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Columna publicada el 27-09-2002
Las propuestas del lendahakari Ibarretxe en el Parlamento de Vitoria, durante el debate de Política general, revisten toda la gravedad de un desafío a la legalidad establecida. Una andanada contra el Estado de Derecho que ciertamente no puede sorprender a nadie. Las amenazas y las advertencias del Gobierno vasco se han venido sucediendo en estos últimos años. El Ejecutivo de Vitoria ha mantenido una clara actitud soberanista y ha ido mostrando simultáneamente constantes cambios de estrategias, en ocasiones contradictorias entre sí, pero siempre con el objetivo de ofrecer amparo y complicidad a Batasuna.
Con el anuncio realizado por el jefe del Gobierno vasco, el PNV ha dado un paso hacia el precipicio. La propuesta de Ibarretxe solemniza los verdaderos objetivos del nacionalismo vasco que se identifican plenamente con los de Batasuna. En este contexto, no podemos olvidar que Batasuna se encuentra en un proceso de ilegalización por su plena complicidad con el terrorismo etarra. Con el anuncio realizado por el lendahakari, el PNV ha vuelto a recordar a todos que están más cerca de los batasunos que de los demócratas y que por lo tanto han mentido repetidamente cuando decían que no existía ya ninguna relación política con Batasuna.
Por su parte, el Gobierno central ha reaccionado con claridad, complementada con cierta prudencia. El vicepresidente Rajoy ha advertido que el Ejecutivo hará cumplir la legalidad con todos los medios a su alcance, una afirmación que encierra todos los posibles resortes legales. Por su parte, el presidente Aznar le ha recordado a Ibarretxe que se ha olvidado de un "matiz": no ha hablado en el Parlamento vasco de cómo luchar contra el terrorismo que provoca que muchos ciudadanos no puedan vivir cada día en libertad en el País Vasco. El presidente del Gobierno ha sido contundente cuando ha afirmado que el nacionalismo vasco está en la otra orilla, en la de los terroristas, al desviar la mirada deliberadamente hacia otro lugar.
Por todo lo visto y escuchado, el Gobierno vasco, más allá de hacer públicas sus intenciones políticas, está buscando la provocación. Ibarretxe, con la torpeza propia del nacionalismo, pretende tender una trampa al Estado; por ello el Ejecutivo central hace bien en moverse con cierta prudencia política a la espera de que el PNV muestre claramente sus cartas en esta nueva afrenta, de una gran aparatosidad en la puesta en escena, pero que tiene una complicada puesta en marcha.
De todas formas, no deja de ser esperpéntica la propuesta de Ibarretxe por lo ridículo de su contenido. Dice ahora que quieren ser como Puerto Rico. Para empezar, habría que recordarle que en Puerto Rico no hay terrorismo y que las autoridades políticas se encargan de que se cumpla la legalidad vigente. Un "pequeño" detalle del que deberían tomar buena nota aquellos que siempre tienen razones y argumentos para encubrir al entorno etarra. Esa es la diferencia: democracia o terrorismo.

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