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Las dos polémicas provocadas por Piqué estos últimos meses en el Partido Popular son algo más que dos faltas graves de lealtad de un dirigente político con su propio partido. No estamos ante un encontronazo personal ni disciplinario; estamos ante una situación de crisis entre los populares catalanes que está llevando a la descomposición interna de su formación política en Cataluña.
La actitud de Josep Piqué está diluyendo el mensaje político del Partido Popular en Cataluña. La ambigüedad, el miedo, los complejos y la indefinición de la dirección regional ha dejado la puerta abierta a la estampida, a la reyerta interna y al ajuste de cuentas. Piqué, por encima de todo, ha conseguido algo difícil: desaparecer en Cataluña y no contar en el resto de España. Algo complicado pero que está alcanzando día a día.
Dicen desde la dirección del PP catalán que su situación es difícil y complicada y que tienen que modular su posición en Cataluña para buscar nuevos votos. ¿Qué habría hecho el Partido Popular en el País Vasco si hubieran aplicado la doctrina Piqué? ¿Qué habría ocurrido si los populares se hubieran dejado confundir en el paisaje político vasco contaminado desde el nacionalismo y desde todo el entorno de ETA? Si esa "teoría" de los populares catalanes se hubiera aplicado en el País Vasco, el PP ya no tendría representación parlamentaria en Vitoria.
Es cierto que Josep Piqué, como responsable de los populares en Cataluña, tiene un margen para la estrategia política en su comunidad autónoma. Pero esa capacidad de decisión no puede llevar a un partido a perder sus señas de identidad; esa estrategia de la blandura es la puerta de la desaparición real del panorama político. Camuflarse en una posición aguada, además de cobarde, es un error que van a pagar en las urnas. Josep Piqué y todo su equipo está edulcorando intencionadamente el mensaje del PP en Cataluña para los paladares nacionalistas, consiguiendo hacer desaparecer a un partido que se había convertido en un referente para todos aquellos catalanes que no querían caer en las redes del separatismo. Con complejos y con componendas el PP está llamado a desaparecer.
Este miércoles hemos asistido a dos nuevos "encontronazos". Primero un concejal ha pedido la dimisión de Acebes y de Zaplana. Luego ha salido el número dos de Piqué, un tal Vendrell, diciendo que Rajoy no ha estado afortunado al hablar de la situación del castellano en Cataluña. Ambos son problemas importantes por sí mismos pero, sobre todo, son la muestra de una grave situación interna que no se solucionó con el amago de dimisión.
Con este panorama, en la calle Génova no se puede dar por cerrada la crisis Piqué. Este conflicto es de largo recorrido y sólo tiene un arreglo: el cambio en el liderazgo del PP en Cataluña. Alargar esta agonía sólo conseguirá agravarla.

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