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Columna publicada el 01-10-2004
Alberto Ruiz Gallardón ha tenido una nueva oportunidad y la ha vuelto a desaprovechar. Incorregible, el Alcalde de Madrid ha vuelto a sacar los pies del tiesto. Desde luego son muy llamativas algunas de las cosas que ha dicho en su intervención ante el Congreso del Partido Popular, pero lo peor ha vuelto a ser su incapacidad de ser disciplinado en su propia organización. Y es que Gallardón no supera su gran defecto político: llamar la atención por encima de todo.
A Alberto Ruiz Gallardón, de quien nadie duda sobre su capacidad de gestión, siempre le pueden al final la imprudencia y ese deseo de ser diferente a los demás. Lo estropea todo. Echa a perder todo el camino recorrido tan sólo en un minuto. El Alcalde de Madrid se ha equivocado –como tantas otras veces– en su discurso de este viernes al buscar ese punto que le distancia intencionadamente del electorado natural del Partido Popular. Gallardón, además, se ha querido arrogar el protagonismo de la autocrítica, cuando todo el mundo conoce su nula afición por reconocer sus propios defectos. Es muy fácil hablar de errores en general, omitiendo y evitando los propios errores.
Además, ha vuelto a sucumbir ante su propia ambición abriendo el Congreso con un discurso político, en el que veladamente ha reivindicado su papel de líder nacional. Sin discutir el actual liderazgo de Rajoy, el Alcalde madrileño siempre deja la puerta abierta a la duda sobre su futuro. "No molesto –viene a decir– pero tampoco me retiro". "No discuto –explica en voz baja– pero ahí sigo".
Gallardón, que dice con la boca pequeña que quiere trabajar en equipo, se ha mostrado en estado puro ante los suyos. Y sigue siendo el mismo. Ambicioso, osado y a su aire. Es incorregible y algo más.

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