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Columna publicada el 14-05-2003
¡Qué bochorno! Lo que ha tenido que aguantar el presidente Aznar en el mitin que el Partido Popular celebraba en Oviedo este martes es el resultado de un larga y penosa estrategia del Partido Socialista y de Izquierda Unida. Es la primera cosecha que recogen Zapatero y Llamazares de su estrategia para azuzar la calle. Lo ocurrido en Oviedo es un ejemplo de que muchos han aprendido a la perfección la primera lección de Zapatero y Llamazares: la falta de respeto al adversario político y la intolerancia con aquellos que piensan de otra manera. El "reventón" que unos veinte jóvenes, radicales en sus formas, han organizado durante un acto público del presidente del Gobierno en la capital del Principado de Asturias es un eslabón de una cadena que hace tiempo han comenzado ha engarzar el PSOE e IU. Los hechos han sido tan bochornosos como previsibles. Durante semanas, directa o indirectamente, Rodríguez Zapatero y Llamazares han calentado la calle, han animado al insulto, han permitido la pedrada y han visto bien la pancarta como únicos caminos para fabricar una alternativa política. Al final, pasa lo que pasa y recogen estos frutos. Y lo que es más preocupante es que lo que hemos visto y vivido es sólo una parte de lo que realmente puede pasar.
De forma paulatina estamos viviendo un retroceso en la armonía de la convivencia democrática cotidiana. Estamos inmersos en una vuelta al pasado, recuperando formas y modos que estaban claramente superados. De pronto, de la noche a la mañana, hemos vuelto a la protesta y a la confrontación callejera como la forma "más eficaz" para decir lo que uno piensa. Gracias a las "artimañas políticas" de Zapatero y Llamazares, el insulto parece el mejor método para rebatir los argumentos de los contrarios; la pedrada es la única forma de la libertad de expresión y la pancarta es el idioma escogido para afrontar los problemas. Zapatero y Llamazares han incendiado la calle de forma irresponsable y ahora se les ha ido de la mano la situación. En su momento, pensaron que esta estrategia era un atajo para desgastar al Gobierno y lo que ha ocurrido es que han resucitado viejos fantasmas. Además, han reclutado a un auténtico ejercito de marginados y vagabundos que, encantados de "arremeter contra el sistema", son capaces de cualquier cosa.
Parece que no se quieren enterar de que el último suceso de Oviedo, con el intento de "cargarse" un acto público del presidente del Gobierno, va en contra de las mismas raíces de la democracia. Desde luego, lo ocurrido no se ha diseñado en los despachos de Zapatero y Llamazares, pero lo que ha pasado es mucho peor. La patética y partidista actitud contra el Gobierno de que han hecho gala durante la guerra de Irak, su rastrera forma de hacer oposición y sus irresponsables maneras de incendiar la calle han creado el ambiente para que sea normal intentar "reventar" acto políticos como el del Partido Popular en Oviedo. Que triste lección. Que lastimosa historia. Que preocupante reacción. Zapatero y Llamazares están despertando los instintos más bajos de la política. Los veinte energúmenos de Oviedo son sus cachorros: los verdaderos alumnos aventajados de la estrategia de Zapatero y Llamazares. Además, han aprendido con evidente rapidez.

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