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11-M

El verdadero principio del fin

En vísperas del segundo aniversario de la victoria electoral de Zapatero, las novedades no pueden ser más tristes y lamentables para los socialistas. Dos años después de que el PSOE ganara las elecciones generales seguimos hablando de lo mismo; seguimos hablando de los atentados del 11 de marzo. Hay quién puede pensar que estamos ante fantasmas del pasado. Pero lo cierto es que Rodríguez Zapatero, dos años después, ha sido incapaz de quitarse de encima la única verdad contante y sonante de su mandato: el triunfo electoral que cosechó vino determinado por la tremenda matanza del 11 de marzo y seguimos sin saber quién cometió esos atentados y cual era la verdadera trama que estuvo detrás de los trenes de la muerte.

Dos años después de la victoria electoral –¿quién se lo iba a decir a Rubalcaba, Blanco y compañía?– seguimos hablando de la mochila de Vallecas, de la furgoneta de Alcalá o de las huellas del Skoda Fabia. Dos años después, todo el andamiaje preparado para despistar sobre la autoría de los atentados, sobre el diseño de las matanzas y sobre el motivo de las fechas se ha venido abajo. A día de hoy, la teoría oficial no se mantiene. Nadie la puede sostener. Desde el PSOE, Pepín Blanco ha desaparecido, Pérez Rubalcaba se esconde en la reforma del Estatuto catalán y Zapatero habla de flores, de justicia y de paz como sí estuviera contando un cuento de hadas. El único que ha hablado –y ese es el síntoma más evidente del derrumbe– es el siempre patético López Garrido. El portavoz adjunto del Congreso, al que siempre utilizan en los malos momentos, ha tenido que afrontar la situación muy nervioso; y es que López Garrido no ha sabido como rebatir la información que ha publicado El Mundo este lunes sobre la famosa mochila de Vallecas.

Los socialistas vuelven a las andadas. No les bastó con Filesa, ni tampoco con los GAL. No les valió con los años de la corrupción y del pelotazo. Ahora estamos en la época de las mentiras y de la ocultación de la verdad. Dos años después de ganar las elecciones, seguimos sin saber lo que pasó el 11 de marzo. Pero lo que ya sabemos es que la historia oficial es imposible de mantener. Ya no hay furgoneta, ya no hay Skoda y ya no hay mochila que valgan. ¿En que estamos? Pues en que el Gobierno se ha visto sorprendido, con la misma intensidad con que ocurrió con el terrorismo de Estado o con la financiación ilegal del PSOE.

Ya no hay tiempo para más demoras, ni para más versos de Zapatero, ni para más juegos de palabras de Pepín Blanco. Nos tienen que explicar lo que pasó el 11 de marzo. Y como con toda seguridad no lo van a hacer, que nadie dude que cuando esto salte va a ser el principio del fin para el actual presidente del Gobierno. El de verdad.