio, el Tyrannosaurus medía unos 12 metros de longitud, tenía aproximadamente 6 metros de altura y pesaba entorno a las 7 toneladas. Sólo la cabeza medía algo más de un metro de longitud y estaba provista de numerosos colmillos de 15 centímetros de largo. No es de extrañar que Spielberg lo eligiera para atemorizar a los sufridos espectadores.

Del tiranosaurios se han escrito ríos de tinta. La admiración del público por esta criatura ha estimulado a los paleontólogos, que se han esforzado por desentrañar todos sus secretos, desde cómo era su aspecto hasta la velocidad que podía alcanzar en sus persecuciones y la fuerza con la que podía hincar el diente. Sin embargo, se sabe muy poco acerca de su origen y evolución. Pero un reciente hallazgo ha puesto sobre la pista a los científicos. Un equipo de paleontólogos ha descubierto el esqueleto de un primitivo tiranosaurioide que viene a confirmar lo que algunos ya sospechaban: los grandes reptiles depredadores evolucionaron a partir de dinosaurios más pequeños, con brazos largos y fuertes garras. Clásicamente se pensaba que el Tyrannosaurus rex surgió de un linaje de grandes dinosaurios carnívoros que proliferaron en el Jurásico hasta hace 80 millones de años. Una hipótesis alternativa, propuesta en los años veinte, sostenía que los tiranosaurios que vivieron hace 65 millones de años eran los descendientes de unos depredadores de menor tamaño conocidos como coelurosaurios. Entre éstos se halla el Velociraptor. Sin embargo, los paleontólogos rechazaron esta propuesta, que cayó en el olvido, hasta que fue rescatada en los noventa. Algunos expertos advirtieron las semejanzas anatómicas entre los pequeños coelurosaurios y los gigantes T. rex. Sin embargo, no encontraron un fósil que sustentara la transición entre unos y otros.

El eslabón perdido podría ser un dinosaurio que vivió hace 132 millones de años. Se trata del Eotyrannus, un reptil cuyos restos fósiles fueron encontrados en 1997 por un coleccionista, en Wight, en la costa sur de Inglaterra. Para ser honestos, hay que decir que con anterioridad ya se habían hallado huesos de este animal, pero nunca un esqueleto tan completo. Los resultados de su estudio acaban de ser publicados en la revista Cretaceous Research por un equipo de investigadores de la Universidad de Portsmouth y del Museum of Isle of Wight Geology. Como puede leerse en el artículo, existen numerosas coincidencias que relacionan al Eotyrannus con el Tyrannosaurus. Ambas especies presentan unos huesos nasales soldados y unos dientes con una sección con forma de D. Otros rasgos del lagarto inglés son más primitivos, y sus largas extremidades anteriores y manos recuerdan a la de los velocirraptores.

Quizás esta información sirva de poco al profano que acuda al cine para deleitarse con las argucias del T. rex. Aunque seguro que algún niño se queda con la copla para presumir ante sus amigos de sus sobrados conocimientos en dinosaurología.
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