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Columna publicada el 31-08-2001
En el arte de la política, el fondo es imprescindible, pero la forma es necesaria. El Gobierno del PP comienza un curso político decisivo por muchas cuestiones. Con el Consejo de Ministros de este viernes, el Ejecutivo pone en marcha la maquinaria en una situación bien diferente a la que cualquier analista político podría pensar cuando los populares alcanzaron la mayoría absoluta en marzo de 2000.
El Gobierno este año se la juega. Es la última oportunidad que tiene para remontar el vuelo antes de entrar en la dinámica electoral de los años 2003 y 2004. Tiene ante sí doce meses para trabajar y para gestionar y, sobre todo, para recuperar la frescura perdida. El Gobierno no “vende”, necesita un director de “marketing”.
Si nos creemos lo que dicen, si nos creemos que este Ejecutivo está trabajando mucho y bien, si nos creemos que el programa electoral se cumple a buen ritmo, si nos creemos que está siendo una legislatura decisiva es que algo está fallando. Falla la incapacidad de “vender” mejor la gestión, falla la imposibilidad de “tapar” los errores internos de coordinación, falla la caída estrepitosa de pulso político que padece el Gobierno desde hace meses.
Si el Palacio de la Moncloa fuera una empresa –que no lo es– se encenderían todas las alarmas, se sucederían interminables Consejos de Administración, se removerían las estructuras. Los directivos se preguntarían las razones por las que el trabajo no aflora, la eficacia no llega a los ciudadanos y los medios de comunicación –incluso los próximos– se encuentran sin argumentos para defender una pobre gestión del Gobierno. En definitiva, se reclamaría como medida urgente e inmediata, el nombramiento de un nuevo director de “marketing” que transformara el mensaje, que renovara la imagen y que diera un impulso para que se transmita optimismo e ilusión.
El Gobierno no “vende”. Sus ministros no saben “vender”. Es más, ofrecen una imagen, en ocasiones, de inestabilidad y de ahogo. Ante los problemas sólo responden con nervios y agarrotamiento.
Comienza un curso político que se presenta como el momento central de la legislatura. Una vez pasado este año, si el ejecutivo no reacciona, si es incapaz de recuperar el ritmo, el final de la legislatura se convertirá en una cuesta difícil y costosa, algo increíble para un Partido en el poder con mayoría absoluta.
El Gobierno necesita una nueva imagen. Y es Aznar, su presidente, el primer encargado de que ese cambio se produzca. Despejar balones no sirve. No es el PSOE, tampoco son los medios de comunicación los culpables de esta poca “venta” de la actividad del Gobierno. Quizá, el problema hay que solucionarlo desde dentro. Quizá –¡por una vez y sin que sirva de precedente!– las razones hay que buscarlas en el Gobierno y no en los demás. Y es que los ciudadanos quieren comprar, pero el Ejecutivo deberá presentar mejor su mercancía.

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