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La quiebra del Estado

Esto no ha hecho más que empezar. La irresponsabilidad de Rodríguez Zapatero a la hora de afrontar el modelo nacional comienza a dejar huellas y marcas en su trayectoria como presidente del Gobierno. Zapatero nos ha metido a todos en un camino de complicado retorno y de imposible justificación. No podemos olvidar la permanente hipoteca política y real que tiene el Gobierno central de los independentistas catalanes. Esa es la clave. Los ejecutivos socialistas de Madrid y de Barcelona dependen de los caprichos, de las excentricidades, de las barbaridades y de las ocurrencias de Esquerra Republicana.
 
Con ese trasfondo unido a la debilidad política de Zapatero aparece en escena el verdadero talante de obediencia del actual Ejecutivo. A estas alturas, todo indica que el propio presidente del Gobierno se ha pasado de talante. Tanta cesión, tanta blandura provocan lo que están provocando. Zapatero ha conseguido convertir en una subasta pública la reforma de los Estatutos y de la Constitución. Estamos inmersos en la permanente pregunta: ¿Quién da más?
 
El presidente del Ejecutivo ha entrado en tal dinámica de desbarre, que incluso sus propios barones autonómicos han puesto el grito en el cielo. Ante los intereses "egoístas" de Maragall –en la propuesta de financiación autonómica- desde Andalucía, Asturias o Castilla-La Mancha no ven viable esta aventura. Incluso el vicepresidente Solbes ha advertido al Gobierno Catalán que se deje de historias. Y es que las "baronías" socialistas saben que Zapatero tendrá que terminar obedeciendo a los "dueños catalanes".
 
Con este panorama, los socialistas se vuelven a encontrar de bruces con aquella inútil cumbre de Santillana del Mar, donde escenificaron un acuerdo inexistente para tranquilizar a Maragall. Un acuerdo sobre el modelo de España que nada tiene que ver con la situación actual. Aquella monserga era cuando el PSOE estaba todavía en la oposición. Ahora las cosas han cambiado y Zapatero está en la Moncloa. Antes podía permitirse el lujo de hacer tonterías, ahora esas tonterías se traduce en jugar con el dinero de todos. Y eso, señor Zapatero, son palabras mayores. El presidente del Gobierno no puede aceptar una propuesta que significaría la quiebra del Estado de cuajo.