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Columna publicada el 21-05-2003
Nadie sabía cómo iba a ser, ni se podía predecir cómo Aznar se iba a referir al desastre del “Prestige” en su único mitin electoral celebrado en Galicia. Tampoco se podía valorar con qué grado de acierto el Jefe del Ejecutivo iba a abordar una cuestión pendiente que se había traducido en uno de los momentos más complicados desde su llegada a La Moncloa. Eran demasiadas incógnitas que, al final, fueron planteadas de forma correcta. ¿Cómo? Muy sencillo, cogiendo el toro por los cuernos.
Cuando menos se esperaba, el presidente ha cerrado definitivamente la herida del “Prestige”. Precisamente en la ciudad de Vigo, uno de los lugares más beligerantes y críticos contra la gestión del Ejecutivo central en aquel desastre, Aznar ha dado carpetazo al asunto. “Algunos intentaron manchar de negro Galicia, algunos iniciaron el tobogan de la irresponsabilidad en Galicia”, dijo este martes el presidente, para añadir a renglón seguido: “Es el pasado bien pasado, es un pasado que ya no volverá a Galicia”. Son afirmaciones que nunca se habían escuchado a Aznar en sus tres visitas anteriores a esta Comunidad Autonóma desde el desasatre del “petrolero pirata”.
De esta forma, no prevista inicialmente en el guión pero al mismo tiempo muy inteligente, Aznar ha dado cerrojazo a uno de los momentos menos afortunados de sus dos legislaturas. Ha jugado con el tiempo y, aunque en otras ocasiones el reloj le ha jugado malas pasadas, esta vez le ha dado la razón: el tiempo ha confirmado que la actitud de la oposición entonces fue deplorable, como volvió a serlo en la guerra de Irak y como lo ha vuelto a ser con los atentados de Casablanca. Aznar, que ya reconoció en su momento la falta de reacción inicial de su Gobierno, ha sabido esperar y en el momento preciso ha dejado en evidencia a la oposición por su actitud irresponsable, enterrando finalmente en el pasado lo que ocurrió con el “Prestige”.
Con la intervención de Aznar en Vigo se puede decir que el PP ha cerrado la herida del “Prestige”. El presidente ha dejado las cosas en su sitio, aceptando su parte de responsabilidad, pero al mismo tiempo evidenciando el uso partidista del desastre. Seis meses después, basta con pasearse por las calles de Vigo, lleno de banderas gallegas negras de chapapote y con la leyenda “Nunca mais”; para comprobar cómo el nacionalismo y el socialismo gallego siguen anclados en el pasado, empeñados en permanecer emponzoñados en el chapapote, satisfechos de seguir manchados sin importarles poner en riesgo la estabilidad política y el bienestar ciudadano a cambio de su propio beneficio. Su única preocupación es seguir negros como el betún, pero esa actitud demuestra ineficacia, egoísmo y un grave error estratégico del que las urnas pasaran su factura respectiva.
Aznar ha estado en Galicia sólo una vez en campaña, pero ha aparecido con inteligencia. El chapapote ya es historia y el que no quiera aceptarlo está condenando a Galicia a la noche de la frivolidad. Dice Aznar que Galicia fue el comienzo del “tobogán de irresponsabilidades” de Zapatero. Pero, por lo que hemos visto, puede haber algo más: Galicia y el chapapote se pueden convertir en el principio de una derrota electoral para el secretario general del PSOE. El “Prestige” fue el principio de una cadena de despropósitos de Zapatero que todavía no han terminado y que puede traducirse en un complicado futuro para el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno. Por lo pronto, Aznar ha conseguido lo que quería: cerrar la herida del chapapote.

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