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Columna publicada el 08-11-2002
El Partido Popular que gobierna en esta legislatura poco tiene que ver con el de las elecciones de 2000 y mucho menos con el del año 96. El inconexo viaje hacia el centrismo, en el que están embarcados, está provocando un cambio de imagen y de objetivos, que hace del PP actual un proyecto desconocido para muchos de sus votantes.
En la calle Génova han alardeado, en repetidas ocasiones, de cumplir lo que prometían, y no les faltaba razón. En la primera legislatura lo hicieron en todo lo que pudieron, con hipoteca nacionalista incluida. Y en el arranque de esta segunda legislatura empezaron abordando los principales enunciados del Programa electoral. Pero poco a poco se han ido diluyendo; navegando entre la falta de coordinación interna, la desgraciada política informativa del Gobierno, el nombramiento de ministros poco competentes y una larga lista de errores han convertido al Partido Popular en un triste rompecabezas de contradicciones internas. Una situación que, además, se agrava con el inexpugnable dilema de la sucesión.
El Gobierno del Partido Popular ha perdido definitivamente la iniciativa, pero porque está en franca retirada. Los populares han renunciado a muchos de sus objetivos y proyectos, a muchos de sus iniciativas de la primera hora. Ante la posibilidad de perder el poder, ante el peligro de quedarse en minoría han optado, por dejar en el camino lo que ellos consideran un lastre, cuando el inconveniente es otro muy diferente. Entre otras cosas, se olvidan de que los diez millones de españoles que votaron al PP en las últimas elecciones, a estas alturas, no saben a quién votaran en 2004, un interrogante demasiado importante como para no tenerlo en cuenta.
El Gobierno, que se ha presentado en el tramo final de legislatura con una clara caída en las encuestas, en lugar de buscar las soluciones dentro, las ha preferido buscar fuera. Han renunciado a la reforma del desempleo, han renunciado a la política salarial de la Función Pública, han renunciado a una política de medios seria y fiable. Y lo que es peo,r han renunciado al choque, evitando toda polémica. Ejemplos no faltan; ellos mismos se han liado con el homenaje a la bandera, del que ahora mismo desconocemos los planes definitivos; o el ejemplo más reciente de las viviendas para parejas homosexuales de la Guardia Civil. El Gobierno, sencillamente, no habla; simplemente asiente por miedo ante cualquier polémica
A este Gobierno nos lo han cambiado. Aquellos vítores ante las promesas cumplidas de Aznar se han esfumado. Ahora sólo piensan en ganar, y para ello están dispuestos a renunciar a todo. Olvidándose de que, si ganaron en el 96 y en el año 2000, fue por ofrecer una imagen de seriedad. Ahora ya no cumplen lo que prometen. Simplemente se encogen. Y eso es el principio del fin.

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