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Columna publicada el 28-10-2003
El día después de las elecciones madrileñas, además del triunfo claro y evidente de Esperanza Aguirre, nos queda una idea clara: Rodríguez Zapatero no sabe perder. El secretario general del PSOE sale del 26 de octubre con una derrota a sus espaldas y con la constatación de que tiene un llamativo "mal perder". Los malos resultados de los socialistas son los malos resultados de Zapatero que en su momento unió su futuro personal al de Simancas y que dijo con absoluta nitidez que "Madrid es la puerta de La Moncloa". Fue el propio Zapatero quién convirtió las elecciones madrileñas en sus propias primarias, y por lo tanto ha sido víctima de su torpe estrategia.
El día después, Zapatero consciente de que los resultados de Madrid le afectan más de lo que quisiera, se ha lanzado a la dinámica de la crítica y de la rebelión institucional. Agarrotado por su enfado y por su impotencia, el líder socialista ha coleccionado una larga lista de insultos. Recuperando fielmente las maneras "felipistas", pone en duda la victoria del Partido Popular por sus "malas artes". Es lo de siempre, ellos los socialistas dan y quitan el carné de demócratas a unos y a otros. Primero dicen que hay que votar al PSOE para que la democracia triunfe, luego añaden que en condiciones democráticas Simancas es mejor que Aguirre para terminar acusando al Partido Popular de utilizar políticamente la noche electoral. En fin, lo de siempre: si ganan, nadie duda de la legitimidad; pero si pierden, ya se encargan de encender el ventilador con la máxima velocidad posible.
La derrota del PSOE en Madrid es una derrota importante, y aunque quieran tapar el varapalo con ataques al adversario, el secretario general del PSOE deberá ahora reflexionar en serio. Zapatero está en el tobogán, cuesta abajo y sin frenos. Si sigue con la pancarta en una mano, con la compañía estratégica de Llamazares, incapaz de poner orden interno en su partido, jugando a no se sabe qué en el País Vasco, muy lejos de las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos y con una oposición zafia y torpe, nadie puede tener dudas del futuro del líder socialista. Sí Zapatero sigue así, marcará de forma inexorable su final político. El Partido Socialista se engañaría, y engañaría a sus votantes y militantes, si no toma medidas después de Madrid. Los socialistas están muy lejos de la realidad social de España, y no pueden seguir así. Pero ellos se empeñan en atacar al PP, en poner en duda su victoria electoral, y en cuestionar la legitimidad de su mayoría parlamentaria. Este empecinamiento político es incomprensible en lo político e inexplicable en lo estratégico; pero especialmente es una demostración inconfundible de las "malas artes" de Zapatero. No sabe perder, y eso en política, –¡lo siento!–, es la primera lección.

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