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VERDADES DOGMÁTICAS

La mentalidad inquisitorial

No es casual que socialmente se vaya prefiriendo usar tolerar en vez de respetar. Detrás de la elección e imposición social de un término hay toda una ideología y mentalidad. Y, en la indiscernida aceptación de lo que acabarán siendo usos sociales, hay un cómodo abandono a lo dominante que se convierte, a su vez, en colaboración necesaria, aunque pasiva, de la nueva configuración social.

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Decía Julián Marías que "lo característico de todo espíritu inquisitorial –cuya forma extrema es el "terrorismo"– es dar por supuesto lo que no es evidente, y sobre ello edificar todo un sistema de afirmaciones y, sobre todo, negaciones". Éstas no se dan únicamente en el sistema de ideas, sino también en la vida cotidiana. El inquisidor, el grande y sus adláteres, va reduciendo paulatinamente las posibilidades de quienes no se pliegan a su visión; sus derechos y libertad van siendo cercenados. Los medios usados son variados, desde pequeñas represalias sociales hasta el asesinato terrorista.

Éste, no hace falta recordarlo, está presente en nuestra sociedad y uno de los grandes males que ocasiona es que sirve de camuflaje para otras formas de inquisición más silenciosas. Sospecho que uno de los motivos por los que no ha desaparecido el terrorismo en España es porque le es útil a otros modos de violencia social. ¿Cuáles son éstos? Bastaría con preguntarnos qué cosas no son evidentes y, sin embargo, se dan por supuestas y, entorno a ellas, se va forjando una ideología y un sistema de primas y represalias. Suposiciones a las que se suele llegar con un formidable y sistemático bombardeo propagandístico. Los ejemplos serían muchos, enumerarlos todos, sistematizarlos y comentarlos, podría dar lugar probablemente a uno de los ensayos más sugerentes para nuestros días. Algunos ejemplos. En el terreno económico, se da por sentado que las subvenciones ayudan a crear empleos. Pero esto no es evidente; difícilmente hay quien intente sostenerlo racionalmente y quien opina lo contrario soporta la carga de la prueba y la etiqueta de... "capitalista salvaje", por ejemplo. Socialmente, se da por supuesto que los servicios públicos son más solidarios, pero esto no es evidente y quien intenta sostener lo contrario, pues eso. Lo que no quiere decir que lo que se da por supuesto no pudiera ser lo mejor; pero por no ser evidente, se tiene que justificar.

En lo religioso y en lo que está relacionado estrechamente a estos temas, el número de cuestiones que se dan por supuestas y se intentan imponer por la fuerza, por sutil que ésta sea, a falta de argumentos y verdad, es muy larga. Se suele dar por sentado que público es sinónimo de estatal y privado de personal, pero no es ni mucho menos evidente. Sin embargo, esto tiene un peso decisivo en la comprensión actual del laicismo y la EpC. Cuando vemos películas, especialmente muchas de factura española, en ellas se da por supuesto que lo católico es algo de suyo malo, pero claro, esto no es ni mucho menos evidente. Con todos los festejos conmemorativos de Darwin, se da por cierto que la evolución de las especies es una verdad incontrovertible, aunque sea, cuando menos, falsable; pero además, sobre ello, se sostiene otro supuesto, que esto demuestra no ser cierta la fe en la creación. Es más, parece, por la forma de presentar las noticias científicas, que cualquier descubrimiento es un avance en el derribo de la pestífera religión. Y la carga de la prueba, además del sambenito, cae sobre quien intente sostener lo contrario.

¿Qué hacer? Pocos son los que actúan con libertad pese a estas "verdades dogmáticas", que es la única forma de neutralizarlas. "El rebelde –dice Julián Marías– se enfrenta con ellas y las niega, pero parte del supuesto, y en definitiva entra en el juego; por tanto, permanece dentro del ámbito definido por la inquisición, no escapa a ella, y ésta ha conseguido su principal finalidad. De ahí la inmensa capacidad esterilizadora de todas las formas de inquisición –religiosas, políticas, científicas, literarias, artísticas–, que logran su propósito de encadenar la libertad dando a elegir entre la sumisión o la rebeldía dentro de su propio planteamiento". Acaso uno de los grandes retos que tengamos sea no dejarnos envolver por la actitud "anti-" y, más allá de posturas reactivas, vivir, actuar y afirmar libres de todo inquisitorial supuesto.

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