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VALKIRIA

Un dilema moral

Juan Orellana

Bryan Singer, el director neoyorquino acostumbrado a las cintas fantásticas (X-Men, Superman,...) deja de lado el género fantástico para pisar terreno histórico y contarnos uno de los quince atentados fallidos que sufrió Adolf Hitler. A partir de un guión de Christopher McQuarrie y Nathan Alexander, Valkiria nos sitúa en el tramo final de la Guerra Mundial, en verano de 1944.

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Un grupo de civiles y altos oficiales de la Wehrmacht están al frente del llamado Complot del 20 de julio. Su principal impulsor, el coronel Claus von Stauffenberg (encarnado por un correcto Tom Cruise), diseñó un golpe de Estado que utilizaría en su beneficio la Operación Valkiria, un plan de contingencia aprobado por Hitler y diseñado para reprimir una hipotética revuelta contra el Tercer Reich. Claus von Stauffenberg era un aristócrata católico que había ingresado en la Wehrmacht en 1920. A principios de 1943, mientras combatía en África en la 10ª División Panzer, Stauffenberg resultó gravemente herido y perdió un ojo, su mano derecha y varios dedos de su mano izquierda. Casado y con familia, tras su recuperación decidió dar la cara por su patria, fueran cuales fueran las consecuencias. Regresó a Alemania donde fue destinado a la Oficina General del Ejército en Berlín y allí se unió al movimiento de Resistencia Alemana, organizado en torno al general Ludwig Beck y al doctor Carl Goerdeler. La película cuenta minuciosamente este proceso de preparación, ejecución y consecuencias del fallido golpe de Estado del 20 de Julio.

¿Es moralmente lícito matar al tirano? Esta pregunta ha recorrido siglos de reflexión moral, política y teológica en occidente. Y la respuesta no es concluyente, al menos en figuras de referencia como santo Tomás de Aquino. Otros autores cristianos contemporáneos del Doctor Angélico, como Juan de Mariana o Juan de Salisbury parecen más inclinados a justificar el tiranicidio. Recientemente la cuestión volvió al candelero con la problemática aparición en el Catecismo de la Iglesia Católica de una sutil justificación de la pena de muerte en casos extremos. En cualquier caso, la pregunta, si es fastidiosa en abstracto, se torna dificilísima cuando se concreta: ¿hubiera sido lícito matar a Adolf Hitler? Sabemos que el fin no justifica los medios y que matar va contra el quinto mandamiento, pero a la vista de lo que Hitler supuso para la humanidad, la cuestión se torna en extremo problemática y nada sencilla de responder. De hecho, cuando los conspiradores del 20 de Julio ponen en marcha la operación Valkiria, destinada a acabar con la vida del Führer, e inician los preparativos del atentado, el teniente Werner von Haeften (interpretado en el film por Jamie Parker), implicado en el golpe, renuncia a "disparar el gatillo" por razones morales y religiosas. Lo curioso del caso es que la conspiración también se puso en marcha por razones morales y religiosas. Muchos de los integrantes de la operación Valkiria eran protestantes o católicos practicantes y querían acabar con esa descomunal ignominia que era el régimen de Hitler.

En el film no se abordan directamente estas cuestiones, que se dan por sobreentendidas o elípticas, y se prefiere que todo gire en torno a la intriga y el suspense, muy bien llevados, ciertamente. Así, aunque Valkiria pasa de puntillas por los conflictos dramáticos de los personajes, es una cinta histórica de indudable interés que da a conocer al público español algo de lo que sabemos poco: la resistencia alemana. Muy recomendable.