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DEUS CARITAS EST

Un seguidor de Tocqueville en el Vaticano

Tras la elección de Joseph Ratzinger como Papa en abril de 2005, muchos analistas indicaron correctamente que el maestro teológico de Benedicto XVI es San Agustín. Ese obispo africano del siglo V es un gigante de la Iglesia, cuya vida y escritos tuvieron un papel decisivo en la formación de la civilización occidental.

La primera encíclica del Papa Benedicto XVI, Deus caritas est (Dios es amor), está llena de citas y temas tomados de los textos de San Agustín. Pero la publicación de la misma parece confirmar que otro pensador más contemporáneo también ha influenciado mucho la manera en que Benedicto XVI ve la religión en una sociedad libre y la naturaleza del Estado. Se trata del filósofo francés del siglo XIX Alexis de Tocqueville. Autor de obras clásicas como "Democracia en América", la relación de Tocqueville con la cristiandad fue compleja. Habiendo crecido en una familia devota, a Tocqueville le horrorizó la violencia de la Revolución Francesa contra la Iglesia Católica, el saqueo de iglesias y ataques tanto a sacerdotes como a seglares. Pero Tocqueville también fue crítico de la tendencia del clero de apoyar el absolutismo de la época posrevolucionaria. Personalmente, Tocqueville osciló entre la duda y la fe durante casi toda su vida.

Lo que Tocqueville nunca puso en duda fue la importancia de la religión en la defensa de la sociedad libre. Este tema es tratado ampliamente en "Democracia en América" y atrajo la atención de Ratzinger. Cuando fue incorporado a la Academia de Ciencias Morales y Políticas del Instituto de Francia en 1992, el entonces cardenal Ratzinger dijo que el libro de Tocqueville "Democracia en América" siempre lo impresionó.

Describiendo a Tocqueville como "un gran pensador político", Ratzinger insistía en que las sociedades libres no se logran mantener, como decía Tocqueville, sin amplia adherencia a "las convicciones éticas comunes". Ratzinger entonces subrayaba el respeto de Tocqueville por el papel del cristianismo protestante en aportar esas bases fundamentales a Estados Unidos. Y más recientemente, Ratzinger ha expresado su admiración por la manera como se dispusieron las relaciones entre la Iglesia y el Estado en EEUU.

Democracia en América, por Alexis de Tocqueville¿Qué tiene todo esto que ver con Deus caritas est? Que Benedicto XVI verdaderamente toma en serio la advertencia de Tocqueville sobre el despotismo suave. Y por ello escribe en la encíclica: "El Estado que quiere proveerlo todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en una burocracia que no puede asegurar lo más esencial que cualquier ser humano necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de la subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad y el acercamiento hacia quienes necesitan ayuda". (DCE N° 28)

Habiendo vivido bajo el nazismo, Benedicto XVI no necesita ser aleccionado sobre el totalitarismo. Y como seguidor de San Agustín no cree en propuestas de crear el cielo en la tierra. Sus palabras indican su comprensión de la insistencia de Tocqueville en que hasta en las sociedades libres se puede, casi imperceptiblemente, ir dejando que el Estado asuma esas asociaciones autónomas, que según Tocqueville, le dieron a EEUU su dinámico carácter y gobiernos con poderes limitados.

No hay duda del temor del Papa de que el Estado debilite la autonomía de los entes caritativos cristianos, no absorbiendo bruscamente su labor, sino lentamente diluyendo su identidad. La Encíclica le recuerda a los cristianos que "las expresiones específicas de caridad eclesiástica no deben nunca ser confundidas con la actividad del Estado" (DEC N° 36) y la participación de las instituciones caritativas de la Iglesia en activismo político es explícitamente condenado.

Las instituciones caritativas cristianas deben actuar prudentemente cuando contratos con el gobierno requieren su adherencia a regulaciones sobre lo que pueden hacer o decir, concluyendo que tales acuerdos debilitan su habilidad de ser "testigos creíbles de Cristo".

Esto es mucho mejor que transigir respecto a la Verdad y al Amor.

Acton InstituteSamuel Gregg, doctorado en Filosofía de la Universidad de Oxford, es Director de Investigación del Instituto Acton en Grand Rapids, Míchigan, EEUU.

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