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Columna publicada el 12-11-2003
El Partido Popular ha buscado, este martes, la fotografía de familia que necesitaban para cerrar apresuradamente la conocida ya como "crisis Gallardón". Es verdad que en política una imagen vale más que mil palabras, pero en este caso no era cuestión de palabras, era una cuestión de obligación: una foto en la que aparecieran todas las partes del conflicto, contentos y alegres, intentando demostrar a los cuatro vientos que las disputas están olvidadas. Allí han estado todos los afectados: Mariano Rajoy y Alberto Ruiz Gallardón, Rodrigo Rato y Javier Arenas, y tampoco ha faltado Ana Botella. En fin, todos los protagonistas de la primera crisis de la "etapa Rajoy" fumando la "pipa de la paz" en torno a una mesa del Hotel Palace.
Aprovechando la conferencia programática de Mariano Rajoy sobre la política económica, que piensa poner en marcha en caso de ganar las elecciones generales, el Partido Popular ha intentado demostrar que todo está olvidado. Todos sonrientes, todos distendidos. "Sí te he visto no me acuerdo". Incluso el secretario general de los populares, Mariano Rajoy, ha intentado cerrar la historia diciendo que "Gallardón ha actuado con una gran sensibilidad hacia los madrileños y que su rectificación no se debe a ninguna presión interna". Con este capote, el nuevo líder del PP ha intentado enviar un mensaje a los suyos, a los pesos pesados y también a los militantes. "Crisis cerrada y crisis olvidada", les ha querido transmitir después de este primer envite, en el que Rajoy ha parado momentáneamente el golpe.
Esos son los deseos, aunque ciertamente la "crisis Gallardón" no se puede dar como cerrada, desde el momento en que el alcalde de Madrid ha rectificado en una de sus propuestas; pero no ha rectificado en su ambición, en su deslealtad hacia el partido y en su afán desmedido de protagonismo. Gallardón ha cedido en una pequeña propuesta, pero no ha cedido en su talante de entender la política. Toda apariencia de entrar en el camino de la normalidad por parte del edil madrileño es un puro espejismo. Gallardón ha recogido velas, pero sólo momentáneamente. Rajoy no puede quedarse tranquilo, cuando menos lo espere saldrá de nuevo el alcalde de Madrid, con nuevas trampas y nuevas artimañas que le separen y le diferencien del resto del partido. Lo hizo en la época de Aznar y lo hará ahora con Rajoy.
Los populares han firmado la paz en el Palace, es una paz basada en el sentido común y político por tener unas elecciones a la vuelta de la esquina. Una paz posiblemente sincera para todos, excepto para uno: para Ruiz Gallardón. Cuando menos lo esperen, aparecerá detrás de una esquina con nuevos desmarques. Siempre ha sido su estilo y ahora no va a cambiar. Esperemos que ya no queden ingenuos en la calle Génova creyéndose que "Alberto está vez sí va ser bueno". Con Gallardón siempre hay otra vez, y la siguiente siempre es peor que la anterior.

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